Una mirada humanizadora sobre la inmigración es posible… y urgente

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Con el título “La inmigración en los medios de comunicación desde una mirada de paz y no violencia”, Juana Pérez Montero –editora y redactora de Pressenza- ha presentado este viernes la comunicación que reproducimos a continuación. Ha sido dentro del VII Congreso Internacional sobre Inmigración, Interculturalidad y Convivencia, que está teniendo lugar en la ciudad autónoma de Ceuta.

 

Aclararemos un pre-dialogal: no hablaremos como periodistas “objetivos” porque no creemos en ello. Sabemos que eso que nos enseñan en las escuelas de periodismo no existe, no sólo – porque tal vez hayamos de responder a los intereses del medio para el que trabajamos-  sino porque somos sujetos y, por tanto, todo aquello que hagamos, manifestemos, escribamos, etc.… será siempre subjetivo, responderá a una mirada concreta condicionada por creencias, valores, por nuestra situación vital… e incluso por el propio cuerpo.

Aclararemos también que nuestra mirada parte de que el ser humano es un ser histórico e intencional, por tanto transformador de su propio cuerpo, de su paisaje interno y del paisaje humano en el que vive.

Entrando en el tema que nos ocupa -la inmigración- diremos que la palabra inmigración, que la partícula in,  habla de un punto de vista, habla de un “adentro” y, como consecuencia, de un “afuera”. Ello nos pone una condición: hablar del “adentro”, cómo lo vemos desde adentro, cómo lo vivimos desde adentro.

Pero, tal vez, necesitamos elevar la mirada y tener en cuenta el “afuera” para comprender mejor el “adentro” y buscar soluciones que sean positivas para todos, que abran el futuro de todos, si es que buscamos dar respuestas coherentes y definitivas.

No vemos otro modo de afrontar el tema en un mundo globalizado, donde únicamente existen fronteras para las personas, especialmente, para las personas pobres (si bien, cada día son más sectores afectados por una política de fronteras, apoyada en el miedo, la sinrazón y la deshumanización crecientes).

 

Sobre el papel de los medios de comunicación acerca del fenómeno migratorio

En realidad, se trata del mismo papel que cumplen respecto a cualquier otra temática. De un lado, son reflejo del paisaje humano en el que trabajan pero, por otra parte, cumplen con una función de agentes que colaboran con la construcción de lo que llamamos imaginario colectivo, con la construcción del paisaje interno de la gente y del paisaje humano, por tanto.  Asumirlo y responsabilizarnos de ello, es esencial.

Los medios van generando opinión, van construyendo una imagen del “inmigrante.  Y esa imagen hoy, en general es una imagen negativa, estigmatizadora, criminalizadora incluso, potenciando bandos y provocando con ello cada vez más resentimiento y búsqueda de venganza entre los de “dentro” y los de “fuera”.

Hemos llegado a un punto, en el cual a los inmigrantes se les responsabiliza de todos nuestros males, desviando con ello la atención de los verdaderos responsables del desastre en el que vivimos. ¡Qué ilusoria es lo que llamamos realidad!

Concluimos afirmando que, el hecho de que los medios sean agentes en la construcción del imaginario colecto, hace que tengan una responsabilidad enorme respecto a las posiciones que mantienen, en general, y especialmente en el tema de las migraciones, por el momento que nos ha tocado vivir.

 

Miradas sobre la migración

Y a esas posiciones corresponden lo que podemos denominar ciertas miradas. Y ¿Qué miradas observamos? Hay, a nuestro modo de ver, básicamente dos tipos de mirada que corresponden con los valores desde los que se mueve cada medio.

Muchos medios de comunicación, especialmente los grandes, utilizan una mirada deshumanizadora, una mirada que llamaremos “objetal”, una mirada desde la cual las personas migrantes son consideradas como objetos más o menos útiles, igual de desechables que cualquier otro objeto de consumo. Es una mirada que responde al sistema en el que vivimos, cuyo valor supremo es el dinero y al cual le sobran millones de seres humanos, cada vez más, a medida que los avances tecnológicos eliminan empleos. ¡Millones de personas sobrantes “afuera” y “adentro”!

Es una mirada que habla de falta de conexión con lo humano del que habla o escribe, y de lo humano de aquel sobre el que habla; una mirada carente de compasión, es una mirada que cierra el presente y el futuro de unos y otros. Una mirada al servicio de que este sistema inhumano se perpetúe.

Pero hay otra mirada, es una mirada que se ha vuelto urgente. Se trata de una mirada que pone al ser humano como el valor más importante. Una mirada cuya prioridad está en la vida y la libertad de todos y cada uno de los seres humanos. Una mirada que denuncia y repudia la violencia en cualquiera de sus formas (la violencia económica –madre de las violencias-, la física -cuyo exponente mayor son las guerras-, la violencia racial, religiosa, generacional, de género, moral, psicológica…), una mirada que no justifica la violencia ni siquiera legal porque la violencia siempre es ilegítima e inmoral.

Y esta mirada, una mirada que denominaremos de paz y no violencia, nos lleva a denunciar y repudiar las verdaderas causas de los actuales movimientos migratorios. Algunas de las cuales enumeraremos a continuación:

  • Las políticas de los países del norte, servidoras de los grandes intereses económicos del planeta.
  • Las invasiones de terceros países por parte de la OTAN y sus ejércitos para defender esos intereses.
  • La venta de armas a ciertos grupos, generando guerras, cuando no les son entregados los recursos por parte de ciertos gobernantes.
  • La usurpación de los recursos de esos países, llegando a tener el cinismo de declarar a ciertos países enormemente ricos “países sin posibilidad de desarrollo”
  • Las políticas alimentarias y los intereses de las grandes industrias del sector, que tantos cambio climáticos y hambrunas están generando.
  • La miseria y muerte, el dolor y sufrimiento que todo ello provoca en millones de seres humanos.
  • Los modelos como estilo de vida que se exportan desde lo que denominamos el “norte” del planeta, y que solo representan a una minoría.
  • La demonización y criminalización de otras creencias, valores y mitos que no sean los propios.
  • La defensa del individualismo a ultranza, lo que provoca la falta de solidaridad con otros y condena a la soledad a millones de personas que están “adentro”.
  • El triste “papel” del mar Mediterráneo, el cementerio donde los muertos no serán enterrados jamás.
  • El olvido de nuestro pasado reciente e incluso de nuestro presente respecto a las migraciones forzosas, etc.

Pero esta mirada de paz y no violencia implica, sobre todo, poner el acento en lo positivo, en lo que colabora con la vida, en lo que construye o imagina otro mundo en función de las personas.

Esto nos lleva a escribir sobre iniciativas que:

  • Valoran y tratan a cada inmigrante como un ser humano, cuya vida y libertad son sagradas.
  • Reclaman iguales derechos y oportunidades para todos.
  • Siguen diciendo “ningún ser humano es ilegal”, exigiendo el cierre de los CIEs, los CETIS, etc
  • Hablan del derecho a migrar y los beneficios de las migraciones
  • Osan plantear la eliminación de fronteras.
  • Apoyan la retirada inmediata de los ejércitos de territorios ocupados (Palestina, Siria, Yemen…).
  • Luchan por la inclusión en las constituciones nacionales la renuncia a las guerras para resolver conflictos con otros países (como ha hecho Bolivia) .
  • Hablan de que cada día hay más riqueza como consecuencia de los avances tecnológicos. Una riqueza que, por cierto, es de todos.
  • Y que toda esa riqueza, tangible e intangible, distribuida de forma justa hoy permitiría que la humanidad entera pudiera vivir en condiciones dignas.
  • Para lo cual comienzan por pedir una renta básica incondicional y universal,
  • Educan en lo que nos une y no en lo que nos diferencia.
  • En definitiva, de todo aquello que habla de derechos humanos universales (incluidos los llamados emergentes o de cuarta generación).

Y lo hacemos a través de crónicas que cuentan desde pequeños proyectos, incluso personales, pero que resultan profundamente significativos e inspiradores,  hasta proyectos puestos en marcha a nivel planetario o que proponen grandes imágenes trazadoras… Historias e ideas que hablan de otro mundo posible porque, con ello, podemos colaborar a construir un nuevo imaginario colectivo, un nuevo paradigma que ponga a las personas como centro y que abogue por una sola nación humana universal.

 

Estamos en una encrucijada

Vivimos en un momento muy complejo a nivel planetario. En este momento apasionante que podemos definir como de encrucijada vital, nos debatimos como humanidad, como pueblos, a título individual, entre dejarnos llevar por el temor; por el resentimiento por lo vivido o lo escuchado e incorporado como propio; por la venganza (base de la cultura en la que vivimos),   o bien apostar por un nuevo camino: por una cultura de diálogo, de comprensión del fenómeno en su última raíz, buscando la reconciliación personal y social y reivindicando el “tratar a los otros como nos gusta ser tratados”, un principio moral imprescindible si queremos construir verdaderamente una convivencia basada en la interculturalidad.

Y en esta encrucijada,  entre un mundo cada día más violento e inhumano que va al desastre, y la posibilidad de un nuevo mundo de paz y no violencia, cada cual estará eligiendo… y nuestras acciones hablarán de ello.

Desde Pressenza, una agencia de periodistas voluntarios (para no depender de intereses ajenos) hemos optado desde nuestro nacimiento por el segundo camino, o mejor dicho, es porque optamos por el segundo que le encontramos sentido a poner en marcha este medio de comunicación al servicio de la gente, de la base social, de la construcción de un nuevo paradigma a la altura del ser humano.

¡Muchas gracias!.