¿A quién adora usted por Navidad a Baal o a Jesús?

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Qué duda cabe que las celebraciones navideñas y todo lo que rodea a la Navidad es en su mayoría de origen pagano, sin embargo en la actualidad han alcanzado una cota exagerada de desenfreno: demasiado ruido, demasiados adornos, demasiados villancicos infantiles, demasiado alcohol, millones de animales muertos para festejar el nacimiento de aquel que nació entre animales, demasiados arbolitos talados para luego ser arrojados a la basura, demasiado derroche y un largo etc. Por supuesto que durante la Navidad podemos encender algunas velas u otro tipo de luces, pues se trata de una oscura época del año, pero no debemos dejarnos engatusar por la magia pagana de las luces de Roma. Pues lo que realmente le importa a la Iglesia vaticana es otra cosa: los dogmas y enseñanzas implacables que por lo general son ocultados a los sencillos creyentes, pero que claramente se pueden leer en los escritos eclesiásticos hasta la fecha de hoy.

En la obra de los autores alemanes Josef Neuner y Heinrich Roos titulada “La fe de la Iglesia en los documentos de la proclamación de la enseñanza”, leemos en el artículo 85 lo siguiente: «El que no acepte toda la tradición de la Iglesia, tanto la escrita como la no escrita, que sea excluido». Según la enseñanza vinculante de la Iglesia, «excluido» significa que tras la muerte uno va a parar al infierno eterno donde estará expuesto a crueles tormentos por toda la eternidad. Esto significa que la Iglesia envía a la condenación eterna a todo aquel que no crea en la enseñanza eclesiástica del nacimiento virginal de Jesús, en la infalibilidad del Papa o en otros dogmas. Pero también a todo aquel que, como acabamos de oír, no crea en la «tradición no escrita», de la que sin duda también forman parte las costumbres navideñas, y que no tienen absolutamente nada que ver con Jesús de Nazaret.

Sabemos que la tradición del árbol navideño no se remonta a Jesús, sino a un culto pagano pre-cristiano como es el caso del culto al dios Baal, quien es considerado en la Biblia como uno de los “falsos dioses”, al que sin embargo adoraron los hebreos en aquellas ocasiones en las que se alejaban de la adoración a Jahvé. Por otro lado vemos que es evidente que con este tipo de tradiciones la Iglesia ha conseguido distraer a los creyentes de las enseñanzas y dogmas que realmente oculta, de modo que los creyentes apenas si saben de los anatemas que actualmente siguen teniendo validez.

Navidad es la época en la conmemoramos el nacimiento de Jesús de Nazaret. Así que en esta época del año podríamos preguntarnos qué significan para nosotros Su nacimiento, Su vida y, sobre todo, Su acto redentor. Si nos consideramos cristianos, podríamos por ejemplo comprobar hasta qué punto vivimos conforme a Su enseñanza. En esta época del año también podríamos darle las gracias de todo corazón a Él, nuestro hermano y Redentor, al Príncipe de la paz, por lo que cargó sobre sí y por lo que con Su vida nos trajo a todos los seres humanos.

Por supuesto que podemos encender alguna que otra vela que nos recuerde la luz interna que arde en todos nosotros. También podemos adornar nuestros hogares sin que para ello se tenga que talar ningún árbol, y tampoco es necesario que tenga que morir ningún animal para nuestra cena festiva. Estas y muchas otras tradiciones proceden del culto al dios Baal y no son cristianas.

Ana Sáez Ramirez
Del programa: “Un árbol muerto en la Plaza de San Pedro”
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