Peter Pan, por Eugenia Carrión

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Todavía no acabo de creer que esta tarde Francisco firmara el acta sin rechistar. El notario nos dio la enhorabuena y añadió “No todas las parejas se separan así”.
–Lo que hace falta es que Francisco se busque una novia –le dije.
–Una novia ¿para qué? –preguntó Francisco.
−Para que seas feliz.
−Yo era feliz –respondió.
Me he venido a un kiosco del parque a tomar una cerveza y unas gambas cocidas. Me he levantado para retirar los platos porque en la mesa ya no cabían más moscas. Detrás, en otra mesa, dos hombres con gafas de sol me han mirado. Un niño llora en los columpios. No sé qué le pasa, es extranjero. Otro se llama como mi hijo. La niña que empuja parece su hermana. Mi hijo también tiene una. Lo descubrí estas navidades. La seguridad social me reclamaba un año de cotización por Felicia. Cuando me fui de casa con mi hijo olvidé darle de baja. Tenía que llevar su declaración jurada para que me levantaran el embargo. La llamé y sonó la misma música de “Me abrazaría al diablo sin dudar”, pero no contestó. A Francisco ya le había llamado para contarle lo del embargo y le llamé de nuevo por si él sabía en qué hospital trabajaba. Dijo que creía que en un geriátrico y me dio otro número. Felicia siguió sin contestar.
Al día siguiente fui a la oficina de filiación. El funcionario llamó a su móvil y contestó a la primera. Ella me dijo que no tenía inconveniente en firmarme los documentos, que la llamara más tarde. La llamé hasta aborrecer esa melodía de La oreja de Van Gogh. Pensé que tenía que haber una causa para que no quisiera hablar conmigo. Recordé la última vez que la llamé para felicitarla por el nacimiento de su hija, la sonrisa de Francisco mirándola en el cuarto de la plancha y que le dio el moisés de nuestro hijo. Por la mañana volví a llamarla y le dejé este mensaje en el contestador: “¿Crees que no sé de quién es tu hija?” Francisco tampoco contestó y le dejé otro mensaje: “¿Creéis que soy gilipollas? Si Felicia no me contesta en cinco minutos empiezo a publicar de quién es la niña”. Temblaba más que la noche que le dije a Francisco que me había enamorado de otro. En unos minutos me llamó Felicia. Dijo que acababa de llegar de Madrid y a la media hora tenía firmados los documentos.
Tendría que enviarle otro ultimátum a Francisco y decirle que deje de espiarme, pero no tengo pruebas. Una noche pusieron un programa de detectives en televisión.
−¿Un espía será muy caro?
−No puedes imaginar cuánto –me dijo.
−¿Cómo lo sabes?
−Porque te lo he puesto dos veces.
Me juró que era mentira pero recordé que ya no me registraba las llamadas del móvil, ni me hacía un cuestionario cada vez que salía. El pacto de seguir viviendo juntos por el niño se hizo insoportable. Una tarde que dormía la siesta, él se tendió a mi lado en la cama y esquivé sus labios. Saltó de la cama.
−Ya no puedo más.
−Ni yo tampoco.
−¿O te vas tú o me voy yo?
Una brisa movió la cortina y le dije:
−Me voy yo.
Sin embargo, ahí siguen esos dos tipos. Me siento la exiliada de un tango. Me dan ganas de decirles que dejen de espiarme como si fuera una traidora a la patria. La única alternativa es encerrarme en casa hasta que Peter Pan entre por mi balcón y volemos juntos al país de Para siempre.

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Nací en Málaga el 27 de enero de 1965, tengo tres hijos y trabajo como profesora de Religión en el colegio Novaschool Añoreta en rincón de la Victoria, Málaga. Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Religiosas. Participo en el periódico Paréntesis y ahora en el periódico digital Malagaldía. Algunos de mis relatos y microrrelatos se han publicado en libros como Las vueltas del aire, Déjame que te cuente, Un grieta en la jaula, La costa quedó atrás, Memoria de la pasada tormenta, Fuego interior, Estampados, cuentos de la crisis y Relatos Voltea, entre otros. Soy autora del libro de microrrelatos La Margarita Dijo Sí y La Vida Es Rosa. Actualmente estoy publicando por capítulos la novela Diario de una mujer cansada en distintos medios vía internet, y participo en el próximo libro de microrrelatos “Desahuciados” que publicará editorial Traspiés. Creo en Dios y en la bondad del ser humano.