Voluntarios: Los elfos cobran vida para que ningún niño se quede sin juguetes

0
Elfos y calcetines Sur

Fermín Cabanillas

Desde hace dos años unos “elfos” trabajan para que ningún niño, por mala que sea su situación social, se quede sin juguetes cuando pasan los Reyes Magos, con una mezcla de magia y solidaridad perfectamente aplicada.

Se trata de una idea llamada ‘Elfos y calcetines Sur’, que cuenta con unos 270 voluntarios en Sevilla y que extiende su iniciativa allá donde es demandada, para culminar su labor la misma noche del 5 de enero, siempre velando para que no haya ningún niño que, cuando se levante la mañana del Día de Reyes, vea que no hay regalo alguno esperándole bajo su árbol de Navidad.

La base de la idea es sumamente sencilla, como explica a Efe Carlos Emperador, que junto a su padre, Rafael, coordinan todo lo que se hace para que a sus niños no les falten los regalos, y siempre con la idea de que los Magos de Oriente no se olviden absolutamente de ningún niño.

Desde la delegación andaluza de una iniciativa que ya reúne a mas de 3.500 voluntarios en toda España, se resume que “no queremos que haya niños sin regalo de Reyes Magos, por lo que trabajamos para llevar ilusión un día tan especial como el 6 de enero”.

La idea a nivel nacional nació en Galicia en 2012, y llegó a Andalucía, de forma autónoma, en 2015, y el propio nombre habla a las claras de su trabajo, porque un calcetín es “un niño que vive en una familia en riesgo de exclusión social, por lo que por su casa no pasarán ni Papá Noel ni los Reyes Magos, pero para eso estamos los elfos”.

Ahí viene la segunda definición, porque un elfo es “cualquiera que quiera encargarse de que un calcetín tenga el regalo que los Reyes tenían pensado para él, comprándolo y enviándolo de su parte”, con lo que “la carta del calcetín te llegará a ti en vez de a los Reyes”, lo que los propios organizadores definen como “magia”.

La forma de trabajar de estos duendes, aunque los elfos, por definición, no son duendes realmente, es tan sencilla como compleja: mediante su magia concreta se hacen con las cartas que los niños escriben, y las hacen llegar a sus colaboradores, con la condición de que cada elfo tiene que elegir un solo regalo de la carta, con un precio máximo de 30 euros.

El elfo se compromete a comprarlo, envolverlo y llevarlo a lo que se denomina ‘Punto Elfo’, un lugar en el que, mediante un código que garantiza la privacidad del niño, se gestiona que los Emperador terminen de aplicar su magia, para que el regalo aparezca en la casa del niño cuando abra los ojos la mañana del 6 de enero.

Como en todas las campañas que se organizan cuando llegan las fiestas navideñas, las colaboraciones aumentan cuando va llegando el frío, de forma que el trabajo de los elfos es intenso al caer las primeras hojas de los árboles que anuncian el otoño, momento en que hay que empezar a trabajar intensamente, ya que este año las cartas a los elfos se terminaron de enviar el pasado 26 de noviembre.

En ese momento, lo que entra en juego es la confianza ciega de los elfos jefes en los elfos colaboradores, y la magia se completa cuando los regalos comienzan a llegar a los puntos de transferencia, siempre con el cronómetro en la mano, ya que el reparto, este año, se ha terminado con las primeras cabalgatas en la calle, las que ayer salieron antes que ningunas para evitar la lluvia que se avecinaba.

De esta forma, el mensaje de padre e hijo parece claro para el año que viene: los 270 elfos deben ser más o menos el doble, con la idea de llevar la iniciativa a nuevas provincias andaluzas y lograr, con más y nuevos elfos, que ningún niño se pregunte el 6 de enero por qué los Magos de Oriente no pasaron por su casa.