Los limones y la libertad

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Siempre, desde pequeño, me gustaba mirar los detallados mapas de España y Europa que alegraban los fríos textos de Geografía de la extinta EGB. Desataban mi imaginación, ayudada por unas fotografías de lugares que llevaban adosadas un pie de foto con citas de algún lugareño ilustrado. Pero había una zona “misteriosa” en los mapas: los Pirineos. Tras ellos, solo aparecía un nombre sin mas referencias: Toulouse. ¡Más misterio! Yo sabía que Francia debía estar más poblada, y que sería más grande y diversa que el París de Alain Delon o Briguitte Bardot. Y me interesaba sobre todo, aquel supuesto vacío en el mapa, justo detrás de los Pirineos. Porque en las películas, en la radio, en casa, se hablaba de un “más allá de los pirineos” como la entrada a otro mundo, a otra vida.

No engañéis a los niños.

Yo ya sabía que “tras los Pirineos” se encontraban París, Londres, Berlín o Nueva York. Porque en el ideario colectivo, América también se encontraba tras los Pirineos. Y también sospechaba que a lo largo de esa línea imaginaria que unía Biarritz con Perpigñan, vivía gente y ocurrían cosas que no eran las vacaciones de los famosos en la Costa Azul ni los desfiles de París.

La “otra línea” del mapa, Portugal, solo parecía estar poblada en Lisboa y Oporto, pero en este caso yo sabía con seguridad que, al menos, había dos sitios más en los que vivía gente: Valença, entrando por Tuy, y Vila Real de Santo Antonio, por Ayamonte. Lo sabía por las excursiones de mis padres y sus amigos a la zona, en las que mi papá se dedicaba a comprar café, vino y tabaco y mi mamá y sus amigas, arrasaban como posesas las tiendas de ropa de hogar, como si el apocalipsis de la industria textil fuese un hecho inminente. No. Portugal no me parecía nada misterioso.

Curiosidad…

En cambio, aquella otra “zona muerta” del mapa… ¡Siguió alimentando mi imaginación durante años! Empecé conocer algo más de este misterioso lugar con la enciclopedia de casa y con el mapa de carreteras de Europa que regalaba una marca de neumáticos. También descubrí que a los Pirineos se le podía hacer trampas y bordearlos por sus extremos. Esto me lo enseñó Josep Pla, junto con la receta para una buena caldereta a bordo y la del conejo a la brasa con ali-oli, cuando me enroló en un balandro de contrabandistas que traían, desde Perpiñan, medias de seda, perfumes y otras preciadas manufacturas francesas a la entonces pobre bahía de Cadaqués.

Vagabundeando…

En este mes de Agosto he vuelto, una vez más, a vagabundear por estas tierras en busca de un “nosequé” que colme para siempre mi curiosidad de niño sobre lo que hay detrás de esa tapia vertiginosa que llamamos Pirineos. Entrando por la antigua carretera Desde Bayona, atravesando los obscuros bosques del país vasco-francés, zizagueando sin rumbo ni tiempo, a la espera de lo extraordinario, de lo misterioso o lo trascendente: Pau, Tarbes, Lourdes, Toulouse, Carcasonne, Aux… Hasta “oler” el Mediterráneo

…y aprendiendo.

Y efectivamente me sorprendí encontrándome con quien no buscaba y en donde no buscaba. Mientras, a la vez, encontraba lo que buscaba en donde lo buscaba y que contaré de forma mas extensa mas adelante, Dios mediante.

Ocurrió que me encontré con Carlomagno. Pero no en cualquier sitio. No en un área de servicio de la D64, ni en una pastiserie de Tolouse, ni siquiera cazando venados por los poblados bosques de la zona… No, me lo encontré en la bandera y escudo de la Ville de Lourdes.

Veréis. Resulta que me contaron que cuando Carlomagno volvió de sus aventurillas poco acertadas por la Hispania de entonces, tuvo tiempo aún de recibir otra buena zurra en Roncesvalles. Empezó entonces a pensar que mejor se retiraba a descansar, por si pasaba mientras tanto su mala racha. Se decidió por Lourdes y, cuando llegó, se la encontró ocupada por los Musulmanes. Puso entonces sitio a la plaza y castillo ocupado por los musulmanes, que estaban al mando de Mirat.

La leyenda o historia narra que, durante el sitio un águila gigante llevaba en su pico una trucha enorme recien pescada que dejó caer sobre los sitiados. Mirat, tipo listo, recogió la trucha y se la envió como regalo a Carlomagno, asegurándole así que tenían víveres suficientes y acceso al río para resistir el asedio, por lo que este era inútil. Carlomagno lo creyó pero, hombre de fe, prefirió mandar al Obispo de Tarbes, Mon. Turpin, a entrevistarse con el jefe de la fortaleza. El resultado fue que el musulmán se convirtió al cristianismo con gran parte de su ejército y que tiempo después fue bautizado. El apellido Turpin sigue presente en la comarca actualmente.

Heráldica

 

Como consecuencia de esta leyenda el blasón de la ciudad de Lourdes está representado por un escudo de gules con 3 torres negras almenadas sobre una roca de plata. Un águila negra con las alas abiertas y con una trucha de plata en su pico vuela por encima de la torre mediana; punta en azul con 6 montes que separan los 7 valles de Lavedan bañados por el río Gave.

 

Recursos

Esta historia me hace reflexionar sobre lo que define a las gentes de este lado de la tapia pireaica: la utilización de los recursos disponibles, no ya hasta la óptima utilización, sino hasta la exquisitez estética y formal partiendo de lo sencillo. Lo noto, ya en las elaboradísimas recetas culinarias, que parten siempre de productos sencillos, hasta en la arquitectura tradicional (que aún se resiste a desaparecer) que utiliza exquisitamente los elementos disponibles. Así nos encontramos ciudades monumentales hechas de ladrillo, como Toulouse, -la ciudad rosa la llaman por ello- porque barro y arcilla es lo que tiene el Garona que la atraviesa; ciudades hechas de cantos rodados, con la técnica de tapial, porque piedras y cantos tiene el rio Azur que circunda a Tarbes; o ciudades de piedra y madera como Lourdes, en donde es el material mas evidente y disponible para cualquiera que escudriñe un poco el paisaje.

Limones

Si. Eso me ha enseñado Carlomagno y estas gentes. Que, como el viejo dicho recuerda, “si te dan limones, haz limonada”. Pero a estas gentes, si les das limones, te hacen limonada, mermelada de limón, pastel de limón, mousse de limón… ¡y te organiza unas jornadas lúdico-festivas sobre todo ello! Eso es lo que había, entre otras cosas, “mas allá de los Pirineos”. Actitud vital que contrasta con la evidente decadencia y abandono de muchas de sus poblaciones…

Libertad

No importa si la vida te da limones, piedras, barro u obispos. Con lo que nos da, seguro que podemos hacer mas cosas que limonada. Solo se trata de gestionar la libertad. La libertad y, por supuesto, los limones.

(Seguirá…)