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Cuento de Navidad

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29-11-2019 Encendido de las luces de Navidad en Málaga . 29/11/19 POLITICA Álex Zea - Europa Press

                                                                                 “Tú gritas y te escucha todo el mundo

yo lloro y nadie sabe de mi llanto

María Asunción Cascón Sánchez

(Béjar 1914 – Benalmádena 1978)

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El nacimiento de Jesús es cosa reciente, mucho antes nació homo sapiens al que el Génesis coloca en el Paraíso y Darwin lo hace bajar del árbol. Aunque la narración bíblica no sea cierta su leyenda es verdad porque la ficción no necesita los comprobantes que exige la ciencia. Ambos relatos se complementan debido a que el cerebro humano trabaja más con su área instintiva y emocional que con la racional. Por eso, alimentar los sentimientos ha resultado siempre más rentable que atenerse a razones. En definitiva, es más importante disfrutar la vida que saber lo que es.

Desde el punto de vista científico la señal definitiva del nacimiento de la especie no es ningún soplo divino sino la aparición de conciencia, algo que se consiguió cuando el mono dejó el árbol para andar por tierra. Para ponerse en situación hay que imaginar cómo se vivía en las ramas y qué se esperaba encontrar en el suelo, porque algo que hay que tener en cuenta es que la evolución, aunque aleatoria no es alocada y siempre progresa en busca de mejorar lo que se tiene. Las cavilaciones del mono antes de su aterrizaje son comparables a las que se plantea hoy la humanidad ante la perspectiva de colonizar otros planetas. También habría que valorar el precio que pagaron hembra y macho en su transición a humanos para lo que viene bien contrastar mito y ciencia.

La tradición es el recuerdo que resbala corregido y aumentado sin soporte escrito de generación en generación dejando cada vez más lejos la evidencia de los hechos. Lo que se oía hace cinco mil años del eco de la evolución de mono a hombre (fondo de reminiscencia animal) fraguó cuando apareció la escritura y dejó de alimentarse el sueño. La Ilíada recoge el murmullo de la gran berrea que supuso la Guerra de Troya donde dos poderosos ejércitos sintetizan los millones de años en los que los machos combatían por las hembras. Allí terminó el instinto y empezó el conocimiento que es lo que viene a narrar el Génesis en el mito del Paraíso.

Lo que cambió el enfoque de las relaciones sexuales dando un giro significativo a la especie fue el desliz de la hembra cuando informó al macho sobre el origen de la paternidad. Ese conocimiento hizo sapiens al hombre sin añadirle cordura. Por el contrario, al saber que era padre dejó de respetar a la hembra por el premio del sexo exigiendo derechos por la fuerza: mi hijo, mi mujer, mi fuego, mi tribu. Eso debió pasar en el Paraíso mientras la mujer se resistía a abandonar la postura de madre y las religiones la bajaban del pedestal de diosa. Para compaginar posición vertical y maternidad la mujer tuvo que fortalecer la musculatura de la base pélvica y pagar el peaje del dolor del parto. El escriba lo señala como castigo divino cuando resulta ser el coste de la bipedestación. Al igual que, según Confucio, el necio se fija en el dedo cuando el sabio señala la luna, el macho se fijó en el fruto cuando la hembra señalaba el árbol.

 

Salvador Perán Mesa

Profesor Titular de Bioquímica. UMA

 

EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA

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