PACMA expone su versión sobre las circunstancias que rodearon la eutanasia de Flavia

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  • Hoy se cumplen dos meses de la muerte de Flavia, la elefanta que vivió cuarenta y tres años aislada y recluida en el Zoo de Córdoba.
  • La acción que puso en marcha PACMA para conseguir el traslado de Flavia a un Santuario, uno de los proyectos más ambiciosos del Partido Animalista
  • PACMA cree que el deterioro en la salud de Flavia se debió a años de desatención por parte del Zoo de Córdoba

Hoy se cumplen dos meses desde que el Ayuntamiento de Córdoba comunicase oficialmente que Flavia, la elefanta más triste del mundo, había sido sedada y posteriormente eutanasiada. Tras una vida de soledad y cautiverio en el zoo de Córdoba, PACMA  quiere expone el relato de los hechos que llevaron a su triste muerte:

En noviembre de 2017 el Partido Animalista lanza una campaña de denuncia sobre la injusta situación de soledad y abandono que vive Flavia, la conocida como elefanta más triste del mundo. Flavia vivía recluida en un espacio limitado del zoo de Córdoba desde su llegada en 1976. La soledad, las malas condiciones de salud y la falta de atención, así como su mirada triste desde el otro lado del foso de su recinto,  se convirtieron en símbolo del sufrimiento de millones de animales encerrados en los zoológicos de todo el planeta, auténticas cárceles para los animales.

Un año después de la campaña de denuncia lanzada por PACMA, en noviembre de 2108, se consiguió abrir una vía de colaboración con el zoo para que este, así como el Ayuntamiento, permitiesen la visita de un equipo de especialistas dedicados al cuidado de elefantes y fauna salvaje.  Se solicita a los responsables técnicos del  Ayuntamiento y del  Zoo de Córdoba una evaluación del estado de salud, condiciones, cuidados y entorno de Flavia. El objetivo de PACMA era conseguir que Flavia pudiera vivir sus últimos años de vida en un Santuario, en libertad y junto con otros de sus semejantes.

Los esfuerzos de PACMA son inmensos en lo material, humano y económico. El Partido Animalista consigue recabar informes de renombrados especialistas en cuidado y conservación de paquidermos. Desplaza un equipo veterinario y técnico al zoológico que visita a Flavia y solicita documentación y pruebas diagnósticas sobre la salud de la elefanta. Pese a todo, algunos responsables del equipo del parque zoológico no paran de poner trabas al esfuerzo de PACMA y de aquellos que quieren lo mejor para Flavia. Esto hace perder un tiempo precioso para la salvación de la elefanta más triste del mundo.

Después del fatal desenlace, PACMA quiere que se sepa toda la verdad sobre lo sucedido. En el reportaje que encontraréis a continuación os desvelamos toda la verdad sobre la vida y muerte de Flavia.

Toda la verdad sobre la vida y muerte de Flavia, la elefanta más triste del mundo

La noticia más triste

El pasado 1 de marzo, en rueda de prensa, la Delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Córdoba, Amparo Pernichi, hacía pública la más triste de las noticias sobre la elefanta Flavia. Según declaraba Pernichi, ese mismo día sobre las 6 de la mañana, Flavia se había tumbado. Al observar que no había posibilidad de levantarla y debido al reciente empeoramiento en su estado de salud, «se le ha administrado un suero para evitarle el sufrimiento y, cuando ya se ha quedado dormida, se le ha administrado otro suero para que tuviera una muerte lo más digna posible». Así se ponía fin a los cuarenta y tres años de reclusión de Flavia en el zoo de Córdoba.

Flavia no nació en cautividad. Mucho antes de que los niños de la ciudad de Córdoba le pusieran ese nombre, Flavia era una cría de elefante asiático que vivía una vida salvaje y en libertad en algún lugar de India. Aunque no sabemos con exactitud dónde la capturaron, todo apunta a que llegó desde Bombay (India) a Ámsterdam. No es difícil imaginar qué fue lo que pasó. Una cría de uno o dos años de edad, capturada con violencia en la selva, separada de su madre y del resto de su manada, a las que nunca más volvería a ver. Tampoco sabemos qué pudo pasar con el resto de la familia de Flavia, si también fueron apresados o si los mataron para conseguir capturar a Flavia. Lo único que podemos asegurar es que todo aquello debió quedar grabado en la memoria de Flavia como algo extremadamente traumático.

El personal del Zoo de Córdoba solía contar como algo anecdótico que Flavia se asustaba cuando pasaba un helicóptero o una avioneta. Este detalle, lejos de ser divertido, demuestra hasta qué punto Flavia quedó marcada en su infancia y para el resto de su vida. El ruido de las hélices del avión que la transportó hasta Europa siendo solo una cría o el sonido del rotor del helicóptero con el que persiguieron a su manada para poder capturarla eran recuerdos que provocaban en Flavia un inmenso terror. Si Flavia hubiera sido humana habríamos dicho que sufría síndrome de estrés postraumático.

Flavia llegó al Zoo de Córdoba en marzo de 1976 para sustituir a otro elefante que murió en 1970. El Zoo y el Ayuntamiento pagaron las 291.000 pesetas (unos 1.800 euros) que costó comprarla. Desde ese momento hasta que murió hace apenas dos meses, su vida ha sido la soledad en un recinto que, según los especialistas consultados «es un espacio anticuado y no puede ser considerado bueno para la salud y el bienestar de Flavia». Durante casi tres décadas los únicos datos que se conservan sobre Flavia son las fotos de los visitantes y los recuerdos de los niños y niñas que pasaron por el zoo. De hecho, no se tiene constancia de registros oficiales ni archivos sobre ella o sobre su historial veterinario desde 1976 hasta 2003. En ese año se registran las primeras vacunaciones y desparasitaciones. Es imposible saber si la falta de registro supone también que durante todo ese periodo no tuvo cuidados veterinarios. Pero el estado avanzado de su osteoartrosis y la degeneración de sus articulaciones solo podrían responder a falta de atención veterinaria continuada.

 

Una pequeña luz en el infierno

En 2012 se comienza a realizar el entrenamiento clínico por primera vez, y no es hasta 2013 cuando se le comienzan a arreglar las uñas y las patas de forma periódica. Estos dos procedimientos son parte imprescindible en el cuidado y mantenimiento sanitario de los elefantes en cautividad, y así lo recogen las recomendaciones de BIAZA, la asociación británica de zoos y acuarios, referente mundial en lo relativo a conservación de animales salvajes en cautividad.

Todo esto da la medida de cuál fue el nivel de dejadez en el cuidado y bienestar de Flavia y del resto de sus compañeros en el zoo de Córdoba. Desde su inauguración hasta que se volvió a abrir al público en 2006, tras cuatro años de reformas, el zoo se gestionó de forma errática y casi negligente. Prueba de ello es la larga lista de muertes de animales que han tenido lugar en él. Algunas, tremendamente polémicas como la de los dos jaguares abatidos a tiros en 1990 o la muerte de una cría de canguro albino poco después de la reapertura. La mayoría de estas muertes, como la de Flavia, se pueden achacar a la falta de personal y a la escasa preparación, en algunos casos, de la poca mano de obra con la que cuentan. Sirva como ejemplo el entrenamiento clínico, que normalmente se realiza a diario, y en el caso de Flavia, debido a los cuidados especiales que requería un absceso en su pata, se necesitaba incluso dos veces diarias.  Sin embargo Flavia solo lo recibía una vez cada dos semanas aproximadamente por falta de personal. En agosto de 2009, el diario ABC entrevistaba a uno de los cuidadores del Zoo. En la entrevista, el cuidador relata que su única experiencia con animales consistía en haberlos «tratado mucho en el campo» y aclaraba, «concretamente en un picadero».

A pesar de que se le comienzan a aplicar cuidados en 2012, la falta de atención especializada durante tanto tiempo, la soledad y el aislamiento de Flavia hacen que su apariencia física comience a verse mermada. Su salud mental se mantiene en buenas condiciones, pues no ha desarrollado ni estereotipias ni comportamientos dañinos o autolesivos. Sin embargo, el deterioro de sus articulaciones es evidente. Tiene dificultades para caminar, cojea, arrastra una antigua dolencia que le impide doblar una de sus rodillas, se apoya en las paredes de su recinto para evitar sostenerse directamente sobre sus patas doloridas. En noviembre de 2017, PACMA inicia una campaña de denuncia sobre la situación de Flavia.