¿Qué partes de la Biblia gusta y disgusta a los cazadores?

0

Si hasta la fecha los cazadores habían justificado su mal llamado Hobbie con argumentos hipócritas, o cuanto menos no del todo honestos, ahora algunos de ellos abandonan la maleza protectora tras la que se ocultaban, consistente en manidos argumentos y en recursos obsoletos, para admitir abiertamente y sin excusas ni rodeos que son personas que matan por placer.

Al parecer esto ha dejado de ser oprobioso, ya que por ejemplo se atreven a publicar opiniones valientes como la que publicó la revista alemana de caza Pirsch, donde se lee: ¿Por qué cazamos en realidad? Deberíamos evitar engañarnos a nosotros mismos y a otros sobre los motivos verdaderos de lo que hacemos. Si intentáramos presentarnos como altruistas salvadores de la naturaleza, a quienes el matar animales les resulta profundamente desagradable, pero que asumimos esa carga por amor a la causa, con seguridad que este tiro nos saldría por la culata. De hecho la mayoría de las personas no se creería esto así sin más, y el resto tarde o temprano se daría cuenta. La consecuencia es que los cazadores habrían perdido en este juego también el último resto de simpatía de este grupo de personas. Olviden por lo tanto ambos cuentos: el del “buen protector”, que solamente dispara a animales viejos o enfermos, y el del “gran regulador de la naturaleza”.

Posteriormente otra revista también alemana llamada “Libertad para los animales” publicó un interesante artículo titulado “Cazadores lo admiten: sí, cazar nos causa placer”, en el que entre otras cosas pueden leerse citas de cazadores como por ejemplo las siguientes: “Al abatir al animal los cazadores experimentan un intenso placer, y eso deberían confesarlo”, “Admitimos que nos da alegría cazar la presa”, “Es digno de ser alabado el confesar valientemente que yo mato”.

Evidentemente puede ponerse en duda que citas como las anteriores, sean representativas de la forma de sentir y pensar de todos los cazadores y de su actitud respecto a lo que hacen. De hecho la mayoría de ellos sigue justificando su sangrienta actividad con palabras que se hallan en el Antiguo Testamento y que se atribuyen a Dios como: “Henchid la tierra y sometedla, mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra”. Pero sólo quien no sabe nada o no quiere saber nada sobre la naturaleza del Dios verdadero puede tomar la palabra de la Biblia como pretexto para matar y destruir la vida. Pues si siguiéramos leyendo en la Biblia encontraríamos que en la frase siguiente está escrito: “Dios dijo: Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la faz de la tierra, así como todo árbol que lleva fruto. Todo ello os servirá de alimento”.

Más adelante una nueva contradicción al respecto: “Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que repta por el suelo y a todos los peces del mar. Todos quedan a vuestra disposición. Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Sólo dejareis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre”.

Las contradicciones de la Biblia no tienen fin, se extienden por toda la obra. Pero quien en base a las referidas afirmaciones bíblicas esté a favor de matar animales, porque el catecismo certifica que todas las partes del Antiguo Testamento son la palabra de Dios absoluta, tendría que atenerse también a todas las demás afirmaciones, como por ejemplo: Si alguien maldice a su padre o a su madre debería dársele muerte. El Adultero tendría asimismo la muerte como consecuencia. Quien no santifica el sábado tendría que temer por su vida, o quien tenga un hijo díscolo o borracho puede llevarlo a que lo apedreen hasta morir.

Por lo tanto el cazador que tiene tanto interés en matar animales para cumplir la voluntad de Dios, y que se toma tan en serio algunas palabras de la Biblia, según los ejemplos antes mencionados, debería también actuar consecuentemente en todos los casos, y tomarse el libro entero con la misma seriedad. Sin olvidar que por ejemplo el profeta Isaías dijo: “Quien inmola un toro es como quien abate a un hombre”.

Ana Sáez Ramirez
De la publicación: “La carta de Gabriele para librepensadores”
www.editorialvidauniversal.com