Janis Joplin, medio siglo sin ti

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Los padres  de Janis Joplin (Texas, 19 de Enero de 1943 – California, 4 de octubre de 1970) querían que la mayor de sus tres hijos fuera maestra, pero esta se convirtió en la primera estrella femenina del rock. A su modo, creó escuela, pues el rock era (es) un mundo de hombres- Janis con su talento sentó cátedra e hizo ver que las mujeres tenían en la música mucho que brillar.

De adolescente fue estudiosa, gordita y víctima de acné severo, características que la  hicieron sufrir acoso escolar. Niña solitaria, vestida de chico y siempre despeinada, halló refugio de sus tristezas en la pintura y luego en la música (también en amistades marginales que la iniciarían en el abuso del alcohol). A los catorce, escuchaba blues y adoraba a Leadbelly, Bessie Smith, Big Mama Thornton y Billie Holiday. Después de tres años de escuchar música, se arrancó por blues :“Sabía cantar…una sorpresa”, reveló en una entrevista. El prodigio, sin embargo, no fue ese, ni tampoco que cantara como los ángeles, sino que lo hiciera igual que los ángeles más negros. 

No se había visto ni escuchado nada igual en la historia de la música: una chica blanca con voz de color, una vocalista cuya garganta obraba una poderosa alquimia de rock, soul y blues. Su voz se transformaba en un dardo directo al corazón, tan incandescente, que lo transverberaba. Janis era sobre el escenario el mismísimo ángel de Bernini, y el público, la extasiada Santa Teresa. No exagero ni blasfemo; busque en internet alguna de sus actuaciones en directo. Verá a una multitud, arrobada espejear una estrella carismática, que en su canto encarna un goce enfervorizadamente místico. “Me meto dentro de mí misma y eso se convierte en algo total, en la totalidad (la cursiva es mía), por eso me llena tanto (…) No es un barniz, no es solo una actuación, es realmente un momento conmigo misma” (…) “Siento tanta energía cuando canto, que es difícil parar, siempre tengo ganas de seguir”.

En esta última frase (además de en el contexto sociológico), subyace una posible explicación a la politoxicómanía de Janis Joplin (adicta al alcohol y a la heroína, principalmente). Tengo la impresión de que no quería apearse ni un momento de aquel disfrute supremo que debía dispararle las endorfinas; que se le hacía insoportable el descenso de su cumbre de felicidad orgiástica. Había lamido el firmamento, así que fuera del escenario y del estudio de grabación (donde dicen que era disciplinada), sin aquel sabor glorioso en los labios, la vida se le estiraba desaladamente; se aburría, se deprimía, se hundía. Una vez experimentada la totalidad, ya no sabía disfrutar en porciones y a pie, sino que pretendía mantenerse en interminable cabalgada sobre el lomo alado de Pegaso. Y como tal cosa no era (ni es) posible… decidió montar otro caballo… uno que la condujo al luctuoso “club de los 27” (Robert Johnson, Brian Jones, Jimi Hendrix. Se les uniría enseguida Jim Morrison, y años más tarde, Kurt Cobain y Amy Winehouse), una triste reunión de músicos extraordinarios que nos entregaron apenas una porción diminuta de su inmenso talento.

Seis años antes de morir sola en el suelo de una habitación del Landmark (note el carácter premonitorio del nombre del hotel: linde, límite), se mudó a San Francisco, ciudad en la que inició su romance con la heroína y su meteórica carrera musical. Grabó un primer disco con Ron “Pigpen” McKernan y Kaukonen (Jefferson Airplane). Después ingresó en la banda Big Brother and the Holding Company, con la que triunfó sin paliativos en el festival de Monterey de 1967. En 1968, en Whinterland, efectuó su interpretación más intimista de Summertime de Gershwin, y grabaría el álbum Cheap Thrills (1968), que en un mes vendió un millón de copias. Posteriormente, por indicación de Albert Grossman -su manager- que opinaba que la banda le quedaba pequeña, intentó una carrera en solitario, pero obtuvo críticas nefastas (El machismo de la industria del rock era implacable -según Holly George-Warren, su última biógrafa). Se hizo vocalista de Kozmic Blues Band y grabó I Got Dem OI´ Kozmic Blues Again Mama, que no gustó a la revista Rolling Stone, a pesar de su triunfante gira europea. En 1969 actuó en el festival de Woodstock y ahí se erigió en incontestable mito femenino del rock. 

Al año siguiente, Grossman le propuso ser la voz cantante de Full Tilt Boogie Band y decidieron grabar en los Ángeles el álbum Pearl (apodo de Janis). Uno de los temas llevaba un título también premonitorio Buried alive in the blues, “enterrada viva en el blues”). Janis no llegó a ponerle voz porque una sobredosis, tras una borrachera, se la llevó del mundo después de haber grabado Mercedes Benz, canción que no estaba en el repertorio, pero que acababa de ocurrírsele en un bar y anotado en una servilleta. Volviendo a las premoniciones (y a las muy junguianas coincidencias significativas), también a mí acaba de ocurrírseme que una máxima new age reza: ten cuidado con lo que deseas porque puede que lo consigas. El caso es que una de las estrofas de Mercedes Benz decía de modo agorero lo siguiente: Oh, Señor/ ¿Por qué no me regalas una noche de juerga?/ Cuento contigo, Señor/ Por favor, no me defraudes/ Demuestra que me quieres/ y paga la siguiente ronda/ Oh, Señor,/ ¿por qué no me compras una noche de juerga? Luego rió y añadió: That´s it. Eso es, ya está.

Cuanto más dependiente fue Janis de la heroína (intentaba dejarla), más la tomaron por un icono de la libertad. Era libre cuando cantaba y la droga apagó su voz.