Escalera hacia el cielo

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Dijo Benjamín Franklin que “La democracia son dos lobos y un cordero votando sobre qué se va a comer. La libertad es un cordero bien armado impugnando la votación.”

Estas consideraciones aún no pululaban por mis entendederas en 1.982. Fue un año en el que estrené mayoría de edad y carnet de conducir. Reestrené de paso una vieja furgoneta Ebro, con la que me puse en un plis-plas en Madrid. Fui al difunto estadio Vicente Calderón a oír a los Rolling Stones.

Fue un concierto memorable, bajo una tormenta atroz, que parecía diseñada al detalle por un genio de los efectos especiales. La lluvia, la música, los miles de globos que cayeron de pronto sobre un público absolutamente entregado y poseído, rayos y truenos… ¡Una orgía de luz, sonido y emociones!

Recuerdo, a la salida, ir a buscar un baño. No podía entrar. Había una unidad de emergencias atendiendo a una chica que se encontraba mal. Murió más tarde, según me dijeron, de una sobredosis. Cuando por fin pude acceder a uno de los servicios, me encontré camisetas y otras prendas más íntimas, con el Naranjito impreso y, abandonadas por todas partesinfinidad de jeringuillas usadas…
Lobos y corderos.
En ese instante una certeza, difusa e inconcreta aún, se instaló en mi para siempre: la constatación de la enorme capacidad que tiene “el poder” para institucionalizar las revoluciones y sacar tajada del procesoEn ese momento comprendí que, desde la “rebeldía” de consumir drogas, a oponerse al arte “formal”, o cuestionar cualquier principio de autoridad y proponer fórmulas alternativas en la política, la sociedad o la supervivencia, terminaba siempre engrosando las abultadas cuentas corrientes de obscuros personajes. No eramos más que unos corderos proponiendo a los lobos un menú alternativo…
Rebeldía.
Pero aún había rebeldía, deseos de mejorar. Hoy, en cambio, solo veo miedo y docilidad. Nunca antes los jóvenes, se habían sumado tan fervientemente a todas y cada una de las “luchas” que se diseñan desde los despachos que, a su vez, crean la injusticia que se pretende combatir. No es asunto baladí que las ONG´s sean  el 8º motor económico mas poderoso del planeta. Tampoco es gratuito recordar que en la financiación de muchas -las mas poderosas- el peso de las subvenciones de los gobiernos es muy importante. Sin olvidar las directamente financiadas por grandes empresas y corporaciones.


Pero… ¡ojo! no podemos subestimar su importancia: su trabajo en sectores donde la Administración no llega -porque no puede o no quiere- se ha convertido en vital para “coser” las heridas sociales, ambientales o personales  que deja el progreso en su imparable camino. Aún así, debo tener claro que, en multitud de casos, el círculo esta perfectamente diseñado, cerrado y ensamblado: los que crean el problema, financian a quienes lo arreglan -nunca del todo-, obteniendo una impagable publicidad y, lo más importante, se constituyen en “sacerdotes” de un nuevo culto: el bien común..Si. sacerdote de una nueva religión en donde las “verdades morales” surgen del consenso -nadie sabe entre quienes- , no del estudio, la experiencia, la reflexión y la investigación.

Estas premisas son asumidas por los gobiernos sin rechistar, dedicando ingentes cantidades de dinero y recursos, censurando duramente al discrepante y olvidando el lo fundamental de la experiencia humana:que  todo progreso ha sido siempre impulsado por quien discrepa de lo establecido. Y que suelen ser perseguidos. Porque el que discrepa, nos asusta. Nos remueve la comodidad de nuestras opiniones. Opiniones que, hoy,  ya se nos dan precocinadas y hasta precalentadas en las obscuras cocinas de los grupos de poder.

Voy a hacer memoria. El pescado azul, la carne de cerdo, el fin del petróleo, el holocausto nuclear, la superpoblación del planeta, la capa de ozono… Se me ocurren muchas más. Pero basten de ejemplo para resaltar lo que tienen en común: dan miedo. Y con un pueblo asustado se pueden implementar políticas, prohibiciones y expropiaciones del trabajo, que personas libres e informadas jamás aceptarían. Por eso siempre es conveniente seguir el rastro del dinero. Porque quien paga, manda.
Escalera hacia el cielo.

Yo, aquel día del ´82, salí un poco insatisfecho del “Satisfaction” de los Rollig Stones. Porque parecía todo dirigido y manipulado y, aunque yo no hacía demasiados ascos por aquella época al “sexo, droga y rock´n roll”, no podía dejar de pensar que la muerte de aquella chica, no tenía nada de sacrificio, ni de heroico, ni llevaba más que al abismo de los idiotas. Por eso prestaba mas atención a gente como Led Zeppelin: ellos me contaban la historia de una chica tan rica que creyó poder comprar una “Escalera hacia el Cielo”. Lo que encontró fue que hay dos caminos y que, si se está vivo, siempre se puede cambiar de ruta. No quise nunca más que mi vida fuese una piedra rodante: me puse en el trabajo de ser, en cambio, una roca firme. Pero eso ya son historias para otros libros…