La mediación juvenil, una herramienta desconocida pero muy útil en procesos judiciales

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Por: Andrea Barbagelata Pazos

¿Realmente conocemos todos los recursos de los que disponemos para enfrentarnos a un problema judicial? Debido a que no es algo en lo que nos veamos envueltos de manera cotidiana, herramientas como la mediación, son grandes desconocidas.

La mediación es un mecanismo de resolución de conflictos, en el cual un tercero imparcial busca facilitar la comunicación entre dos partes para que sean capaces de resolver un problema y obtener una solución en la que ambos obtengan un beneficio.

Es de carácter voluntario y todos podemos acceder a ella en caso de necesitarla, siempre que la parte contraria esté también de acuerdo.

En cuanto a la mediación juvenil, es un proceso relativamente nuevo y diferente de los procesos judiciales a los que estamos normalmente acostumbrados, que sirve para resolver conflictos o dar respuesta a delitos cometidos por menores.

Desde el punto de vista del trabajo social, y teniendo en cuenta que es un contexto en el cual van implicados jóvenes, resulta mucho más beneficioso que un proceso habitual, ya que no solo reduce los costes económicos y psicológicos para la persona, si no que permite que el menor se responsabilice de los actos que ha cometido, tome conciencia de la importancia y las consecuencias de los mismos, y reflexione sobre su conducta y se pregunte que le ha llevado a esa situación o a actuar de ese modo. Además, permite que el individuo pueda asumir la culpa, pero también disculparse por lo que ha hecho. Es una experiencia mucho más directa, en la que la implicación emocional es mucho más elevada que un transcurso judicial y, por tanto, el grado de experiencia, aprendizaje y educación que se alcanza también es mucho mayor.

En cuanto a la víctima, este proceso también puede resultar mucho más adecuado para aliviar los daños a nivel emocional, ya que la base de este proceso es el diálogo, la atención y la escucha, por lo que la víctima, dispone de un espacio seguro en el que podrá expresar sus sentimientos, dudas, miedos, el daño que ha sufrido, que espera o le gustaría conseguir tras la mediación, y un largo etc.

En conclusión, final, y como futura trabajadora social a la que le interesa especialmente este campo, considero que es un proceso con muchas ventajas para ambas partes y que supone una manera cordial y “amistosa” de resolver un conflicto, ya que la sanción penal da respuesta al hecho, pero no siempre lo resuelve, ni es la mejor solución.

La mediación, por tanto, hace posible que el proceso sea mucho más ágil, y se ponga en práctica capacidades como la comunicación, la escucha activa, la tolerancia, el respeto y la responsabilidad, convirtiéndose así, en una herramienta muy útil y que todos deberíamos conocer e incorporar en futuros recursos.