Renta básica universal: un debate que se abre camino hacia Europa

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Por Sara Babiker

Activistas de diversos países alientan una iniciativa ciudadana para llevar la propuesta de una renta básica universal e incondicional a las instituciones europeas. Mientras, integrantes de diversos colectivos explican cómo cambiaría su existencia disponer de un ingreso mensual garantizado al margen del empleo.

Un millón de firmas, un millón de apoyos de un millón de personas que tengan la certeza de que es hora de debatir a nivel europeo la necesidad de una renta básica universal e incondicional, individual y de cuantía suficiente. Eso es lo que persigue la Iniciativa ciudadana europea para la renta básica incondicional que el 25 de septiembre arrancará con una campaña a nivel comunitario para que lo que es una discusión presente en los medios, la academia, las calles, o los movimientos sociales, aterrice finalmente en las instituciones europeas y sea abordado y traducido en políticas.

“Esta iniciativa ha partido de activistas de la Renta Básica Incondicional procedentes de diferentes países europeos como Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria, España, Francia, Italia, Finlandia, Portugal, formando el Comité Ciudadano Europeo por una Renta Básica Incondicional”, explica Mayte Quintanilla, integrante de Humanistas por la Renta Básica, un colectivo muy activo en esta ámbito, también en el contexto europeo. Quintanilla estima que el actual es un buen momento para escalar este debate a Bruselas: “El concepto se conoce más. De hecho en los últimos años se ha hablado más de Renta Básica Incondicional que en todo el resto de la Historia de la Humanidad. Hay mucho más activismo y más colectivos que ponen su esfuerzo en la difusión y conocimiento de esta medida económica”.

La Red Renta Básica tiene una larga trayectoria en la lucha por esta herramienta redistributiva en España. El economista y miembro de la red Julen Bollain considera que la introducción de una renta básica a escala europea sería buena para la población, buena para los Estados y buena para la institución europea: supondría una redistribución de la riqueza a escala comunitaria que “más allá de garantizar la existencia material de la ciudadanía, permitiría que todas las personas que aquí vivimos nos beneficiemos por igual de la riqueza generada gracias a la integración europea”.

Para Bollain, sería una forma de abordar la desigualdad desde un enfoque amplio, algo que permitiría “reducir de manera significativa algunos de los factores para la migración dentro de la Unión Europea, evitando así el efecto negativo de la ‘fuga de cerebros’ en determinados países”. Además, podría implicar una “inyección de legitimidad en una institución puesta en entredicho por sus pulsiones austeritarias”.

No es la primera vez que se intenta llevar el debate a la arena europea. En 2013 hubo otra iniciativa similar. Carlos Arias, un defensor de la renta básica no adscrito a ningún grupo pero dispuesto a caminar con cualquiera que impulse la medida, estaba allá entonces. Cuenta cómo en aquella ocasión se consiguieron 300.000 firmas. Después, siguiendo la ola, se presentó la ILP en España, registrándose 185.000 apoyos, cuando eran necesarios medio millón.

Más allá de que ambas intentonas no alcanzaron su objetivo cuantitativo, Arias no considera estos precedentes como un fracaso: la renta básica era poco conocida entonces y, además, se formó la red europea que, tras años de difusión y otras actividades en segundo plano, ha emergido de nuevo para volver a dar la batalla europea.

Hace un par de años, relata, se volvieron a activar las ganas ante la intensificación del debate y las noticias sobre nuevos experimentos que iban saltando a la agenda pública. Fue ahí cuando se empezó a fraguar la posibilidad de una segunda campaña que, considera, llega en un momento propicio: a la precariedad generalizada, se le suman otros factores como —en el caso español— los problemas en la gestión del IMV que han puesto sobre la mesa para muchas y muchos los límites de la condicionalidad, y la emergencia sanitaria. Además, apunta, ahora es mucho más fácil, en términos técnicos, recoger firmas.

“El covid ha catalizado con fuerza toda la incoherencia de un sistema inhumano que pone el valor material por encima de las personas, y que permite la apropiación indebida de los bienes que son de todos

Conscientes de las limitaciones de Bruselas para guiar o empujar a los estados en ese camino, la aspiración es, también, ampliar base, un aumento del debate, una extensión del activismo, con el fin, explica Quintanilla, de “que los pueblos comprendan que tienen derecho a vivir y a desarrollarse como personas, independientemente del hecho de que tengan o no un empleo. Que los pueblos reclamen su parte de la riqueza como legítimos propietarios de la misma. Y entendemos por ‘riqueza’, no sólo los bienes materiales que hay en el mundo, sino también el conocimiento, los avances tecnológicos, y el fruto de los mismos, que son legítima herencia del esfuerzo y la inteligencia de toda la especie humana a lo largo de su historia”.

Población desprotegida

Según el Eurostat, casi un 17 % de la población europea está en riesgo de exclusión y pobreza. En España, en el último informe AROPE, previo a la emergencia económica consecuencia del coronavirus, ese número se elevaba al 26% de la población. La población “desprotegida” es muy amplia: casi una de cada cinco personas a nivel europeo, y más de una de cada cuatro a nivel nacional. Ciudadanas y ciudadanos privados de sus derechos económicos. Una desprotección que opera a la hora de cubrir necesidades básicas, ante los imprevistos de la existencia o frente a empleadores que aprovechan la necesidad para ir estrechando los derechos laborales. Muchos de los colectivos que aglutinan las luchas a favor de la población desprotegida no han oido en profundidad hablar de la renta básica universal, y es difícil que se posicionen colectivamente. Sin embargo, la idea va calando en parte de sus activistas que ponderan las potencialidades de esta medida.

Una renta básica compensaría en cierto modo la ausencia de red, de respaldo económico familiar que enfrentan muchas trabajadoras domésticas migrantes. Una situación particularmente grave cuando se habla de madres solteras

Según Save the Children uno de cada tres niños estaría en riesgo de pobreza. El informe AROPE ha advertido en diversas ocasiones de que tener hijos en España es un factor de riesgo para caer en la pobreza, y en el caso de las familias monomarentales este riesgo se pone más claramente de manifiesto: son tres de cada diez las familias monomarentales en riesgo. “Cuando el 82 % de las familias monoparentales están encabezadas por mujeres, en medio de esta crisis de la covid19, muchas se estén viendo obligadas a retirarse del mercado laboral, a perder oportunidades de promoción profesional o a no poder salir a buscar un trabajo digno”, advertían a finales de agosto, desde la Federación de Asociaciones de Madres Solteras (FAMS) en una nota en la que denunciaban los problemas de conciliación que se vislumbran y la ausencia de medidas por parte del estado.

Para Carlos Arias, la renta básica persigue un cambio de sistema, del que la pobreza es solo un síntoma. “El sistema en sí tiene unas dinámicas estructurales que son de abuso de los recursos, acumulación del capital y por tanto una exclusión de la gente. Yo entiendo que la Renta Básica es un acceso universal a un mínimo de recursos que garantiza libertad, libertad de acción, garantiza que todas las personas tengan un mínimo de movilidad a la hora de hacer lo que quieran”.

Y lo que quiere este ingeniero informático no es dedicar toda su vida a trabajar para otros, a producir para consumir, mientras afuera el mundo se acerca al colapso. “Tenemos dos bandos: o vamos en el bando de destruir el planeta porque la economía es lo que manda o paramos y tiramos del freno y creamos un nuevo camino. Para mi la renta básica es imprescindible para crear este nuevo camino, y sin ella pensar cómo nos reorganizamos va a ser prácticamente imposible porque la gente no puede poner sus principios por encima de sus necesidades. Lo más importante de la renta básica es garantizar esa libertad a todas las personas, a todos los jóvenes que están parados porque tiene que encontrar un empleo con el que ganarse la vida y podrían estar dedicando su cabeza e inteligencia en solucionar problemas importantes para la humanidad”.

Los promotores de la iniciativa tienen un año para sumar fuerzas y llegar al millón de firmas. Después de eso, continuará el desafío para cambiar el modo de entender el acceso a los recursos económicos. Para Quintanilla “es un buen momento para reclamar nuevas formas de reparto de la riqueza diferentes del empleo. El covid es un gran susto. Los sustos son crueles, y este además es muy triste porque ha matado a muchas personas y empeorado la vida de la gran mayoría, pero los sustos también mueven lo inamovible, y son ocasiones para cambiar de rumbo”.

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