Un cercado de silencio en torno a la valla

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Un cuarto de millar de personas ha entrado en la ciudad de Ceuta (España) desde el pasado día de Navidad. La aparición de un cadáver en la playa de Benzú y las denuncias de ONG’s que hablan de la muerte de tres personas en territorio marroquí durante el salto frustrado del pasado lunes no han servido para arrancar una declaración pública de las autoridades. Ni la Delegación del Gobierno ni la Ciudad han hecho valoración alguna sobre estos hechos. 

Por Ceuta Actualidad

La muerte denunciada y no confirmada de tres de las más de 200 personas que el pasado lunes intentaron sin éxito franquear la valla fronteriza en su tramo de Benzú constituye una referencia. El fenómeno de los flujos migratorios mantiene todavía zonas oscuras que las autoridades se muestran reacias a iluminar.

La ONG Caminando Fronteras denunciaba que tres de los migrantes que participaron en el frustrado salto perdieron la vida en el intento. Otras informaciones elevan el número de fallecidos hasta los seis.

Los fallecimientos de estas personas no han merecido ninguna declaración pública de las autoridades. El presidente de la Ciudad, Juan Vivas, no hizo referencia expresa al incidente del lunes ni a los fallecidos aun cuando fue preguntado por los periodistas. La Delegación del Gobierno ha mantenido un estricto silencio. En la representación del Estado en la ciudad aseguran “no tener constancia” de tales fallecimientos.

Hay un fallecimiento que, sin embargo, sí está confirmado. El pasado día 2, el mar devolvía a la playa de Benzú el cadáver de un hombre de raza negra. La autopsia certificó que la data de la muerte era compatible con la hipótesis de que el fallecido fuese uno de los migrantes que intentaron saltar la valla en la madrugada de Navidad. 182 lo consiguieron. La aparición del cuerpo tampoco ha encontrado repercusión alguna entre los representantes de los gobiernos local y central.

La invisibilidad “oficial” de los aspectos más tenebrosos de la inmigración no resiste, como resulta obvio, la evidencia que constituyen los intentos de salto o los desembarcos de migrantes.

En torno a 250 personas han logrado acceder a territorio español desde la masiva llegada del día de Navidad, en el que 182 personas consiguieron eludir la vigilancia policial y franquear la valla de Benzú. Dos expediciones con 26 migrantes a bordos desembarcaban los dos últimos días del año pasado en las playas de Santa Catalina y el Recinto.

El nuevo año recibía el día 2 a otras 12 personas a bordo de una patera que recaló en El Sarchal. Ese mismo día aparecía el cadáver del migrante fallecido en Benzú.

La jornada del día 4 resultó particularmente agitada. El intento de salto masivo que se registró durante la madrugada precedió a la llegada, a lo largo de la jornada, de otras 26 personas que habían zarpado en una patera desde Marruecos.

 

Devoluciones en caliente
En este contexto, las peticiones formuladas desde distintas oenegés y formaciones políticas para esclarecer las muertes acaecidas el día 4 no han tenido eco alguno en los estamentos oficiales. La colaboración que Marruecos presta a España, y por extensión a la Unión Europea, obliga a las autoridades locales y nacionales a mantener una actitud de discreción ante denuncias que ponen en duda el respeto a los derechos humanos en el escenario de la valla, y más allá. Porque las asociaciones humanitarias no tardaron en informar de que, tras el fallido salto, las fuerzas policiales marroquíes comenzaron a practicar detenciones entre los migrantes con el propósito de organizar su traslado masivo hacia el sur.

Además, Caminando Fronteras llegó a señalar la connivencia entre la Gendarmería marroquí y la Guardia Civil para devolver desde territorio español a algunos migrantes que habrían conseguido franquear el cercado fronterizo. La versión oficial ofrecida por la Delegación del Gobierno no reconoce estos incidentes.

 

Solidaridad
Mientras, la llegada de personas sin documentos continúa. A lo largo de 2015, 1.790 migrantes entraron en la ciudad eludiendo la vigilancia policial. Y en la mayoría de estos escenarios se encontraban los voluntarios de la Cruz Roja.

Médicos, enfermeros, conductores, psicólogos, trabajadores sociales, técnicos en emergencias y un largo etcétera de profesionales nutren, hasta alcanzar una cifra cercana a las 140 personas, el voluntariado de la institución humanitaria. “¿Acostumbrarte? No puedes: uno no se acostumbra nunca a la miseria”, confiesa el responsable de comunicación de Cruz Roja-Ceuta, Germinal Castillo.