La vanidad

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Por encima de multitud de tejados, la pasada noche,
decidió corretear con plena libertad sin lastre, la tan
traída y llevada amiga nuestra “la vanidad”.
Ella, mostraba cierto recato, pero su afán de notoriedad,
la dominaba completamente.
Deambulaba, haciendo acopio de besos y suspiros,
escapados por las rendijas de esas ventanas entreabiertas
en plena noche veraniega.
¿Acaso pretendía romper el encanto del viejo alquimista,
al presenciar el color del oro o la plata a pesar de ser
irreal?.
¡Ríndete!! deja que siga su camino el amor depositado,
en esas almas nobles, que han solicitado su presencia.