Día internacional de las personas zurdas

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Hoy me apetece hablarle del trece de agosto, día de la zurdera. No  crea que es asunto baladí. Involucra a millones de personas  (13% de la población mundial), cuya mano dominante es la izquierda. Tentada estoy de jalearlas con la internacional frase “¡arriba parias de la tierra!”. No bromeo ni exagero: los zurdos -los zocatos de toda la vida- han estado universalmente discriminados desde el principio de los tiempos hasta prácticamente antes de ayer.

Poseo amigos en la cincuentena (no protodinosaurios) que nacieron zurdos y que en su infancia fueron contrariados, “corregidos”, o sea, forzados a emplear la mano derecha hasta convertirles innecesariamente en diestros, pues la zurdera no es un trastorno de la lateralidad,  simplemente un fenotipo minoritario en la especie humana (también existen zurdos en otras especies). A mis amigos y a la legión zurda que les precedió les fueron aplicados en casa y en la escuela protocolos “correctivos” de naturaleza apedagógica y acientífica, para adiestrarles en el uso de la diestra. Procedimientos “conductistas” (el refuerzo negativo extingue la conducta) consistentes en castigos corporales que iban desde atarles la mano izquierda a la espalda, hasta enderezarles la inclinación siniestra a base de bofetones, que no de hostias, porque en el afán correctivo que nos ocupa, cristianos y no cristianos hemos coincidido en una apasionada sinistrofobia.  

En sociedades tradicionales como India, China o Japón, la zurdera siempre resultó una característica malévola a ojos de la mayoría diestra. Los resabios de ese rechazo  persisten y hoy día en el país del sol naciente se sigue reprimiendo en las escuelas la utilización del lado izquierdo del cuerpo. Las estadísticas niponas “muestran” que solo el 2% de su población es zurda (incontrariablemente zurda, diría yo). Desde que el orbe gira sobre sí mismo, la mano izquierda ha sido considerada negativa, maligna o portadora de mala suerte en muchas culturas -incluida la cultura o culturas europeas-  según  explicó el sociólogo y antropólogo Robert Hertz en La muerte y la mano derecha. Los diferentes idiomas también dan cuenta de esa generalizada predilección por la diestra. No faltan, sin embargo, quienes aseguran que es la semántica la auténtica causante de tal preferencia. Sea gallina o huevo su etiología, el rechazo al lado izquierdo es un lugar común de lenguas vivas y muertas. Le pondré algunos ejemplos. El vocablo sánscrito waama, significa tanto insidioso como izquierda. Right significa en inglés derecha y también correcto (e incluso derecho, en sentido moral y legal). En español, siniestro (del latín sinister, izquierda) es sinónimo de izquierdo y de accidente. También empleamos siniestro para calificar circunstancias y hechos relacionados con la muerte y la perversidad de quienes obran con vileza. Y el día que usted se levanta con el pie izquierdo las cosas le salen indefectiblemente mal. Aunque no crea en la brujas, dicen que haberlas, haylas y además todas son zurdas, como corresponde a un mundo en el que sobrevive la atávica creencia de que el lado izquierdo del cuerpo guarda relación con el Mal en mayúscula, es decir, con el demonio.

Hace apenas unos días, un amigo sirio me relataba que su abuela musulmana, convencida de la malignidad de la extremidad izquierda, también le obligaba mediante “técnicas conductistas” a  emplear la mano derecha para escribir, para comer y para casi todo (menos para la higiene tras las deposiciones). En el Islam la diestra es la mano buena para todos los asuntos, incluidos los de la vida de ultratumba, porque si después de la muerte, el ángel Ridwan le deposita a usted el libro sagrado en la mano derecha, quiere decir que lo autoriza a subir al paraíso. En cambio, si se lo entrega en la izquierda… irá usted cuesta abajo y sin frenos al mismísimo Yahannam, el infierno.

Da la casualidad de que en el imaginario de Occidente se dio la equiparación de ‘norte’ con ‘cielo’ y ‘arriba’. Y ‘sur’ con ‘tierra’ y ‘abajo’. Paralelamente,‘derecha’ se asoció con ‘rectitud’ y ‘probidad’ e ‘izquierda’ con ‘desviación’ y ‘deshonestidad’. Evidentemente, estas homologaciones no fueron ajenas al arte, especialmente al medieval, en la escultura, pintura y sobre todo iluminación de manuscritos. Según el medievalista Michael Pastoreau, autor de Una historia simbólica de la Edad Media Occidental- y el historiador del arte Pierre-Michel Bertrand, autor de Histoire des gauchers en Occident. Des géns à l’envers, la iconografía medieval no es abundante en zurdos (ni tampoco la de ninguna otra época; la cultura, en general, es dextrista), pero cuando aparecen personajes zurdos, estos son, en su mayoría, personajes negativos, ya figuren en primer término en calidad de protagonistas o de meros participantes en una escena de fondo. En las obras de arte medievales son zurdos los personajes socialmente denigrados: prostitutas, malabaristas, carniceros, cambistas, paganos, judíos, musulmanes y, por supuesto, demonios. Para la Edad Media Cristiana la mano izquierda es la de los enemigos de Cristo y, en consecuencia, los artistas trastocan en zocatos a sus jueces, a sus flageladores y a quienes lo clavan en la cruz.

Y hablando de cruces…el 13 de agosto debería servir para aligerar la suya a los zocatos en este calvario de diestros que es el mundo. Si usted es de lateralidad derecha tal vez ignore que los zurdos se encuentran ergonómicamente discriminados. La razón es que la mayoría de los objetos y aparatos han sido diseñados para su uso con la mano derecha (tijeras, cucharas, sacapuntas, ratones, pomos, grifos, etc.) Existen, desde luego, las correspondientes adaptaciones especulares para la izquierda, pero son caras, de manera que los zurdos acaban sufriendo otra discriminación: la económica.  “¡Arriba zurdos de la tierra!”.