El viaje de Melina (III), un relato de Eugenia Carrión

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Viaje de Melina III

La tía Fuensanta se llevó las manos a la cabeza al ver entrar en casa a Melina y Santi.

-¡Jesucristo! ¿Dónde habéis estado todo el día? ¿De dónde venís llenas de barro?

-Fuimos al cementerio y luego, a coger moras y chumbos – contestó Melina levantando las palmas de las manos.

-¡Si las tenéis llenas de espinas! ¡Los chumbos no se pueden tocar sin pincharse!

-Si los cogimos con dos palos… – dijo Santi.

-¿Y dónde están los chumbos?

-Nos los hemos comido y también las moras.

-¡Jesucristo! ¿Y con quién habéis estado?

-Con nadie.

-Pues me han dicho que anoche os vieron bailando en la caseta con unos niños, ¿quiénes son?

-Amigos… – dijo de nuevo Santi.

-¿Amigos? Tu padre no quiere que vayáis más con ellos, el pobre estaba muy preocupado y salió a buscaros. Vaya susto nos habéis metido… Porque está aquí tu prima, que si no, te quedabas sin feria. ¡Cómo tenéis las manos de espinas! Id al baño y lavaos las palmas con un estropajo. ¡Jesucristo, si te viera tu madre, Melina!

Esa noche las niñas llegaron a la puerta de la caseta como si las espinas se les hubieran clavado en el corazón. Los chicos estaban esperándolas. Chema saludó levantando la mano y sonrió sin dejar de mirar a Melina que bajó la cabeza.

-¿Y qué vamos a decirles, prima?

-No sé, pero pienso seguir viéndolos, a mí me caen bien, y a ti te gusta Chema – dijo Santi burlona.

-Pero tu padre dijo que si vuelven a vernos con ellos nos castigará sin feria.

-Ya se nos ocurrirá algo…

Cuando las chicas se acercaron, ellos les dieron un beso en la cara.

-¿Qué os pasa? Estáis muy serias. ¿Habéis visto algún fantasma en el cementerio? – dijo Luis.

-Es que mi padre no quiere que nos juntemos con vosotros – dijo Santi.

-¿Por qué no? ¿Qué hemos hecho de malo? – preguntó Chema.

-Dice que no os conocemos – contestó Melina.

Una chica con un vestido rojo muy ceñido y los ojos pintados se plantó frente a ellos con los brazos en jarras.

-Chema, ¿puedes venir un momento? Quiero hablar contigo.

El chico se puso pálido y se acercó a ella. La chica de rojo parecía enojada y aunque hablaba en voz alta las niñas no pudieron escuchar lo que le decía a Chema.

-¿Quién es esa? – dijo Santi a Luis.

-Era novia de Chema, pero él cortó anoche.

-¿Cuándo? Si estuvisteis con nosotras…

-Después de dejaros en casa, pasamos por el parque, y la vimos.

Chema permanecía callado mientras la chica de rojo le hablaba sin parar, solo negaba con la cabeza de vez en cuando. Unos minutos después él se dio media vuelta y se unió al grupo de su primo y las niñas.

-Está loca de remate, vámonos de aquí, ¿nos subimos en la noria?

La chica enfureció y gritó: -¡Chema, si no vienes esta noche, te vas a enterar!

El chico inclinó la cabeza y dijo dirigiéndose a Luis: -Quiere que vaya a las doce al parque a hablar con ella.

-¿Y vas a ir?

-No lo sé, yo nunca le pedí que fuera mi novia… – dijo Chema negando con la cabeza.

Los cuatro chicos subieron a la noria. El balcón de tita Antoñita estaba a oscuras pero al detenerse la noria vieron de nuevo las sombras de una pareja abrazada.

-Esa es nuestra prima Rocío, la que vimos esta mañana en el parque, pero va a casarse con otro.

-A veces, las cosas se complican, hay compromisos, quizás tu prima crea que no puede dar marcha atrás – comentó Chema.

Luego fueron a la caseta, en la barra pidieron unos refrescos. El camarero mirando a Melina le dijo a Chema: “¿Te gusta la chica, eh? Bésala y os invito a los cuatro a una ronda”. Chema le dio un beso en la cara. “¡Pero así no, como en las películas!”, añadió el camarero. El chico miró a Melina negando con la cabeza y pagó la cuenta. Los cuatro se sentaron y hablaron de lo que les gustaría hacer en el futuro. “Daría lo que fuera por quedarme aquí a vivir, no quiero marcharme pasado mañana”, comentó Chema. Sonó la canción “Amigo” de Roberto Carlos y pidió a Melina que bailara con él, ella asintió, y abrazados bailaron varias lentas seguidas hasta que Santi les interrumpió diciendo que eran las doce.

-¿Quieres ser mi novia? – preguntó Chema a Melina.

-Pero si te vas en dos días…

-Bueno, podemos escribirnos, ¿no?
Feelings, Morris Albert
Continuará…
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