Coger el Toro por los cuernos

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Permitan les informe que de súbito advertí y comprendí que el término TORO significaba “el perforador” y que no derivaba del latín TAURUS como se tiene por cierto. Se decía que era como llamaban los romanos a este animal, y se ha dicho también que la tauromaquia proviene del griego ταῦρος “tauro” y la μάχομαι “luchar”; y tampoco voy a discutir eso, solo que es la práctica de lidiar toros y que se remonta a la edad de bronce, a la vez que un arte que los celtíberos practicaban, pero es extraño en los hábitos y en la tradición celta ver una lidia de toros ¿no les parece?; fue una pregunta que me hice y a la vez fue lo que me llevó a detectar que las fuentes clásicas latinas cometieron un grave error, pues tras la romanización al reconvertir el grafema “K” en la letra “C” las traducciones se enredaron en un auténtico galimatías. ¡Inaudito! Así pues, me di cuenta de que los celtíberos no fueron Celtici (celtas) sino que eran Çeltikçi (gálatas), las cosas son bien distintas y las consecuencias por todas sus implicaciones muchísimo más, porque fueron ellos quienes trajeron a la península esta costumbre, y por supuesto, no desde el norte europeo sino desde Asia Menor.

Miren, ciertamente la traducción de la palabra española Toro al latín indudablemente será Taurus o mejor Taurum, y que el latín tomó a su vez del griego ταύρο “Tauro”. Sin embargo, el nombre español “TORO” no proviene de taurus ni de Taurum, tampoco del latín y por sorprendente que parezca, siquiera del griego. La escritura helena abarca a muchos y distintos pueblos, cultural y dialectal en común y, entre ellos, por supuesto el propio griego. En nuestro caso, que somos descendientes de ELAZ (Helenos) de Asia Menor y no en cambio de griegos áticos, el nombre TORO en realidad se trata de un acrónimo ibérico, una voz ibérica que lo tomó asimismo de otra raíz pre helena y distinta a la tan conocida ταύ y que también trajeron nuestros antepasados desde la antigua Anatolia. Así pues, averigüemos la procedencia del término y, esta vez, hagámoslo desde su origen y legítima autentica etimología: τόρ(ος) TOR•O.

Fíjense, por favor, ahora será necesario cuestionarse nuevamente de nuestros antiguos iberos y celtiberos ¿Cómo denominaban las cosas? Cuando ellos hablaban, sus palabras no eran únicamente palabras, sino que eran nuestras raíces significadas. TORO deriva de una raíz pre helena para definir la “perforación” que es: τορ “tor”, y aprovecho para dejarla aquí apuntada para que se añada a la larga lista de las otras etimologías: Tornado, torno, tornillo, etc., porque sepan que con la expresión TORO se significa a lo que es “PERFORADOR”, y en otra de sus múltiples acepciones “CLAVADOR”, y que esa es su auténtica etimología, y no la que está presentada hasta hoy como más cierta. Miren, “Toro”, se trata de un nombre singular masculino en su modo vocativo. También como segunda y tercera persona del singular de un verbo que es conjugado aoristo y a la vez como un adjetivo. Es totalmente demostrable todavía en la actualidad, porque ustedes lo podrán verificar si lo desean, también a través del griego jónico como es τόρος “toro” o incluso τορέω “toreo”. Es más, en dialecto ático como τορεύς “toreos”. Además como adjetivo, τορός “toro”, presenta una cualidad, la de quien “perfora”. A la vez, tanto como sustantivo como adjetivo plural en caso nominativo es como en la lengua española denominamos a “LOS TOROS”, y que igualmente es un sustantivo dicho en plural. Así pues, queda demostrado que en el caso de la lengua española, TORO no procede del latín sino de la propia expresión ibérica TORO. Y recibió el nombre de “Toro” y no otro distinto por su inclinación a perforar, clavar, o cornear con sus peculiares y afilados cuernos. Así que como ya habrán podido observar, lo que hemos hecho y literalmente es: “COGER EL TORO POR LOS CUERNOS”.

Toro es exactamente como lo decimos nosotros para referirnos y definir al mamífero rumiante bóvido y que es macho, de cuerpo robusto, con cabeza gruesa provista de dos cuernos, hocico, papada en el pecho y cola con un prominente mechón en el extremo; que se destina al toreo. De él, se aprovechan su carne y también su piel. Apelamos así incluso a quien está fuerte y es muy corpulento: ¡Eres o estás como un Toro! También en nuestra época lo aplicamos al vehículo de una plaza provisto de motor eléctrico y con un par de ganchos en su parte frontal, y que usualmente sirve para transportar mercancías en palés. Por otro lado, el término da la patronímica a la ciudad de Toro que es un municipio español perteneciente a la provincia de Zamora, en la comunidad autónoma de Castilla y León. También es la onomástica para Villatoro en Ávila, VILLA • TORO, etc. Estas poblaciones cuentan con reliquias arqueológicas con sendos monumentales “Toros de piedra”. Nuestros antepasados ibéricos, en ningún caso tenían al toro como un dios en una liturgia religiosa, en el aspecto sagrado ritual de darle culto, más allá de la relación con una bestia que pudiera mostrarse peligrosa si se la molestaba, o dentro del respeto a enfrentarse a un amenazador morlaco en una suerte de lidia de una fiesta muy antigua y tradicional; y que por supuesto, para ellos como para nosotros no era en absoluto desconocida, es más eso no quita y ha de quedar reseñado, que por descontado no tenían al toro como dios, pues obviamente de ser así no lo sacrificarían, otra cosa muy distinta es que no fuera un acto ceremonial en su ejecución, incluso solemne y que lógicamente tenía sus rituales y protocolos propios, que en el fondo no son muy distintos a los nuestros. Y es que hay que literalmente “coger al toro por los cuernos”.

Verán, el 21 de Abril de 2012, ocurrió un hecho sin precedentes en nuestra historia del lenguaje. Descubrí que El Bronce de Luzaga, escrito en íbero septentrional, tenía su origen en una lengua anterior a la griega, concretamente frigia. Una antigua lengua proto-indoeuropea de Asia Menor. Los celtíberos grabaron el texto usando un alfabeto epichorikos, quiere decirse, y en este caso -un alfabeto propio-, y los vocablos guardan perfecto significado con el griego frigio, incluso con el antiguo lidio, jonio, dorio, licio, contenido en las raíces del griego Koiné, que significa “lengua común” o también llamado griego Helenístico. Son ellos mismos, quienes nos confirman al geógrafo Heródoto y yo, asombrado, solo doy testimonio de ello. Me resulta sumamente emocionante, como es natural. Y son ellos, y no otros, quienes nos dicen ser y transcrito al frigio –ΕΛΑΣ… ΚΑΡΥΟ : ΤΕΚΕΣ–. Es decir, “Helenos, Cario de Anatolia”.

¡Impensable!

Lo denominaron el problema insoluble de LAS DOS IBERIAS, pero la cuestión quedó resuelta en el instante que pude leer una pequeña lámina ibérica: “El bronce de Luzaga”. Entonces pude constatar que ¡Sí! Que era cierto. Las dos Iberia estaban relacionadas entre sí, y entre esas dos “Iberia” se fundó Europa. El mundo quedó listo para recibir la llegada de los nuevos y modernos conquistadores.

Texto de Enrique Cabrejas
Crédito imagen: Wikipedia

Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique. HIJOS DE TITANES – EL SECRETO ÍBERO – ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección: Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL 199-2015.