¿Quién se ha llevado mis centímetros?

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Hoy me siento juguetón. Por eso me desperezo proponiendo un juego tontico. Pensemos en una operación Matemática, por ejemplo, 1+1+4=6. Parece incuestionable. Y desde el ámbito de conocimiento general en el que nos movemos y vivimos, lo es. Ahora lo voy a verbalizar -por llamarlo así-: uno, más uno, más cuatro es igual a seis. Bien. Hemos variado el lenguaje y la grafía pero, aparentemente, dicen lo mismo. Las matemáticas, en este caso, no concretan nada. Y la realidad siempre es concreta. Las matemáticas, paradigma de la ciencia pura, son una bonita abstracción, un lenguaje convenido, que nos ayuda a comprender la realidad. También nos ayuda a manipularla: en el fondo, en la forma o en ambas.

Por ejemplo, no me dice “que”, o “como”. De hecho puede expresar realidades tan distintas como “1 taza de harina + 1 taza de azúcar + 4 huevos = 1 bizcocho” o también “1 cebolla + 1 diente de ajo + 4 tomates= un gazpacho para 6.”

Esto son solo ejemplos tontuelos. No creáis que soy tan mal cocinero. Pero puede ser peor aún. Podíamos entrar a discutir: “¿y porqué 1 + 1? ¿Bajo qué autoridad se le suman 4 ?”

Todo este perogrullo es sólo para describir una verdad: que la Verdad -con mayúsculas- existe. Pero está más allá de la ciencia, de la razón humana, de las percepciones e, incluso, de sí misma. Aunque, eso sí, participa y se deja penetrar por ellas. Pero incluso utilizando el lenguaje más perfecto que tenemos, el de las matemáticas, más bien parece, a poco que reflexionemos, que no definimos la realidad con ellas, no. En todo caso parece que hacemos un ímprobo esfuerzo en hacer que ella -la realidad- quepa, forzada, en nuestras pobres y tristes ecuaciones y enunciados.

Pero si reconozco el efecto sedante del lenguaje matemático. Por ejemplo, es tranquilizador, delante de una tabla estadística, poder leer sobre decenas de miles de muertos e incapacitados. Como algo abstracto. Sólo números. Sin duelo, sufrimiento, soledad y tristeza. Sólo datos. En este caso el lenguaje ayuda. Porque, ¿os imagináis esta situación descrita, en vez de por expertos estadísticos, por poetas? Sería otro tipo de colapso sanitario. Pasaríamos de la escasez de UCI´s a la escasez de antidepresivos en un plis-plas…

Si. Creo que el lenguaje usado para describir la realidad, “conforma” o, mejor, modula la propia realidad descrita. Porque somos también mente. Mente que percibe, proyecta y crea. Mente ya incapaz de pensar sin “palabras”, sin “números”. Queda, por lo tanto, bastante claro: si controlo el lenguaje que usas, controlando el grupo, te controlo también a tí. Ante esta perspectiva, se abre así un abismo nuevo que explorar. Un abismo que está al lado mío: la Verdad. Quizás un día toque… ¿Pastilla azul?

Ahora, previsiblemente, esperamos todos una crisis económica. ¿Todos? No. Hay quienes controlan el valor más importante en la economía moderna: el factor miedo/confianza. ¿O es que creemos que las operaciones financieras se hacen sobre los datos de producción de trigo, consumo de resortes helicoidales o creación de nuevas áreas urbanas?. No, para nada. Ni siquiera en los programas y algoritmos más punteros en asuntos de inversión, la producción, la reserva y la distribución de insumos y materias tiene excesiva relevancia. Los mueve la psicología -sociología- de masas. Y el dinero. Pero, ¿me he preguntado qué es el dinero? ¿Cuando se acabó el dinero “real” y empezamos a operar con dinero fiduciario? ¿Tiene algún valor mi dinero?

Una vez superado el vértigo que producen tales preguntas, recuerdo que se nos “pronostica” ahora -o sea se “diseña” desde algún sitio- una inminente crisis económica. Una crisis, por tanto, de “números”, no de riqueza real. Porque, ¿Dónde están las tierras de cultivo, las fábricas, los laboratorios y las constructoras? ¿Dónde están los cerebros, brazos, habilidades y conocimientos? ¿Dónde están mis ganas de trabajar, producir, ganar dinero, gastarlo, invertirlo? Si. En el mismo lugar que antes de la pandemia. Lo que falta es dinero. Si, dinero, esa medida de la riqueza…

Hoy termino con un ejemplo que leí hace años, que viene al pelo y os paso a contar: es como si mañana contrato a un carpintero para que me haga una cocina. Aparece una mañana en casa con listones, tablas, herrajes, herramientas y todo lo necesario para el trabajo. Pero a la hora de empezar:
– Lo siento, no puedo hacer el trabajo.
– ¿Qué ocurre?
– Pues que no tengo centímetros.
– ¡Pero, oiga! ¿Me toma el pelo? Tiene todo lo necesario para hacer su trabajo. Si ha perdido la cinta métrica, use un cordoncito. O un listón y un lápiz…
-¡No, no…! Sí cinta métrica también tengo. ¡Es el banco quien me ha dicho que no hay centímetros!
-Pues yo he pagado una cocina con centímetros… ¡A ver como lo apañamos! Además, en todo este lío, quiero saber: ¿quién se ha llevado mis centímetros?

Pues sí, amigos, esta es la crisis que nos viene. Una crisis de centímetros. O de kilogramos. O de euros: viene a ser lo mismo. ¿Sencillo, eh? En fin… Espero que haya vida inteligente en nuestros gobiernos o, si no es el caso, que los malos no lo sean demasiado: ni malos ni inteligentes…