El ser humano puede alterar el campo magnético de la Tierra

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Una tormenta geomagnética es en realidad algo muy sencillo. Sabemos que en ocasiones el sol sufre erupciones que dan lugar a intensos vientos solares que son lanzados al universo, dichas tormentas viajan por el espacio hasta que chocan, por así decirlo, con la magnetosfera de la Tierra, lo que provoca que se tuerza el campo magnético de nuestro planeta, debilitándolo. De esta forma pueden llegar a la superficie de la Tierra partículas electromagnéticas cargadas, sobre todo en las regiones polares, porque allí las líneas de los campos magnéticos se sumergen prácticamente de nuevo en la Tierra. Las tormentas magnéticas por tanto no son otra cosa que una compresión del campo magnético de la Tierra producido por el viento solar.

Y aunque el campo magnético de la Tierra tiene relación con el núcleo de la Tierra, ¿podría el hombre influir o cambiar en base a su comportamiento el campo magnético de la Tierra? Se podría decir que sí, pues se supone que todo el movimiento o traslado de masas de gran tamaño de un lugar a otro del planeta conduce también a la transformación del campo magnético. Por lo que cuando uno se imagina todas las dislocaciones y transportes de masa terrestre que se llevan a cabo en la Tierra, resulta fácil imaginar que con ello el campo magnético de la Tierra habrá tenido que cambiar, ya se trate de minería, de túneles, de los almacenamientos de agua en presas y embalses, de terrenos ganados al mar, de canales, etc.

En un sencillo ejemplo se puede ver muy claramente los efectos que puede tener todo esto: en Alemania, en la cuenca del río Ruhr, hay una zona en la que se extraía carbón en una explotación a cielo abierto. Tras haber agotado los recursos se pensó que, debido a que se trataba de un paraje natural de gran belleza, podría transformarse en un área de descanso. Se organizó todo cuidadosamente para convertirlo en una bonita zona verde, sin embargo después de un tiempo se comprobó que en la zona apenas había animales, que las plantas no crecían como era debido y que muy poca gente quería acudir allí porque no se sentían bien, motivo por el que se empezó a investigar, comprobando que debido a la extracción minera apenas quedaba ya un campo magnético sano, por lo que el cuerpo humano no podía sentirse bien. Éste es un sencillo ejemplo que puede hacernos reflexionar sobre cómo, en base a la actuación humana global, puede estar transformándose la Tierra. No deja de ser un milagro que el campo magnético terrestre esté aún más o menos estable.

Teresa Antequera Cerverón
Del programa: “siembra y cosecha”
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