Arte para profanos: “Judith decapitando a Holofernes” Artemisia Gentileschi,1613-1620.

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Una artista que se autorretrata decapitando a un hombre poderoso es mucho más que la representación de un relato bíblico.

En el libro de Judith se cuenta que ésta era una bella viuda de la ciudad israelí de Betulia, asediada por el ejército asirio, cuyo general era Holofernes. Judith se entera de que éste se ha enamorado de ella. Con la ayuda de su criada, consigue llegar hasta la tienda de Holofernes, haciéndole creer que también estaba enamorada de él. Una vez en su lecho, le hace beber hasta emborracharse. Cuando Holofernes cae dormido, su criada le proporciona la espada con la que Judith lo decapita. Al salir de la tienda, mostrando victoriosa la cabeza de Holofernes, crea la confusión y el miedo en el ejército asirio, que es derrotado por el israelí. A Judith se la acoge como una heroína por su pueblo.

No era la primera ocasión en que se representaba esta escena en el mundo del arte. Pero sí destacó esta obra por su violencia, por el gesto impasible de Judith, por la sangre, por el rostro de horror de la cabeza decapitada. Más aún teniendo en cuenta que la autora de la obra contaba apenas 20 años cuando la pintó por primera vez. La biografía de la artista ayuda a entender la crudeza de la escena.

Artemisia Gentileschi nació en 1593 en Roma. Hija del pintor Orazio Gentileschi, de quien aprendió a perfeccionar su don artístico. Al serle negado a Artemisia, por ser mujer, la entrada en la Academia de Roma, su padre le buscó un preceptor para que continuara su formación: su compañero de profesión Agostino Tassi, quien le ayudaba en sus pinturas de frescos en un palacio romano. Esta elección supondría el suceso más trágico en la vida de Artemisia:

“Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no gritara … ”

Es el comienzo de cómo Artemisia relató ante el juzgado la violación que sufrió por Agostino Tassi, cuando ella tenía 18 años. Entonces, era normal lavar el honor de la víctima, casándola con su violador. Pero Tassi no podía casarse, porque ya lo estaba. En el juicio se hizo pasar a Artemisia por muchas pruebas para probar su acusación. Finalmente, Tassi sólo fue condenado al exilio de Roma durante 5 años. Al poco de la sentencia, su padre la casó con el pintor Pierantonio Stiattesi, y ambos partieron a la ciudad de origen de éste, a Florencia. Este cambio fue muy positivo para Artemisia, pues, al poco, consiguió entrar en la Accademia del Disegno, siendo la primera mujer en conseguirlo.

Y es en ese mismo año de 1613 cuando comienza su gran obra maestra: “Judith decapitando a Holofernes”. A este lo pinta con algunos rasgos de Agostino Tassi, su violador, y Judith la pinta de forma que parece un autorretrato, por su gran parecido hacia ella misma. Es por eso que los historiadores del Arte ven en esta obra la venganza de Artemisia a la agresión sexual que sufrió, lo que explica la violencia mostrada en la obra. Años después (1620), volverá a pintar esta misma escena, en un formato mayor, cambiando algunos colores y detalles, pero manteniendo la misma decisión y firmeza en el rostro de Judith para acabar con la vida de Holofernes.

El estilo de su pintura será el propio de los seguidores de Caravaggio. Aunque no comparable con los grandes de la época, los españoles Velázquez, Murillo o Ribera, Artemisia Gentileschi será una figura de primer orden en Italia.

En Florencia se convirtió en una pintora famosa. Tuvo varios hijos y, aunque con su marido la relación fue difícil, pues él resultó ser un mujeriego (ella también tuvo sus amantes), gozó de la protección de su familia como la de la familia Lomi, parientes de Orazio, su padre.

Terminó alejándose de su marido al volver a Roma, donde, entre otros amantes, se cuenta que también tuvo al embajador de España. En Roma pudo recuperar la relación con su padre, a quien después visitaría y ayudaría en los trabajos de éste en Inglaterra, donde él morirá en 1639 y ella finalizará sus trabajos pendientes. En 1642 se establece en Nápoles, donde será una artista reputada, hasta su muerte en 1655.

Fue la pintora más famosa del Barroco italiano. Pero el honor de ser la primera del Renacimiento recae en Sofonisba Anguissola (1532-1625). Lavinia Fontana, Fede Galizia y Marietta Robusti (hija de Tintoretto) son otras artistas famosas de esta época. Su figura se recuperó en el siglo XX. Se escribieron novelas y se filmaron películas sobre ella, pero son historias muy ficticias, muy alejadas de su biografía real, centradas más en su condición de mujer que en sus cualidades y su brillante producción artística.

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