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viernes, marzo 5, 2021

El COVID-19 y la renta básica incondicional

Mucho se habla en los últimos tiempos de una “renta básica de cuarentena”, como respuesta de emergencia a la creciente precariedad económica de cada vez más gente. 

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Pero, ¿de qué tipo de renta básica se habla? ¿Una que sólo va a ir a desempleados, o a personas por debajo del umbral de la pobreza?

Entonces estamos refiriéndonos a una renta básica condicionada. Y, como decía Scott Santens en un reciente artículo: “La forma más rápida posible de hacer llegar dinero a la gente es decidir un número y enviarlo a todo el mundo sin ninguna condición. Esta estrategia ahorraría semanas y miles de millones de dólares. Y lo más importante, literalmente salvaría vidas. La segunda razón más importante para la plena universalidad es la necesidad de eliminar los errores de exclusión. Esencialmente, siempre que trazamos una línea para dividir a las personas “merecedoras” y “no merecedoras”, introducimos dos tipos de errores. El primer tipo de error es un falso positivo. Es cuando alguien pasa la prueba y no debería haberlo hecho. El segundo tipo de error es un falso negativo. Es cuando alguien falla la prueba y debería haberla pasado. Esto es lo que significan estos errores en términos humanos debido a la línea que trazamos. Una persona recibirá un cheque que no necesitaba realmente. Otra persona que lo necesitaba desesperadamente no recibirá el cheque. El primero podría ser visto como innecesario mientras que el segundo podría ser fatal. Hay gente que podría morir. Estos errores ocurren todo el tiempo en todo el mundo.”

Como ya se ha puesto de manifiesto demasiadas veces, las rentas condicionadas dejan fuera a muchísima gente que las necesita, porque no cumple alguno de los requisitos que se imponen. El diario El País, en un artículo publicado el 31 de octubre de 2019 decía: “Disminuye por tercer año consecutivo el número de hogares en riesgo de pobreza que reciben la renta mínima de inserción, la última red de protección para quienes han agotado el resto de recursos. En 2018 se beneficiaron 100.000 personas menos que en 2017, es decir, casi 20.000 hogares menos, pese a que la tasa de riesgo de pobreza se mantuvo prácticamente estable en este periodo —solo cayó seis décimas, del 19,7% al 19,1%—, según el informe que publicó ayer martes el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.”

Y Julen Bollaín y Daniel Raventós ya enumeraron las múltiples limitaciones de las rentas mínimas en un artículo publicado en Sin Permiso en enero de 2019, donde analizaban su eficacia y examinaban sus limitaciones (restricciones presupuestarias, errores de cobertura, estigmatización de las personas beneficiarias, costes de administración y trampa de la pobreza).

Sorprende que incluso gente de la derecha abogue en estos días por la concesión de una renta básica universal, si bien se trata de una renta básica de cuarentena, que sería otorgada durante unos pocos meses. Toni Roldán, ex-diputado de Ciudadanos, escribe en El País el 31 de marzo de 2020: “Una renta de este tipo [una renta básica universal] ofrece tres ventajas fundamentales: es simple, inmediata y llega a todo el mundo. Se podría activar de forma casi automática, cubriría a todos los que lo necesitan y ahorraría miles de horas de trámites y burocracia. En tiempos normales, el coste “de asegurarse que recibe el dinero quien más lo necesita” es asumible. Ahora la inmediatez es esencial… Es muy difícil encontrar una ayuda perfecta. En este caso el valor de la inmediatez y la simplicidad es enorme. Por eso, una “renta básica universal para la pandemia” debería considerarse muy seriamente en el menú de opciones que estén barajando los Gobiernos.”

Sin embargo, aunque ahora haya que adoptar medidas de urgencia para aliviar la enorme carencia de muchas personas, es preciso recordar que la crisis económica que vivimos en estos momentos viene de muy atrás y va a continuar -o, posiblemente, empeorar- en los tiempos venideros.

Es por eso que, si analizamos los acontecimientos con perspectiva, más que proponer medidas-parche, que paliarán los efectos en un breve lapso de tiempo, hay que abordar de una vez por todas las cosas de raíz y exigir una solución que garantice, por fin, la subsistencia material de la gente y le permita cierta libertad para abocarse al desarrollo de su verdadera vocación: la renta básica incondicional, universal, individual y suficiente. Y para siempre, permanente. Y hoy, más que nunca, es perfectamente viable esta propuesta.

 

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