Arte para profanos: “La encajera” Jan Vermeer, 1639

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Si las oficinas del antiguo INEM, actual SAE (cambian las siglas; se mantiene la eficiencia), hubieran de alicatarse con azulejos motivadores para las personas desempleadas, sin duda, este pequeño lienzo de Vermeer se prestaría a ser la imagen perfecta para tan elevado fin. Además, sus pequeñas dimensiones, 24×20 cms, serían las idóneas para el azulejo perfecto.

La imagen podría considerarse una alegoría al trabajo bien hecho, pues la modelo está absolutamente concentrada y entregada a su labor, como encajera de bolillos. Aunque, en realidad, el tema de esta obra no estaba pensado para nuestro INEM, sino para la representación de las virtudes domésticas femeninas, un tema muy recurrente en el barroco holandés (afortunadamente, en las clases de feminismo radical no se estudia Historia del Arte, y, creo que por ese motivo, aún no han solicitado formalmente al Director del Museo del Louvre, donde se encuentra la obra, la retirada inmediata de la misma). Además, la virtud la amplía el artista con el librito que aparece sobre la mesa, que se cree que puede ser una biblia o un libro de oraciones.

Y la modelo no es una muchacha cualquiera, sino una joven de familia bien, que, aun abnegada en su labor, no deja que la fotografíen (perdón, que la retraten) con cualquier cosa, sino con un vestido elegante, de un amarillo dulce y resultón y con un tocado de pelo con el que, como buena futura esposa, debe ser y estar también siempre bella. Y es que así eran las cosas en el siglo XVII. Los futuros esposos de estas bellas burguesas, deberían de estar, más o menos por esa época, entre la oficialidad y los más valientes de los que luchaban contra las huestes de la monarquía española y contra la falta de tacto de personajes tan nuestros como el Duque de Alba, del que se dice que ejecutó a 18000 personas del tirón en una ciudad recién conquistada. De ahí que por esas tierras, aún a día de hoy, a los niños, en vez de asustarlos con el “coco”, se les asusta con el Duque de Alba. Con la Paz de Westfalia de 1648, las 7 Provincias Unidas del Norte se independizaron de España y constituyeron los Países Bajos. Las restantes 10 Provincias (Bélgica y Luxemburgo) permanecieron unidas a la Corona España, pero no por mucho tiempo más.

Sobre la forma de pintar de Vermeer, se cree que esta obra fue bocetada con una cámara oscura. Además, para algunos detalles utilizó pequeñas pinceladas puntillistas, provocando un ligero efecto de desenfoque, por lo cual fue una obra muy apreciada por el movimiento impresionista. Renoir la consideró como la pintura más bella del mundo.

Jan, o Johannes, Vermeer nació en la ciudad de Delft, en 1632. Murió a los 43 años, en 1675, con lo cual su producción artística no es muy extensa y, además, se han perdido muchas de sus obras, lo cual ha provocado, a su vez, que florezca el mercado de las falsificaciones atribuidas a él. Actualmente, sólo se conservan, o mejor dicho, sólo se le atribuyen unas 34 obras consideradas auténticas.

No se conoce mucho sobre la vida de Vermeer. Sólo que nació protestante, que se casó con una católica de familia rica y que en su matrimonio hubo bastantes discrepancias, fundamentalmente debidas a aspectos religiosos, aunque ello no fue óbice para tener una descendencia amplia: 15 hijos (en eso sí que se portó católicamente). En cambio, a su muerte, la fortuna no le debía de sonreír en absoluto, pues su viuda hubo de renunciar a su herencia con tal de librarse también de sus deudas.

Así que, si quiere saber más del artista, le recomiendo que no vea la película “La joven de la perla”, donde se imagina una supuesta relación del pintor con la modelo de su obra del mismo título que la película, la joven Griet, que interpreta nada más y nada menos que Scarlett Johansson. Sólo se conoce un posible autorretrato del pintor, en su obra “La alcahueta”, y lo cierto es que no se ve tan atractivo como el actor Colin Firth -que es quien hace de pintor-, ni la Johansson, americana de padre danés y madre con ancestros judíos bielorrusos, muy poco tiene de holandesa. Es más, se cree que nunca existió modelo alguna para esa obra, y es que la joven de la perla, a la que se le ha llegado a llamar la Mona Lisa del Norte de Europa, pudo haber sido una idealización de Vermeer. Teoría de lo más probable porque, en verdad, todos pensamos que las holandesas, salvo contadas excepciones, no son tan “Monas” (quizá, sólo de chiquititas). Y que nadie sienta esta afirmación mía como una antipatía hacia los holandeses. Porque, en verdad, a Holanda le debemos mucho: sobre todo, y lo más importante, haberles ganado la final del Mundial de Fútbol de 2010. ¡Y que viva Iniesta!

Paraqué