CITA CON LA HISTORIA

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La Guerra de las Comunidades o el nacionalismo castellano

Tal día como hoy 3 de febrero de 1522, durante la “guerra de las Comunidades de Castilla”, la ciudad de Toledo se rinde a las tropas de Carlos I.

La llamada “Guerra de la Comunidades” hay que situarla dentro de la situación de vacío de poder en Castilla, que sucede tras la muerte de la reina Isabel “la católica” y las sucesivas regencias, hasta la llegada de su nieto Carlos, en 1519.

Castilla a principios del XVI era una nación próspera, encontrándose a la vanguardia europea en cuanto a cultura y avances tecnológicos, pero con graves tensiones políticas, una nobleza deseosa de volver al sistema feudal del siglo XIV, una monarquía tendente al absolutismo y ciudades que miraban con envidia a las italianas, que eran verdaderas repúblicas independientes.

La Revolución comunera en sus inicios en 1520, fue un movimiento nacionalista de los castellanos contra la pretensión de Carlos I de entregar los puestos clave de la administración a extranjeros, sacar recursos financieros de la corona y cambiar la orientación internacional de Castilla.

Algunos calificaron este movimiento como la primera revolución europea moderna antecesora de la francesa, pero después de la represión, la rebelión comunera se ha interpretado desde diversas posturas, tanto como representantes del pensamiento progresista como del reaccionario.

El 29 de Julio de 1520 se constituye en Ávila la “Santa Junta del Reino” o gobierno revolucionario castellano y en octubre Carlos es coronado Emperador, que con el apoyo de la nobleza, que veía peligrar sus privilegios, declara la guerra a la Junta rebelde y tras una serie de combates el 23 de Abril de 1521, los imperiales dan alcance al ejército comunero cerca de Villalar, entrando en batalla en la que, las bajas imperiales resultaron insignificantes y los comuneros fueron desbaratados.

El 24 de abril, sin proceso alguno, los lideres comuneros, Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, fueron decapitados en Villalar y en menos de un mes, todas las ciudades de Castilla la Vieja se rinden y sólo Madrid, Murcia y Toledo continúan la lucha.

En Junio cae Madrid; Murcia, resistió pero fue tomada por los imperiales y Toledo, liderada por María de Pacheco, fue sitiada rindiéndose a condición de que se respetase su vida y demás implicados, pero en una procesión el 2 de febrero se provoca a varios antiguos comuneros y vuelve la revuelta a la ciudad, tomando el alcázar y liberando a los presos, hasta que el día siguiente los imperiales sofocan definitivamente la nueva rebelión.

María de Pacheco logró escapar hacia Portugal, donde morirá en el exilio diez años después, iniciándose una represión feroz contra los comuneros, con la ejecución de miles de ellos y la persecución de los implicados en anteriores revueltas anti-señoriales, así como los procuradores de “la Santa Junta” y los frailes que elaboraron los documentos del movimiento comunero, siendo confiscados sus bienes y las ciudades que les apoyaron sometidas al pago de enormes sumas como reparaciones de guerra, lo que supuso la ruina de sus actividades industriales

Las Cortes quedarían relegadas a un órgano consultivo que apenas se reunirá y la Inquisición sustituirá a la libertad de pensamiento, por lo que desapareció el régimen representativo de clases medias que los comuneros pretendieron instaurar en Castilla y supuso la falta de libertad para su pueblo y el atraso económico para su tejido productivo.

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