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sábado, febrero 27, 2021

Defensas niegan que acusados quisieran matar al joven de 22 años que medió en una pelea en 2017

Un jurado popular juzga esta semana a cuatro acusados, un quinto está en rebeldía, en relación con la muerte en abril de 2017 de un joven que acababa de cumplir 22 años.

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Las defensas de dos acusados de asesinar al joven Pablo Podadera, que medió en una pelea en Málaga capital a la salida de una discoteca han negado este lunes que sus clientes quisieran o tuvieran con su acción la intención de acabar con la vida de la víctima, señalando que todo se produjo en el transcurso de una reyerta en la calle.

Además, los letrados de los otros dos acusados de encubrimiento rechazan que sus representados cometieran delito.

Un jurado popular juzga esta semana a cuatro acusados, un quinto está en rebeldía, en relación con la muerte en abril de 2017 de un joven que acababa de cumplir 22 años. La vista oral ha comenzado este lunes con los alegatos iniciales de las partes, acusaciones y defensas, y la previsión es que las declaraciones de los procesados tengan lugar este martes.

El día de los hechos, la víctima salió con unos amigos para celebrar sus 22 años y fueron a un local, donde, según el fiscal, estaban los acusados: uno de ellos trabajaba de portero del bar y los otros cuatro se fueron encontrando en el lugar. Cuando el joven salió y vio una fuerte discusión, medio para “tratar de apaciguar los ánimos”, dice el escrito provisional de la acusación pública.

Así, puso una mano en el torso de un procesado, según las conclusiones iniciales del fiscal, a las que ha tenido acceso Europa Press, momento en el que recibió desde detrás “de forma totalmente sorpresiva violentos puñetazos” supuestamente por parte de dos de los acusados “con la intención de matarlo dada su envergadura, potencia y destino de los golpes”, que impactaron en la cabeza de la víctima, la cual recibió luego en el suelo más golpes, tras lo que falleció.

Las defensas de los dos principales acusados han dicho este lunes que sus clientes admiten la participación en los hechos pero han considerado que no se trata de un asesinato –como dicen las acusaciones– sino de un delito de lesiones en concurso con otro de homicidio imprudente, ya que no tenían intención de matar ni actuaron de forma sorpresiva, añadiendo la circunstancia que atenúa la pena de consumo de alcohol y drogas; por lo que solicitan que se les impongan dos años de prisión.

En este sentido, la letrada de uno de estos jóvenes ha insistido en que este no actuó de forma premeditada ni pensó que con dos puñetazos pudiera ocurrir lo que sucedió, señalando que fue una pelea a la que el fallecido se acercó “de forma voluntaria” y que su muerte fue “un cúmulo de circunstancias”, entre las que ha incluido el nivel de alcohol que tenía en el cuerpo, lo que “ayudó” al fatal desenlace.

Asimismo, las defensas de los otros dos acusados, en este caso como presuntos encubridores, piden que se les declare inocentes, al sostener que son ajenos a la agresión y que la actitud que tuvieron tras los hechos no constituyen delito alguno sino que fueron actos de “amistad”, que no entorpecieron la investigación, sino, al contrario, se mostraron dispuestos a colaborar.

La Fiscalía solicita 18 años de prisión para dos de los acusados de un delito de asesinato y dos años de cárcel para otros dos jóvenes por encubrimiento; mientras que la acusación particular, que representa a la familia del fallecido, eleva a 20 años de prisión la petición de pena para los dos principales procesados y pide también dos años de cárcel para los otros dos.

Para el ministerio fiscal, el joven estaba “indefenso y sin capacidad de reacción” cuando recibió los golpes dado el alcohol que había ingerido en la celebración de su cumpleaños, dice la acusación pública. Según la autopsia, el cuerpo presentaba varias lesiones craneales y una hemorragia cerebral masiva que “conduce a la muerte encefálica”.

Según el fiscal, tras los hechos, uno de estos acusados lleva a otro de los principales a su casa y le deja ropa porque la suya estaba llena de sangre, mientras que el portero del local, también procesado por encubrimiento, conocía a todos los intervinientes, pero “con la intención de evitar que los agentes los identificara, ocultó la identidad de los autores” y también que uno de ellos estaba dentro del local.

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