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domingo, agosto 1, 2021

EL AGUA ES VIDA (tan fuerte, tan frágil)

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El agua es el componente más abundante de nuestro planeta, del que constituye el 70%, y gracias al cual se mantiene la vida (en la composición de todos los seres vivos se encuentra también en aproximadamente este porcentaje). Contribuye así al funcionamiento y funcionalidad de los ecosistemas naturales, permitiendo su subsistencia y, aunque su presencia en el tiempo permanece relativamente constante, su vulnerabilidad constituye una amenaza para la salud y la calidad de vida, al ser su demanda cada vez mayor y su contaminación preocupante.

Se trata de un recurso importante ya que nos resulta estrictamente necesaria, afectando por igual tanto al hombre como a los animales y plantas. Contribuye a la producción de alimentos y al mantenimiento de las condiciones de higiene; su falta o mala calidad provocan la aparición de enfermedades así como su propagación y el origen de muchos conflictos al tratarse de un bien imprescindible para poder vivir. Se trata también de un recurso particular, ya que del mismo modo a como ocurre con el oxígeno, o la luz, tenemos especial dependencia de ella y está estrechamente vinculada al desarrollo, al ser un recurso vital, socio-económico, agrónomo e industrial.

Es un medio robusto, dado que tiene la capacidad de no perder su composición básica a pesar de las interacciones a las que puede ser sometida. Tiene propiedades que le permiten preservar su estado original ya que posee la capacidad de autodepuración o limpieza, es por tanto renovable. Todas las sustancias eliminadas por los seres vivos después de ser utilizadas en sus funciones vitales vuelven al medio natural donde se transforman de nuevo en componentes útiles para la vida, mecanismo de reutilización en el que el agua es el hilo conductor. El agua está constantemente circulando por nuestro planeta en el llamado ciclo hídrico (“el vaso que tomamos hoy, puede ser la misma que bebió un dinosaurio”).

Al mismo tiempo, supone un recurso limitado, pues de toda la existente en nuestro planeta, algo más del 97% corresponde a agua salada y aproximadamente el 2,5% de toda el agua de la tierra es dulce, siendo de ella, entre la que se encuentra congelada y la almacenada a nivel subterráneo, solamente el 0,3% agua dulce disponible; en el momento actual no nos es de utilidad nada más que ese pequeño porcentaje. Y del mismo modo que permanece relativamente constante en el tiempo y en ese porcentaje, su disponibilidad resulta vulnerable a diferentes factores, encontrándose sumamente amenazada por el crecimiento demográfico (consumo, contaminación, etc.), y los efectos cada vez más graves del cambio climático. Se trata pues de un bien escaso que, por diferentes razones (escasez, políticas, contaminación…), muchas personas en el mundo no tienen acceso y muchos países o diferentes lugares tienen dificultades para que sus habitantes tengan un abastecimiento suficiente y de mínima calidad; ya que como hemos dicho, resulta imprescindible para reducir enfermedades, mejorar la salud, el bienestar y la productividad de las poblaciones teniendo especial incidencia en la producción de alimentos.

Teniendo en cuenta todo esto y por todo ello, resulta fundamental tomar conciencia de este valioso recurso que mantiene todas las actividades de nuestra vida y las del medio en el que vivimos. Debemos tomar conciencia de la importancia de su preservación, lo imprescindible de no desperdiciarla, asegurar su distribución, tratamiento y reutilización; su requerimiento, con un uso excesivo y distribución desigual, ya la convierten en el “nuevo petróleo”.

Utilizamos el agua como si fuera interminable, con una sobre-explotación y contaminación de los recursos hídricos de mil formas y con millones de productos, sin tener casi nunca en cuenta su regeneración. Hay en general un aumento de su consumo, aunque a diferentes ritmos y en sus distintas formas:

  • Consumo, higiene y salud. Además de la necesidad de beber, es necesaria para absorber alimentos y eliminar los desechos. El valor de los servicios relacionados con estas necesidades se han puesto de manifiesto en esta pandemia de la Covid-19.
  • Uso doméstico, que depende tanto del acceso por las redes de distribución así como de una buena red de saneamiento y alcantarillado. Podíamos compararlo con los sistemas arterial y venoso de una persona: primero distribuyendo sangre limpia y oxigenada para el normal funcionamiento de todo el cuerpo, mientras que el segundo recoge la ya utilizada y para que pueda ser utilizada de nuevo necesita una depuración por los riñones, que en el medio hídrico serían las depuradoras y los procesos de depuración natural.
  • Utilización en agricultura y ganadería, los mayores consumidores de agua del planeta, considerando no solo la utilizada para la hidratación y para beber, sino también las necesidades alimentarias de una población cada vez mayor.
  • Uso industrial, necesitándola para la transformación de materiales y la producción de energía, actividades que requieren caudales de agua asegurados cuya cuantía es muy variable según los procesos desarrollados, y que originan vertidos o aguas residuales que pueden afectar al medio ambiente.

 

  • Ocio y turismo

La forma en que valoremos el agua, en todas sus dimensiones, determinará la forma en que la preservemos, se gestione y reparta. Es primordial lo que supone para el desarrollo económico de un estado contar con agua garantizada, así como una red adecuada de depuración, distribución y recogida:

  • Tratamiento de agua potable para eliminar bacterias (desinfección) y suciedad (retirando partículas).
  • Tratamiento de aguas residuales eliminando sustancias perjudiciales para la salud y el medio ambiente.

 

Es el llamado milagro del grifo 

“En los países con un suministro garantizado se asume que abrir un grifo equivale a disponer de agua, y el buen funcionamiento habitual del servicio obvia el proceso que hace posible ese milagro, un largo proceso que va desde la captación, potabilización, saneamiento y depuración.” (Juan Carlos de la Iglesia, El País del 22 de marzo de 2021).

No podemos obviar que el agua es uno de los recursos que más sufre por acción del ser humano, pero también está en nuestra mano revertir el proceso, preservándola y devolviéndola a la naturaleza de la mejor forma posible. Teniendo esto en cuenta en el año 2015 los estados miembros de la ONU aprobaron la agenda 2030. Su plan de acción incluye 17 objetivos de desarrollo sostenible. En el número seis se encuentra Agua limpia y Saneamiento, recogiéndose el principio: “La garantía de suministro de agua, en cantidad y calidad suficiente, es fundamental para el desarrollo de la sociedad y para la lucha contra la pobreza y las enfermedades en cualquier parte del mundo”.

El agua es un elemento vital, que constituye un tesoro desde que el ser humano abre los ojos. Hemos visto cómo nos faltan adjetivos a la hora de poderla definir y elogiar sus virtudes. Dos de ellos, que es finita y susceptible de contaminar, nos muestran que es algo frágil que debemos cuidar y que puede ser irrecuperable. VALORÉMOSLA y CUIDÉMOSLA.

 

M Piedad Sánchez Casado. Licenciada en Medicina

El Ateneo Libre de Benalmádena

“benaltertulias,blogspot.com”

 

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