Compensación, en pos de la igualdad

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Justicia e Igualdad, Imagen Pixabay
Justicia e Igualdad, Imagen Pixabay

Solamente los privilegiados alcanzan la cima en helicóptero. La mayoría subimos lentamente, rodeando la montaña varias veces, hasta ceder el paso a quienes nos siguen.

A finales del 2018, en el corazón de la Era por la Igualdad, celebramos cada peldaño subido, como un logro común de la sociedad. Así, hace poco, con nuestras leyes actuales y asumiendo el coste, se ha votado por devolver los restos, del que fue dictador de nuestro país, a un lugar menos sobresaliente y de reconocimiento a su figura: un peldaño más.

Con esos mismos ojos de Igualdad y Justicia del 2018 debemos mirar lo que se llamó Servicio Militar Obligatorio.

Hasta hace 20 años, jóvenes de nuestro país, fueron obligados a paralizar su actividad y marchar lejos de su ciudad y familia, por 12, 18 y hasta 24 meses. ¿Se imaginan que, hoy día, a su hija o hijo, lo llamen por ley, dejando su hogar, sus novios o novias, para servir gratuitamente al Estado, por un año o más? Sería, sin duda, una aberración legal que ninguno consentiríamos. Los jóvenes se rebelarían, y los mayores los apoyaríamos con todas nuestras fuerzas.

¿Y qué se ha hecho por estos españoles que vieron interrumpidas sus vidas? En la metafórica montaña de la Igualdad que subimos, habría pancartas exigiendo un reconocimiento hacia ellos por parte del Estado.

Es imposible cuantificar el daño moral sufrido, las relaciones o trabajos perdidos. Sólo nos es posible cuantificar el tiempo que perdieron. Ese tiempo, robado de sus vidas, sería justo compensarlo de alguna manera: al menos, como tiempo de trabajo a efectos de cotización, pues, realmente, fue un trabajo, ínfimamente remunerado, al servicio del Estado.

Para algunos, parecerá simbólico este reconocimiento. Para muchos, en cambio, hará subir, en 1 ó 2 años, su base de cotización, al solicitar su pensión: una forma justa de revalorizar un poquito las pensiones.

Pongamos el caso “sangrante” de quien, hoy mismo, con 65 años y medio, vaya a solicitar su pensión. Imaginen que esa persona sólo ha cotizado 14 años: no tendría derecho a pensión contributiva. Imaginen, además, que sirvió, como se decía antes, 2 años en el Sáhara, provincia española hasta 1976. ¿No les parecería tremendamente injusto que esa persona se viera privada de su pensión cuando, a la vez, fue privada de trabajar durante 2 años?

Un pasito más a escalar…

De manera semejante, les ocurre a todos aquellos que trabajan en los distintos Cuerpos y Funcionariados del Estado y Administraciones Públicas que, cada 3 años, tienen derecho a percibir un trienio por antigüedad. A casi ninguno se les tiene en cuenta esos años “de servicio”. En cambio, si se les reconociera, muchos ganarían, a efectos de cotización, 2 años, ¡casi un trienio más!

Y, por supuesto, habrá quien diga que no deberían tener ninguna compensación, pues eran las leyes de entonces. A esos, yo les diría que también el dictador se enterró con las leyes de entonces. Y, si , en ese caso, hemos sido capaces de reconsiderar y obrar en justicia, conforme a la visión del 2018, más justo aún sería reconocer el tiempo de cada persona española que trabajó gratis, y de forma obligada, para el Estado.

Compensar, en pos de Justicia. Compensar, en pos de Igualdad.

No cometamos el mismo error del que ironizó el burro de “Rebelión en la granja”, la novela de Orwell. Parafraseándolo, el primer principio de la Igualdad actual quedaría, más o menos, así: 

TODOS LOS HUMANOS SON IGUALES,  pero algunos son más iguales que otros. 

No es eso lo que queremos.