CITA CON LA HISTORIA

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La verdad sobre el primer trasplante de corazón de la historia.

Tal día como hoy 3 de diciembre de 1967, el equipo del cirujano Christiaan Barnard realiza el primer trasplante de corazón de la historia de humano a humano, en la Universidad de Ciudad de El Cabo.

La donante fue una joven oficinista de 25 años que falleció al ser atropellada, junto a su madre y el receptor un comerciante de 56 años desahuciado por un problema cardíaco y diabetes aguda.

La operación fue llevada a cabo por veinte cirujanos a las órdenes de Barnard y duró seis horas. Cuando el paciente se despertó, tanto médico como paciente, se hicieron famosos, pero este último no lo disfrutó mucho tiempo, porque dieciocho días después falleció por una neumonía.

No obstante una noticia no figuró en los diarios, y fue que Hamilton Naki un cirujano negro, fue quien retiró de la donante el corazón para ser trasplantado, pero por ser negro no podía aparecer en el país del apartheid.

Así, mientras el blanco Christian Barnad, se transformó en una celebridad instantánea, Hamilton Naki no podía ni salir en las fotografías del equipo – so pena de cárcel – y cuando apareció en una, por descuido, el hospital informó que era un empleado del servicio de limpieza.

Naki era jardinero en la Escuela de Medicina de la Ciudad del Cabo, jamás estudió medicina y aprendió cirugía mientras veía operaciones de animales, a partir de la simple observación, convirtiéndose en un experto cirujano, a tal punto que Barnard lo requirió para su equipo, aunque sólo era conocido para los que compartían quirófano con él, pues de cara a la ley, era un jardinero.

Como el negro Naki, no podía operar pacientes ni tocar sangre de blancos, Barnard lo transformó en “un cirujano clandestino”.

Pese a que dio clases durante años a estudiantes blancos, ganaba el salario de técnico de laboratorio – el máximo que el hospital podía pagar a un negro – y se retiró con una pensión de jardinero, de 275 dólares al mes.

Después que el apartheid acabó, obtuvo un graduado honorifico en medicina y una condecoración, aunque nunca reclamó por las injusticias que sufrió en su vida.

Cuando surgió la polémica varios ex dirigentes del país negaron el hecho, pero el propio Barnard, antes de su muerte dijo: “Tenía mayor pericia técnica de la que yo tuve nunca. Es uno de los mayores investigadores de todos los tiempos en el campo de los trasplantes, y habría llegado muy lejos si los condicionantes sociales se lo hubieran permitido”.

La letra menuda de la historia, nos trae a menudo sorpresas como esta.

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