MÁLAGA quiere decir “LA TIERRA AMOROSA”

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Me es grato poner en vuestro conocimiento que el nombre de MÁLAGA es un acrónimo ibérico que en español significa: LA TIERRA AMOROSA. Me hago cargo de que esta afirmación os deje atónitos, no puede ser de otro modo; pues voy a transmitiros una epistemología que ha estado inédita durante miles de años. Esta novedosa teoría del conocimiento tiene un razonamiento que puedo sustentar empíricamente.

Y es que el vocablo MÁLAGA, se tenga por más cierto, no deriva del fenicio ni tampoco del árabe. Veréis, hay consenso en cuanto a que su nombre fundacional fue MALAKÁ y no obstante lo que no se ha dilucidado con toda certeza es su significado, sin embargo para quien suscribe este artículo es fácil de comprender a ciencia cierta y convencido de que cualquiera que lea griego antiguo también podría consensuarlo, incluso contrastar si bien quisiera, porque la denominación es con garantía un nombre Helénico y que define algo que sencillamente tiene la cualidad de μαλακός, es decir se trata de un adjetivo que nos indica algo que es suave, tierno, incluso amable pero, sólo tal como una madre AMOROSA podría procurar con su cariño y acoger con dulzura. Hoy, y eso es extraordinario, esa denominación de origen parecería el atributo de un territorio que ha subsumido esa misma cualidad en sus viejas cosechas o en la propia crianza de sus uvas asoleadas. En sus vinos. También en sus cultivos con esa virginidad sobrevenida a consecuencia de unas cálidas y afortunadas tierras. Sí, el término μαλακά o Málaga es un calificativo que adopta el rango de nominativo y es que fue usual en la antigüedad que los topónimos tomasen el nombre de su mejor epíteto. Málaga fue para su población inicial LA TIERRA AMOROSA y la cualidad “delicada” quedó implícita en una genealogía que dejó entrever una inédita DELICIA. Sí, literalmente DE LICIA y en la primera ANDA-LYCIA.

Mirad, hace miles de años, y aun lo desconociéramos, los Pueblos del Mar buscaron nuevas latitudes más seguras y prósperas. En nuestro país las encontraron. Fueron sus nuevas tierras durante miles de años y aun lo siguen siendo, de algún modo. Durante sus eternas travesías a nuestras calas y tras su posterior establecimiento como autóctonos en las distintas colonias costeras y a orillas de los ríos darían sendos nombres a poblados, bahías, cabos, ríos, valles y montañas. Más tarde los romanos, los godos y los árabes después modificaron esos nombres por otros. Aun así, los podríamos recuperar, porque la memoria de los pueblos se aferra a su genuina identidad de múltiples maneras. Nos permite, de algún modo, reconocer esos lugares en su origen primigenio. Los íberos y los celtíberos son quienes fundaron nuestras ciudades. Y las cosas no suelen ocurrir por casualidad y en la etimología tampoco. Los pueblos conservan una inusitada memoria. Tal vez y gracias a la tradición oral, los lemas y títulos que conserva la ciudad de Málaga se aproximan muy mucho al motivo de su denominación genuina, tales como son los de la MUY NOBLE, MUY LEAL, MUY HOSPITALARIA, MUY BENÉFICA, incluso la audaz impronta de “bella”. Todos ellos pudieran considerarse apelativos y que son sinónimo actual de una originaria MÁLAGA. Y la conversión de una /MALAKÁ/ a otra versión de /MÁLAGA/ fue perfectamente posible incluso antes de la romanización en la península, ya que la permuta en griego de la /K/ por la /G/ es meramente dialectal.

Veréis, cuando se trata de documentar la historia antigua, y en concreto la del sur de la península, con frecuencia las referencias nos conducen hasta los fenicios y tartesios, incluso a los omeyas que les debemos mucho en patrimonio; sin embargo, a través de mis investigaciones constaté que existe una laguna temporal, donde se obviaron hechos relevantes y se desconocía un periodo anterior lleno de grandes episodios históricos, y conocerlos es fundamental para comprender nuestra historia. La historia de Andalucía. En cualquier caso, puedo determinar con toda seguridad que otros pueblos y que no han estado convenientemente identificados llegaron a nuestra península en la llamada época oscura y que fueron ellos, a su llegada a la península ibérica, quienes la fundaron. Sí, les llamaron los iberos y celtíberos, y eso ya lo sabemos, pero esas denominaciones son genéricas y no aclaran de quienes se trataba. Apenas está documentado en las fuentes latinas, sin embargo está grabado por sus propios protagonistas, quienes lo dejaron por escrito en bronces, placas, monedas y estelas ibéricas. Como quiera qué, quien suscribe este artículo adquiriera los conocimientos necesarios y precisos para leerlas; tras más de 2000 años puede pormenorizar hechos que sucedieron entonces y que lamentablemente no se pudieron explicar con anterioridad. ¿Andalucía? ANTALYA-LYCIA. Los andaluces son LYCIOS, al igual que una buena parte de extremeños, portugueses, castellanos e incluso gallegos, son LUSÍ. Y concretamente los andaluces son ANDA-LUSÍ.

Por Enrique Cabrejas Iñesta 

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Crédito imagen: Wikipedia

 

 

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