Capítulo 4. Amanecerá de nuevo

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Absenta es un pub pequeño pero apacible y grupos de personas en las mesas charlan amigablemente. Porfirio y yo nos pegamos a la barra y saludamos a Lucía y Javi, este pide cuatro Absentas. El camarero comienza a servirlas quemando los terrones de azúcar.
–¿Me dijiste que nunca la habías probado? –me pregunta Porfirio.
–Así es.
–Te va a gustar.
–¿Cómo lo sabes?
–Me lo imagino. Pero ten cuidado, hay que tomarla en pequeñas dosis.
Lucía y Javi están a mi lado besándose y cuando nos sirven las copas, Porfirio me pasa una. Pruebo un sorbo y me gusta su sabor anisado.
–Tenías razón, me encanta.
–Hay tres tipos, negra, roja y esta “Hada verde”. ¿Me perdonas un momento? –y sonríe a una mujer esbelta con el pelo azul que está en los escalones de la entrada. Se dirige a saludarla, le dice algo, ella asiente y le da un beso cerca de los labios. Javi y Lucía están discutiendo.
–¿No vas a probarla? –pregunta él.
–Te he dicho que no, y no voy a cambiar de opinión –dice Lucía.
–Solo te notarás diferente…
Porfirio y la mujer están conversando con las caras muy cerca, esta vez no puede ser su hija. Me muero de celos.
–Otra, por favor –le digo al camarero mientras retira la de Lucía.
Me sirve la segunda Absenta, me la tomo del tirón, Porfirio no vuelve y la pareja no deja de hacerse arrumacos. Me noto mareada, todo comienza a darme vueltas y me entran ganas de vomitar. Me voy al aseo agarrándome a la pared para no caerme, noto el estómago como si fuera una centrifugadora. Me dan arcadas y el suelo no para de moverse. Oigo un zumbido y de fondo sonido de olas, me vibra el cuerpo. Escucho a Porfirio que me llama al otro lado de la puerta.
–¿Estás bien?
–Estoy mareada.
–Vomita, te habrá sentado mal la Absenta.
–No puedo…
–¿Quieres que te ayude?
Le abro la puerta.
–Sí, por favor.
Mete dos dedos en mi boca y vomito más de lo que he bebido.
–Ya me siento mejor, gracias –me enjuago la boca.
–Te llevaré a dar una vuelta, a que tomes aire puro –me dice cogiéndome de la mano. Al final del pasillo, mete una tarjeta en una ranura que hay en la pared, se abren dos correderas automáticas y desciende una escalinata de metal. Estoy aterrada, Porfirio sube un par de escalones tirando de mí, subimos la escalera. Un resplandor nubla mi vista y entramos en una cabina que parece de cristal y nos transporta a través de un túnel, al final veo una luz verde. Me abraza y cierro los ojos. Me pide que mire alrededor. Abro los párpados. El cilindro de cristal se desplaza levitando a unos centímetros del suelo. Alrededor todo me parece deslumbrante, edificios forrados de espejos, unidos por numerosos puentes de los que caen enredaderas cuajadas de flores en tonos muy vivos, y encima un cielo esmeralda muy radiante. El suelo, como cristal, cubre un mar tranquilo o un lago, hay aves de llamativos colores, y árboles frondosos. Vuelan artefactos cilíndricos como el nuestro y senderos serpentean como ríos formando fuentes y cascadas. Hay personas que caminan despacio y otros van a velocidad de vértigo por el aire. Las calles circundan una gran plaza cuyo centro es una pirámide del mismo verde del cielo y tiene en su interior una llama. En el suelo, las flores asemejan una alfombra oriental. –Bienvenida a Absenta –me susurra.
–¡Es maravilloso! ¿No estoy soñando?
–Estamos en la capital de Absenta, Ciudad de la Paz, un planeta de recreo. Aquí abandonamos las funciones para cargar las pilas, hay quien la llama el Sueño Eterno, el que llega aquí ya no desea vivir en otra parte, salvo aquellos que creen en el Paraíso.
–¿Y tú crees en el Paraíso?
Porfirio niega con la cabeza.
–Creo en el hombre, que puede perpetuarse conservando la memoria de lo que es.
–¿Esas personas son humanos?
–Algunos sí, otros son absantes.
–¿Qué son absantes?
–Una generación que evolucionó en la Tierra de una especie de anfibios hace cientos de millones de años, son ranoides, aunque comparten genes con el homo sapiens. Son muy pacíficos, aborrecen la violencia.
–¿Libertad es absante? –Porfirio asiente– ¡Cómo es posible! No puedo creerlo… ¿Pero tú eres de la Tierra como yo?
–Pero aquí descanso, tengo mi hogar.
–¿Tú eres humano, no?
Porfirio me toca la punta de la nariz.
–Tengo mucho que contarte. La información que te voy a dar puede ponerte en peligro; tienes que ser muy discreta, o te complicará la vida.
–No te entiendo, puedes explicarme un poco, estoy muy perdida…
–Hay una facción que pretende dominar el mundo con malas artes, y si se dan cuenta de que eres mi amiga, te complicarán la vida. Por otro lado, a tu mente le costará aceptar que este mundo existe.
–Porfirio me vas a volver loca…
Me mira pensativo y niega con la cabeza y señala uno de los edificios de espejos.
–Mi casa… Aunque, en realidad, donde vivo la mayor parte de lo que llamas “tiempo” lo paso en otros lugares.
–¿Aquí llamáis al “tiempo” de otra forma?
–Lo llamamos eventos, lo graduamos por sucesos, por lugares, por épocas de cada mundo, un poco complicado, pero vivimos en un eterno presente y te desplazas al momento que quieres. Vivimos en lo que llamáis la quinta dimensión.
–O sea, ¿podéis viajar al pasado?
–Pero tiene sus riesgos, no te creas, te puedes quedar enganchado. Algunos se quedan en un tiempo y no vuelven.
–¿Y a ti nunca te pasó?
–A mí, no.
Porfirio se ríe, me coge de las manos como si fuese a enseñarme a caminar. El transbordador se detiene sobre el mar. Descendemos. A mis pies siento un balanceo como si estuviera pisando gelatina, me agacho para tocar el agua.
–Ven siéntate a tomar el sol, es una energía muy pura, y quítate los zapatos. Este es el mar de la Serenidad, aunque parece un lago por su escaso oleaje.
Tengo la sensación de sentarme en una cama elástica, me descalzo y doy unas patadas sobre la superficie y mis pies rebotan. Acaricio la superficie y es muy suave.
–¡Qué gustazo! Estamos en el Sistema Solar, ¿no?
–No, pero nuestra estrella es similar; su luz al entrar en contacto con la atmósfera refleja los verdes, por eso vemos el cielo y el mar verdosos.
–Si no fuera por el color y la textura parecería que estamos en la Tierra… ¿Hay peces?
–Es demasiado denso. La Tierra y Absenta, aunque cada una tiene sus peculiaridades, son hermanas. La principal diferencia es que aquí hemos alcanzado niveles altos de empatía con la naturaleza y los demás seres que pueblan el multiuniverso.
Porfirio se tumba extendiendo los brazos y acaricia la superficie gelatinosa.
–Quiero contarte un secreto que nos preocupa del futuro de la Tierra.
–¿De qué se trata? Me estás asustando…
–Se está organizando algo muy grave para la humanidad, pero tranquila, podrán ocultar el sol pero volverá a amanecer de nuevo, confía en mí.

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Nací en Málaga el 27 de enero de 1965, tengo tres hijos y trabajo como profesora de Religión en el colegio Novaschool Añoreta en rincón de la Victoria, Málaga. Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Religiosas. Participo en el periódico Paréntesis y ahora en el periódico digital Malagaldía. Algunos de mis relatos y microrrelatos se han publicado en libros como Las vueltas del aire, Déjame que te cuente, Un grieta en la jaula, La costa quedó atrás, Memoria de la pasada tormenta, Fuego interior, Estampados, cuentos de la crisis y Relatos Voltea, entre otros. Soy autora del libro de microrrelatos La Margarita Dijo Sí y La Vida Es Rosa. Actualmente estoy publicando por capítulos la novela Diario de una mujer cansada en distintos medios vía internet, y participo en el próximo libro de microrrelatos “Desahuciados” que publicará editorial Traspiés. Creo en Dios y en la bondad del ser humano.