El nuevo arbolado para la Cala del Moral se desmarca de la lucha climática

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El equipo de gobierno del Rincón de la Victoria, PP, Cs y PMP, opta por sustituir, de forma inmediata, los árboles talados y desarraigados en la Avenida de Málaga de la Cala del Moral por palmeras coco plumoso. Conjuntamente, el número de alcorques practicados es inferior a la cifra prometida de palmeras. No es un hecho aislado. En los núcleos costeros rinconeros, el arbolado va desapareciendo en pos de las palmeras. Ello sucede mientras se solicita que los municipios incorporen medidas para mitigar el cambio climático como la de cuidar y plantar árboles. De hecho, la tala y la merma de árboles contribuye al cambio climático.

Cambiar árboles por palmeras

Debido a una obra de renovación del acerado, la Cala del Moral se quedó sin su principal pulmón verde el pasado 29 de septiembre al perder más de ochenta árboles en doble alineación que contribuían a reducir la contaminación acústica y atmosférica en la Avenida de Málaga. Ello reviste importancia por ser una vía donde circula un tráfico intenso proveniente de la N-340 y por su proximidad a la cementera incineradora de La Araña. Además, es el centro neurálgico de la vida social y comercial del pueblo. Las palmeras que quieren plantar no darán tanta sombra, ni frescor, no serán tan eficientes contra la contaminación y por ello los habitantes quedarán más desprotegidos.

Miremos atentamente las imágenes de la avenida y su gran trasformación, en poco tiempo. Imaginemos todos los aspectos que cambian, desde los parámetros físicos (temperatura, humedad, radiación, calidad del aire…), los biológicos (presencia de avifauna, biodiversidad…), los de percepción (luz-sombra, variabilidad estacional, sensación de confort, nivel sonoro…) y los sociales (diversidad de usos, posibilidad de permanencia y de encuentro, seña de identidad) ¿Es la misma avenida? ¿Realmente los cambios son meramente ornamentales? ¿el escenario es el mismo de cara a la lucha climática?

Se han recogido más de diez mil firmas ciudadanas contra la tala practicada y solicitando que repongan los árboles. Hay quienes se preguntarán porqué tanta queja por unos árboles desaparecidos si van a poner palmeras. Pero resulta que son la punta del iceberg y los árboles del municipio peligran. El ayuntamiento tiene una política de zonas verdes urbanas donde los considera elementos ornamentales fastidiosos y prefiere las palmeras por suponerlas menos problemáticas y un símbolo del litoral que aporta glamur a todo destino turístico costero. Aún así, la palmerización no es un fenómeno local sino global y va unido en tándem al desarrollo urbanístico, a la especulación inmobiliaria y a un modelo de turísmo intensivo.

A la par, y a nivel mundial, se aborda la importancia de los árboles. La Unión Europea pide que los municipios cumplan su Estrategia de Biodiversidad para 2030 donde propone “plantar más de 3.000 millones de árboles variados y biodiversificados”. En Andalucía, tenemos, como normativa en vigor y de obligado cumplimiento, la Ley 8/2018, de 8 de octubre, de medidas frente al cambio climático y para la transición hacia un nuevo modelo energético que insta a los municipios a desarrollar planes contra el cambio climático; y una de las medidas es la de valorar los árboles como sumideros de dióxido de carbono, entre otros servicios ecosistémicos. En concordancia, la Concejalía de Medio Ambiente rinconera comunicó ultimar el I Plan municipal contra el cambio climático en el pasado mes de julio. La misma que ahora ve preciso quitar los árboles para poner palmeras; y la que, desde finales de noviembre, escuda las obras de mejora de las infraestructuras de la calle La Marina donde proyecta pavimentar la última playa natural de Torre de Benagalbón, frente a la oposición vecinal. 

Menos arbolado del prometido 

En la avenida se ha decidido plantar sólo palmeras para homogenizar su estética, pero el número de alcorques practicados es inferior a las cien palmeras prometidas en octubre, argumentando que la distancia entre ellas sería menor para garantizar una hilera de sombra en el acerado. Sin embargo, irán setenta, treinta menos frente a las acordadas, y diecisiete respecto a los árboles eliminados a finales de septiembre. Ello supone el incumplimiento de la Norma Granada de valoración de árboles, palmeras y arbustos ornamentales. Así, no sólo se pierde valor por sustituir los árboles por palmeras, sino que habrá menos palmeras y la avenida quedará empobrecida. Ahora, tras la oposición ciudadana, el equipo de gobierno asegura que plantará algunos árboles en otras zonas del pueblo, menos transitadas. Si bien es difícil concretar su cifra porque oscila y se disipa en las explicaciones aportadas tanto en los comunicados del ayuntamiento en su propia página web como en los diversos medios de comunicación que han recogido esa información. En principio, parece que serán veinte, aunque en las reuniones mantenidas los representantes municipales se han desdicho. De ahí, que se plantee resolver el siguiente problema matemático empleando los datos que aparecen en la noticia de Diario Sur Axarquía:

Si se dice que plantarán 12 moreras y algunos árboles fuera de la avenida y se detallan de la forma siguiente: 2 moreras (en la zona de la cascada), 1 morera (en Don Miguel), 2 moreras (en el Parque de los Cipreses), 2 moreras y 1 almencino (junto al Parque de los Cipreses), 1 encina (en la subida hacia el Cantal), “x” moreras (en parcela por Calle el Greco), 2 moreras y 1 árbol sin especificar (en Plaza Gloria Fuertes), “y” moreras (en terrenos malagueños aledaños a la autovía) ¿Cuántos árboles pondrán en total? ¿Cuál es el valor de “x”? ¿Cuál es el valor de “y”? ¿Cuántas moreras plantarán finalmente tras talar y arrancar las 25 existentes a últimos de septiembre?

Es preciso despejar las incógnitas para hallar las soluciones y, llegado el momento, comprobar en qué quedan las promesas del equipo de gobierno del Rincón de la Victoria sobre los árboles a plantar. Es de interés general, porque los árboles suman y, si prospera la opción de sustituir los árboles por menos palmeras, disminuirá el verde en el municipio, restaremos su capacidad para mitigar el cambio climático y sus habitantes estarán más desprotegidos frente a los impactos negativos.

Emilia Martínez

 

 

 

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