¿POR QUÉ SE ENFERMA DE NEUROSIS?

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Las investigaciones psicoanalíticas nos hacen señalar la génesis de esa disposición a la neurosis en la evolución de la libido, de la energía psíquica y sexual,  las variedades de la constitución y a influjos del mundo exterior experimentados en la primera infancia.

Podríamos pensar que lo que precipita  la enfermedad son las frustraciones. La persona está saludable mientras sus necesidades de amor estén satisfechas y contrae la neurosis cuando pierde ese objeto y no encuentra sustituto. La curación dependería entonces del destino. La posibilidad de enfermar para este tipo de personas sería la abstinencia.  Vemos que las restricciones culturales, la sociedad, pone límites y esa frustración puede provocar un estancamiento de la libido y someter a la persona a un incremento de tensión psíquica. Para liberar esa tensión y transformarla en acción deberá orientarse al mundo y el otro camino es renunciar a la satisfacción, sublimar esa libido, es decir, transformarla en otros fines distintos de esos eróticos prohibido.  El efecto inmediato de la frustración es despertar la actividad de los factores predisponientes. Como estos factores se hallan muy desarrollados, puede pasar que la libido quede introvertida, vuelta hacia la persona. Es decir, la persona se aparta de la realidad y se orienta hacia su fantasía, en la que crea nuevos deseos y “despierta” deseos anteriores, infantiles, reprimidos e inconscientes que coexisten en todas las personas y también se da una salida según ese retroceso. Cuando las tendencias infantiles que son incompatibles con el estado actual adquieren suficiente intensidad, surge el conflicto entre ellas y la otra parte de la personalidad que  ha permanecido en contacto con la realidad. Este conflicto se resuelve con la producción de síntomas.  Los síntomas vemos entonces que son satisfacciones sustitutivas. 

Otra causa que podríamos pensar es  que la persona  no es que enferme  como consecuencia del exterior, en esa prohibición y consecuente frustración, sino por un esfuerzo interior por intentar adaptarse a la realidad, para lograr una satisfacción accesible. Fracasa por su propia inflexibidad: sigue siendo idéntico a sí mismo  y no se transforma conforme a las nuevas intenciones y exigencias de la realidad.

Es como si se quisiera aspirar a algo más, cuando las fijaciones de la energía psíquica a regresiones infantiles es tan fuerte que se opone al desplazamiento. Es como si sufrieran el destino del arbolito de la fábula de Grimm que quería tener otras hojas.  Pero en contraposición con esto,  vemos cómo las personas se enferman con igual frecuencia cuando se apartan de un ideal que cuando se esfuerzan en alcanzarlo.

            Las dos causas de adquisición de la enfermedad coinciden en la frustración y la incapacidad de adaptación a la realidad en las circunstancias en que la realidad impide la satisfacción. No es que la realidad impida la satisfacción, impide aquella que la persona declara ser la única posible. La frustración no proviene del mundo exterior, sino de ciertas tendencias del yo. A consecuencia del conflicto, las dos clases de satisfacción tanto la habitual como la otra a la que aspira, quedan igualmente coartadas, constituyéndose un estancamiento de la libido, la energía psíquica.

Hay personas que enferman en cuanto traspasan la edad de la irresponsabilidad infantil, no habiendo adquirido una total capacidad funcional y de goce. Su energía psíquica no ha abandonado las fijaciones infantiles y las exigencias de la realidad  no transcurren para la persona según su nivel de maduración, sino que van apareciendo en su vida conforme van viniendo. Entonces se produce una insuficiencia en sus respuestas, pero también hay una tendencia, por otra parte,  a dominar las fijaciones infantiles.

Vemos también a personas que enferman incluso gozando de buena salud,  personas que no han visto alterada la vida por nada nuevo y sus relaciones con el mundo no han experimentado modificación. Parece que caen enfermos de una manera espontánea, sin causa aparente.  Pero al examinarlos, se descubre una modificación de máxima importancia.  Están en cierto periodo de su vida en conexión a periodos donde hay un incremento de la cantidad de libido, como por ejemplo en la pubertad, la menopausia, y otros periodos. El factor primario aquí es el estancamiento de la libido, que se hace patógeno por la frustración relativa del mundo exterior. La libido insatisfecha y estancada puede tomar caminos de regresión y provocar los mismos conflictos que la frustración absoluta  externa. Depende de la cantidad de libido que la persona  pueda manejar, es decir, o mantener en tensión, sublimar o utilizar directamente

La cantidad de libido en la causa de la enfermedad coincide con dos de los principios analíticos de la teoría de la neurosis: uno de ellos es que las neurosis nacen del conflicto entre el yo y la libido y el segundo que entre las condiciones de la salud y la neurosis no existe diferencia cualitativa alguna, resultando que los sanos también luchan por alcanzar el dominio sobre  su libido, cosa que consiguen. Tanto sanos como enfermos tienen los mismos mecanismos psíquicos, es una cuestión de cantidad.

En conclusión, se comprueba que contraer una neurosis  es por la acción conjunta de la frustración, la incapacidad de adaptación  a las exigencias de la vida  y la inhibición del desarrollo. También hay que tener en cuenta la cantidad de libido, de energía psíquica, sexual.

Son estancamientos de la libido contra el cual el yo no posee medios suficientes para defenderse sin sufrir algún daño. La situación se hace patógena a consecuencia de un factor cuantitativo

Es importante señalar  que  no podemos culpar a factores externos, pues muchas personas soportan sin enfermar un mismo destino. Tampoco a la constitución, pues muchos individuos dotados de una constitución desfavorable podían mantenerse sanos. Es inútil discutir entre si  las causas son externas internas, entre el destino de la persona y sus constitución.

La adquisición de la neurosis se establece por diversos caminos. Sólo después sabremos, en el proceso psicoanalítico de la persona se establece el diagnóstico y la resolución de los síntomas en la evolución del mismo.  Es una ecuación, una fórmula química, sobre determinada por nuestra complejidad humana, nuestros procesos inconscientes.

 

Laura López, Psicoanalista y Psicóloga colegiada

www.lauralopezgarcia.com

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