La gran estafa orquestada en torno a María

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El pasado 15 de Agosto los católicos de todo el mundo celebraron el día de la Asunción de María, el día en el que supuestamente María, la madre de Jesús, ascendió en cuerpo y alma a los Cielos. Una festividad considerada como el punto culminante del culto mariano, el cual juega un papel importante en la fe católica durante todo el año, pues en honor a María se llevan a cabo numerosas peregrinaciones, y en su nombre se han erigido miles de catedrales, iglesias y capillas. El diario regional alemán Südkurier calificó incluso a María de ser la «mujer más poderosa de la Tierra».

En cualquier caso, durante los primeros siglos después de Jesús de Nazaret este culto era desconocido. Solo tras algunos concilios posteriores se empezó a hablar de la «Madre de Dios», y poco a poco fue surgiendo el culto mariano. En la actualidad María es la santa más importante de los católicos y ocupa un lugar central en muchas iglesias. Muy significativo y que realza el importante papel que tiene el culto mariano es el hecho de que todavía en la actualidad, es decir aún en el siglo XX, se cimentara con un dogma la creencia de que María ascendió a los Cielos con su cuerpo físico. Muchos católicos desconocen que fue hace 60 años cuando el papa Pío XII anunció este dogma con las siguientes palabras: «Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo».

Todos los Papas posteriores, incluyendo al actual Papa Francisco, han sido y siguen siendo grandes promotores del culto mariano. Sin embargo vale la pena reflexionar sobre cuán cristiano es realmente el culto a María. Pues historiadores y críticos de la Iglesia, como p.ej. Karlheinz Deschner, están convencidos de que el culto mariano fue un invento de la Iglesia de Roma para sustituir el culto ancestral a la diosa madre, siendo uno de los ejemplos más destacados de cuán arraigados siguen aún en nuestros días algunos cultos pre-cristianos. De ahí la pregunta ¿Cómo es posible que en torno a la sencilla persona de María surgiera un culto tan grande en todo el mundo?

A Jesús de Nazaret no se le puede atribuir una adoración especial de Su madre. Todo lo contrario. Él en una ocasión dijo: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? … Quien cumpla la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre». Durante su vida María cumplió la voluntad de Dios, esto fue la base de la unión que Jesús tuvo con María.

Verdaderamente María llevó a cabo una gran obra: dar a luz al Hijo de Dios. Y con humildad y una profunda unión con Dios ayudó al niño Jesús a prepararse para la tarea que habría de cumplir. Pero Jesús nunca se pronunció a favor de un culto a su madre, ni tampoco habló de que su cuerpo fue «engendrado» por El Espíritu Santo y no por su padre José, como tampoco nunca dijo que su madre María hubiese sido concebida a su vez inmaculada, mientras que los demás mortales vienen al mundo supuestamente con la mancha hereditaria del denominado «pecado original». Y jamás enseñó que Su madre fuese la Madre de Dios. Él simplemente habló de Su madre.

El catedrático de estudios religiosos y antiguo decano de la facultad de teología de la Universidad de Viena, Hubertus Mynarek, analizó la idea católica de la «Madre de Dios», y en una entrevista se le pudo escuchar lo siguiente: El Dios eterno no tiene madre, surgió de Sí mismo y no le debe Su existencia a nadie más. Sin embargo de forma dogmática es decir, mediante la proclamación de un dogma, se apostrofa a María como la Madre de Dios. ¡Vamos, que es imposible conseguir un puesto más privilegiado en toda la historia de la humanidad, pero también es imposible llevar a cabo una estafa mayor en torno a esta mujer! Pues a esta humilde israelita se la eleva a diosa de los cielos, a Madre de Dios, algo que esta sencilla mujer con toda seguridad sentiría como un insulto a su persona».

El catedrático Mynarek habla de una estafa en torno a María, que obviamente va tan lejos como para presentarla como supuesta intermediaria ante Dios. Y puesto que como madre amorosa simboliza corazón y comprensión, muchos creyentes esperan que interceda por ellos ante Dios y Le presente sus súplicas.

En vista de todo eso se justifica la pregunta: ¿Qué imagen de Dios es la que tienen los creyentes? Únicamente la impresión inculcada desde la niñez de un Dios iracundo y castigador que condena eternamente a Sus propios hijos y al que se debe aplacar con oraciones y rituales externos.

Naturalmente cada uno es libre de creer lo que quiera. Pero comparemos esta imagen de Dios que nos presenta la Iglesia con lo que enseñó Jesús. Él habló de que nuestro Padre celestial ama infinitamente a cada uno de Sus hijos, que nunca nos castigará, y mucho menos nos condenará eternamente. O sea que no necesitamos intermediarios para hablar con Dios, sino que llenos de confianza podemos dirigirnos directamente a nuestro Padre celestial. Y para ello no necesitamos cultos, ni intermediarios, ni ninguno de los denominados «santos».

Mª José Navarro
Del programa: „El Espiritu libre Dios“
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