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martes, enero 19, 2021

Una renta básica incondicional como instrumento contra el maltrato a las mujeres

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Por: Sole Castillo, activista y Trabajadora Social

Todos nos preguntamos porqué cada día aumentan las agresiones, los malos tratos, las conductas machistas y las muertes a mujeres. Los diferentes Gobiernos y Administraciones Públicas no dejan de realizar planes, actuaciones, propaganda de concienciación,  carteles, cortos… y parece que lejos de erradicar esta lacra, cada vez los malos tratos a mujeres son más generalizados. 

Estadísticamente queda demostrado observando el número tan elevado de mujeres que han recibido malos tratos y de muertes a manos de sus parejas (según la OMS, una de cada tres mujeres en el mundo sufren violencia física o sexual) En España el 25% de las mujeres dicen haber sido maltratadas por su pareja por lo menos una vez en la vida. En 2019 se cometieron 55 asesinatos machistas, lo que se puede considerar la punta del iceberg ya que por cada caso de asesinato hay un número elevado de situaciones de maltrato. A su vez, si preguntamos a cada una de las mujeres en este país, casi todas nos hemos sentido discriminadas por razón de sexo a lo largo de nuestra vida, en varias ocasiones.

Y es que las mujeres, en general, partimos de una posición social y económica inferior a los hombres. Hemos avanzado mucho en la lucha por la igualdad, pero no se puede obviar que si la sociedad es injusta y hay desigualdad económica y social, los colectivos más vulnerables nos vamos a llevar la peor parte y vuelven a desaparecer los derechos conseguidos en las luchas sociales.

Los diferentes colectivos de lucha y la sociedad en general reclamamos la libertad de la mujer, pero tenemos que tener claro que tan ansiada libertad no se tiene sólo por desearla, eso es una falacia del sistema en el que vivimos. La libertad se tiene porque existen una serie de circunstancias que rodean tu vida, que te permiten decidir sobre ella. Ninguna persona quiere depender de otra, nadie quiere ser maltratada o humillada. Hay que hacer hincapié en las terribles circunstancias que puede estar atravesando una mujer maltratada y preguntarnos si con los recursos que actualmente cuenta el sistema se puede sinceramente cambiar la vida de dicha persona. 

 La libertad no se desea o se siente, porque todos deseamos libertad, la libertad se tiene o no se tiene, y en numerosas ocasiones no depende de nosotras. Si la sociedad no nos da una oportunidad, no podemos avanzar. Ya lo decía Ortega y Gasset “Yo, soy yo y mis circunstancias”, por lo que hay que cambiar las circunstancias para terminar con la lacra del maltrato a las mujeres.

La pobreza es unas de las causas principales de maltrato y el origen de la desigualdad. Ya la pobreza sí misma ya es un maltrato, es una represión, es una esclavitud, ninguna persona pobre puede ser libre. Una mujer pobre que no tiene sus necesidades básicas cubiertas está maltratada, es dependiente y  totalmente vulnerable. Puede ser víctima de explotación laboral, prostitución, vientre de alquiler, malos tratos y un largo etc … ya lo dice muy claro empresarios sin escrúpulos: “dejas este trabajo porque no tienes necesidad”. 

Cuando una mujer consigue escapar de su maltratador pero no tiene recursos, empieza el calvario de la dependencia institucional.

Las ayudas institucionales que existen en la actualidad, dejan mucho que desear, resumiendo, se trata de pequeñas ayudas económicas y en especie que llegan tarde y siempre menos de lo necesario, además tienen un tiempo determinado y se acaban aunque no haya mejorado la situación de la víctima, van acompañadas de muchos requisitos y burocracia. Todo esto hace que muchas mujeres se queden sin recibirlas. Además están sus hijos, ¿Qué pasa con ellos?  También dicen que son excusas para no separarse, pero hay que arrancarlos de la comodidad de un hogar, de su entorno,  para que malviven en un centro hasta no se sabe cuando se arregle la situación.

Por todas estas razones, no podemos ser libres, si no tenemos independencia económica. La situación de necesidad de una gran parte de la población, es la causa de la explotación y la gran desigualdad en el mundo. Y la mal llamada libertad en los países neoliberales, es la libertad de unos pocos que se aprovechan de la necesidad de la gran mayoría.

Una sociedad progresista que defienda los derechos humanos debe empoderar económicamente a la mujer a través del instrumento de una Renta Básica, para garantizar unas condiciones de vida digna y este será el primer paso para verdaderamente erradicar la lacra de los malos tratos.

Todas las demás acciones o son complementarias a ésta o sólo servirán para parchear o tapar el problema, pero nunca llevará a la solución del mismo. 

Así que “¡En defensa de las mujeres, Renta Básica ya!”.

Apoya esta iniciativa para poner en marcha Rentas Básicas Incondicionales en la Unión Europea         www.rentabasicaincondicional.eu

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