Metalenguaje y Matalenguaje

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Hoy me he levantado con el vello como escarpias. Con el ánimo pesado e inquieto. Nada más abrir los ojos, mezclado con el recuerdo confuso de mis sueños de esa noche, he pensado:

-¿He despertado? ¿O es un despertar dormido? ¿Veo un amanecer? ¿O un viejo amanecer?

Incluso más:
– ¿estoy despierto o sueño que desperté…? -Pensé esto último porque ya me pasó alguna vez. y, por último:
– ¿Es todo esto normal? ¿O estoy viviendo una nueva normalidad?

En medio de estas cavilaciones, ante mí, se abrió un abismo vacío e infinito que se tragaba todo mi pensamiento verbal y todo mi conocimiento memorístico que, aunque escaso, me sigue siendo útil. Con ellos, también toda mi lógica aristotélica, cartesiana y por ende, los cimientos de lo que creía conocer. Yo, como Tomás de Aquino, estaba convencido de que había realidades objetivas -y también subjetivas- susceptibles de ser conocidas mediante el uso de la razón. Pero me han hecho trampas. Se ha apropiado de las palabras para prostituirlas.

Me acordé entonces de Aristocles. Aristocles era un un buen tipo. Y era más conocido por su apodo: “Platón” (el de las anchas espaldas) porque fué un tipo grandote y fornido. Era descendiente de una familia aristocrática, pija y mas bien facha y tuvo una educación esmerada en todos los ámbitos del conocimiento. Su educación filosófica estuvo durante un cierto tiempo a cargo del filósofo Crátilo. Esto unido a que la mayor parte de su vida vivió con su padrastro más que con su propio padre Aristón, le libró de seguir ideas totalitarias. También había sido amigo del demócrata Pericles, por ello la educación de Platón no se orientó hacia un sentido manifiestamente antidemocrático, como profesaba gran parte de su familia.

Pertenecía a una familia muy relacionada con la política de Atenas y Platón parecía estar destinado a dedicarse a la acción política. Sus parientes más próximos, Cármides y Critias, participaron activamente en la dictadura de los treinta tiranos. De hecho, durante la dictadura, sus parientes Critias y Cármides le instaron a participar en tareas de gobierno, pero Platón declinó participar en ellas. Platón se negó a hacerse cómplice de una política totalitaria y liberticida, a la que calificó de “profundamente injusta”.

Pero la posterior restauración de la democracia fue un jarro de agua fría para Platón: bajo ella, mediante una acusación falsa, se ejecutó a Sócrates, el maestro y amigo, al cual consideraba el hombre más justo. Fue ejecutado injustamente pero, eso sí, con todas la garantías legales y democráticas…

Por ello, profundamente defraudado, viendo los nefastos resultados de una política que llevaba a la sociedad a la ruina moral y engendraba la injusticia (el totalitarismo y la demagogia), Platón se hizo más fuerte defensor aún de Sócrates y, como éste, consideraba que sólo el conocimiento de la justicia puede hacernos más justos, y el fundamento de la justicia y la posibilidad de su conocimiento deben encontrarse a partir de la filosofía. Aunque apartado de la vida política, nunca renunció a instaurar un Estado ideal. Esta orientación, no sólo está presente en todo su pensamiento, sino que lo llevó a intentar por tres veces, llevar a la práctica su proyecto en Siracusa.

No consiguió su objetivo pero, en el camino, se encontró con Euclides, Teodoro, Aristipo, y con los pitagóricos Filolao, Eurito y el gobernante y filósofo Arquitas de Tarento. De estos contactos se deriva buena parte de la orientación pitagorizante de la filosofía platónica. Es el Platón que conocemos: el enamorado de la Justicia sin apellidos.

Decía San Agustín que “amar es una locura, a menos que se ame con locura”. Pues yo quiero un Justicia así: a la que amar con locura. Porque la Justicia no es más que una forma de amor. Amar con un amor adolescente, entre sueños de oxitocina y vasopresina, con ilusiones y proyectos de paraísos futuros. Una Justicia, como dije, sin apellidos. Nunca más una justicia “social”, “política”, “del pueblo” o “de estado”. No. La quiero pura, natural, simple e inteligible.

Yo, a resultas de todo esto, me convencí que solo el Amor a la Justicia, que no a la Ley, puede hacer verdadera a esta. Las leyes, que pueden ser instrumentos al servicio de esta, son la mayoría de las veces instrumentos al servicio de unos pocos, para desgracia de muchos. De hecho, grandísimas barrabasadas de la historia, se han hecho muchas veces bajo el “amparo de la ley”… Por eso, Justicia: solo Justicia.