Jesús busca albergue en nosotros no sólo por Navidad

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Si estamos dispuestos a pensar en el gran acontecimiento que tuvo lugar hace 2000 años en Belén, nuestros días se volverán más soleados y nuestro corazón se conmoverá. Esto no significa que tengamos que volvernos más sentimentales, sino más reflexivos, así conseguiremos que nuestra visión sea más clara, lo que resultará de gran valor para aprender a no aceptar sin más todo lo que nos presentan las iglesias. Esto también nos ayudará a reflexionar sobre nuestra vida, como si celebrásemos la Navidad interna los doce meses del año, recordando una y otra vez que el Niño del pesebre se convirtió en adulto, que Cristo resucitó y nos dejó una maravillosa y valiosa enseñanza para cada uno de nosotros. Jesús, el Cristo, llama una y otra vez a la puerta de nuestro corazón y nos dice según el sentido: “Yo, Jesús, el Resucitado traje a los hombres la enseñanza de los Cielos. Fui crucificado pero resucité y regalé a todas las almas y hombres el destello de la libertad, de la resurrección, una luz en el camino hacia el hogar del Padre. Mi vida como Jesús fue y es el amor del Padre eterno por Sus hijos, pues Yo Soy el camino, la verdad y la vida”.

A pesar de la ridiculización pagana y mundana que se hace cada año de la fiesta navideña, la fuerza de irradiación de Cristo brilla en cada corazón de buena voluntad. Su luz sagrada alcanza a muchas personas en todo el mundo, y por eso muchos van diferenciando y comprendiendo todo cada vez más en su corazón, así se van alejando del barullo callejero, de los villancicos infantiles, de las compras y comilonas. Con ello pueden decir: “Nosotros podemos rezar y comprender lo que aconteció en Belén, nosotros sabemos que María y José fueron y son un símbolo para la humanidad, no solo hace 2000 años sino también en la actualidad”.

Estimado lector, Cristo llama una y otra vez a la puerta del corazón de cada persona, a la puerta de nuestro corazón. No importa dónde nos encontremos, quizás en una habitación acogedora o tal vez junto a una chimenea que nos da calor, o posiblemente estemos de vacaciones. Él llama una y otra vez al corazón de cada uno y nos pregunta: “¿Me dejas entrar? ¿Me ofreces albergue en tu corazón, practicando lo que te enseñé siendo Jesús de Nazaret, las legitimidades del amor, las legitimidades del Cielo, para que conmigo vayas al Padre? Yo Estoy muy cerca de ti hijo mío. ¿Quieres abrirme tu corazón?” Así es como Cristo, el Hijo de Dios, busca albergue en nosotros.

Teresa Antequera Cerverón
Del programa titulado: “Adviento y Navidad 2010”
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