Javier Padilla recupera ‘La historia de amor más trágica de la Transición’: “Esta época tuvo cosas muy oscuras”

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El escritor malagueño Javier Padilla publica ‘A finales de enero’ (Tusquets), premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias, que recupera la historia de Enrique Ruano, Francisco Javier Sauquillo y Dolores González, tres jóvenes estudiantes que sufrieron las consecuencias terribles de los últimos años del franquismo e inicios de la Transición en España.

Bajo el subtítulo de ‘La historia de amor más trágica de la Transición’, Padilla ha defendido en una entrevista con Europa Press que este libro “no es un cuestionamiento” de esta etapa reciente de España, si bien entiende que “haya motivos para pensar que la Transición tuvo cosas muy oscuras”.

Enrique Ruano, pareja de Lola y amigo de Javier Sauquillo en el año 1969, falleció en extrañas circunstancias en un interrogatorio policial, aunque la versión oficial hablaba de un suicidio. Posteriormente, en el año 1977 y ya con Lola y Javier como pareja, falleció este último en la matanza de Atocha, tratando de salvar a Lola.

“Mi opinión de la Transición es relativamente buena, pero el libro habla de esos momentos oscuros: no fue un fraude, pero tuvo momentos terribles. Los últimos años del franquismo y los primeros tras la muerte de Franco fueron violentos y hubo gente que quedó en el camino por hacer cosas que no eran violentas ni revolucionarias”, ha lamentado el autor.

De hecho, Padilla ha recordado que esta obra, un estudio minucioso de documentos de la época sumado a testimonios de personas cercanas, no pretende ese “cuestionamiento”, si bien “hay que entender que a Lola, por ejemplo, no le hiciera mucha gracia”.

Así, ‘A finales de enero’ pone en tela de juicio tanto la participación de poderes públicos que trataron de tapar las dos muertes, como la ‘mano blanda’ que se aplicó a los implicados en los distintos juicios. “La actuación de Fraga –que por entonces era ministro de Información y Turismo– da para pensar que, como mínimo, no hay motivos para que tenga una sala en el Congreso de los Diputados”, ha criticado.

Con la ayuda de familiares de las víctimas, Padilla traza un triste relato de unas vidas de tres estudiantes para los que “con total seguridad, esa lucha contra el franquismo no mereció la pena”. A las muertes de Enrique y Javier, se sumaron los últimos años depresivos de Lola, que pasó por diversas hospitalizaciones “tratando de superar su pasado, algo que nunca consiguió”.

LOS ‘OLVIDADOS’ DEL FRANQUISMO

Este capítulo de la Historia reciente española podría formar parte de esos capítulos ‘olvidados’, incluyendo a las víctimas. “En España –y seguramente en otros lugares– hubo gente con vidas que seguramente tendrían que ser más recordadas”, ha reiterado el autor, quien cree que es una obligación tanto del Estado como de los investigadores la de “no mirar hacia otro lado”.

“El objetivo debe de ser siempre saber la verdad. Si eso implica que personas que tenemos muy idolatradas caigan de su pedestal, es un coste a pagar. Mirar a otro lado me parece absurdo: es básico que las familias de las víctimas sepan y el Estado tendría que hacer todo lo posible”, ha añadido.

¿CASOS CERRADOS?

Tanto la muerte de Enrique Ruano como la de Javier Sauquillo han dejado algunas incógnitas por el camino. “En el caso de Enrique, que a nivel judicial sí está cerrado –la versión del suicidio era bastante difícil de sostener–, queda por saber cómo fue exactamente la muerte, pero parece algo imposible porque tendrían que hablar los policías que estuvieron allí”, ha lamentado.

“Con Javier, a diferencia de lo que creía Lola, yo no creo que el PC estuviera detrás, por ejemplo. Creo que se han dicho muchas tonterías y teorías conspiranoicas sobre la matanza de Atocha. Aquí queda por saber cuál era el objetivo último de los asesinos: ¿qué querían hacer exactamente? Yo no me quiero mojar, porque no sé la respuesta, pero creo que nadie la sabe”, ha concluido.