Barcelona o el renacer de una ciudad humanista

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“No tinc por”

La ciudad de Barcelona no tiene miedo

Esta tarde la ciudadanía catalana se ha manifestado en Barcelona en un acto de rechazo a los atentados del 17 agosto.

En la cabecera de la manifestación estaban los representantes de los cuerpos de seguridad, servicios de emergencias, comerciantes y vecinos que prestaron ayuda, familiares los afectados, y entidades vecinales y ciudadanas

En segunda línea aparecían Felipe VI, Mariano Rajoy y su ejecutivo, representantes institucionales de Catalunya y Barcelona, y líderes políticos, patronales y sindicales.

La manifestación ha discurrido tranquilamente y con gran actitud solidaria entre las personas, si bien cabe destacar el reiterado  abucheo a Mariano Rajoy y a Felipe VI con el lema “vuestras políticas, nuestras muertes”  y algún que otro altercado de “banderas” entre independentistas y españolistas. Dominaban las pancartas por la paz, contra la Islamofobia, el terrorismo y la violencia, y sobre todo el lema “no tinc por” coreado todo el rato en uno y otro tramo  de la manifestación. El momento de silencio del “Cant dels Ocells” ha sido realmente conmovedor.

Hasta aquí los hechos más significativos de la tarde, poner carga en el relato para reforzar un punto de vista u otro, es tarea de  los profesionales de los medios de información hegemónicos según  el cliché político al que adhieran.

Mi interés en este artículo,  es resaltar la conmoción que siento, como ciudadano de a pie, al ir percibiendo  en estos días de duelo la respuesta que ha ido generando la sociedad civil, diez días de culto improvisado a lo largo del tramo afectado en la Rambla; respuesta lúcida y con  corazón, de que va más allá, pienso,  de si ha habido intereses mediáticos por unos o por otros bandos  políticos o ideológicos.

Me ha sorprendido  la espontaneidad de la respuesta de los barceloneses desde el primer minuto de los atentados, su modo de organizarse, los bancos de solidaridad que surgieron Y me ha conmovido como en el transcurrir de los días la sociedad civil, pese a estar espantada y dañada de corazón por los terribles sucesos, no se ha quedado adherida  a ese brutal ataque local, a los odios, y resentimientos  que pudiera surgir de  ese estado de shock, sino que ha positivado la tragedia y le ha dado un claro enmarque global: por la paz, la solidaridad y la integración mundial.

Ha sido todo una lección humanista.

Barcelona, como otras tantas ciudades del mundo,  desde hace décadas ha sido lugar de acogida de personas originaria de múltiples etnias. Y en su vida social coexisten cada vez más diferentes confesiones religiosas y culturales

No tinc por” ha sido el lema de esta tarde, y se convertía en un mantra poderoso que iba calando en las mentes de la ciudadanía y que denuncia la doble moral de Occidente, apelando  a la paz, la no violencia y la solidaridad de los pueblos.

Y lanza el grito abierto al mundo, a todas las ciudades del mundo, porque en todas las  ciudades del planeta están sucediendo procesos similares, desde el punto de vista demográfico, político, socioeconómico y cultural.

El Occidente colonial, se reinventa de nuevo  en la ideología neoliberal y extorsiona no solo fuera de su propio país, sino también dentro, y todos estamos sufriendo las consecuencias: el enriquecimiento de unos pocos y empobrecimiento de una mayoría, el miedo y la exclusión social

Y aquí, es dónde la ciudad de Barcelona reacciona con claridad y  clama sin miedo  “VUESTRAS GUERRAS SON NUESTROS MUERTOS”

Hasta cuando los ciudadanos daremos legitimidad a estos  estados autos denominados democráticos,  y que reiteradamente den la espalda a nuestros problemas reales?

Hoy en Barcelona hemos conseguido que representantes del estado, líderes políticos,  e instituciones estén en la segunda fila, y que los representantes de lo que vendría a ser la sociedad “real” en la primera. Y digo sociedad “real” por qué es verdaderamente la sociedad viva, la que interactúa, la que crea valores sociales y culturales válidos para los intereses generales.

A la vista las alabanzas y simpatías hacia los cuerpos de seguridad y servicios de emergencia y los abucheos y silbidos a esos lejanos representantes institucionales.

Esperemos que ante esta tragedia local y mundial, la  actitud reconciliadora de los ciudadanos de Barcelona, y la solidaridad global que estamos recibiendo de todas partes,  ayude para dar un paso más hacia una democracia real en el mundo, una democracia cercana a las personas, a esta sociedad civil que somos, y  poder proyectar el mundo que queremos dejar a nuestros hijos.