¿Comienza la España del consenso?

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España comienza a girar de la dictadura de las mayorías absolutas y el bipartidismo a la necesidad de llegar a acuerdos y ello pondrá a prueba la capacidad de elevar puntos de vista y buscar lo que une, respetando la diversidad.

Hay varios aspectos a analizar en los resultados de las elecciones municipales y autonómicas que han tenido lugar hoy en España.

El primero es que se han terminado prácticamente las mayorías absolutas y los gobiernos dictadoriales que se han valido de aquéllas.

Llegan a las instituciones nuevas fuerzas, Podemos y Ciudadanos, que vienen con mucha potencia e ilusión, y agrupaciones ciudadanas como Barcelona en Comú, Ahora Madrid, Sí se puede (en multitud de localidades), Ganemos, etc. en las cuales participan diferentes fuerzas políticas y personas particulares. Esta fórmula ha sido clave en el trabajo de acercamiento y de articulación de la base social más activa de todo el estado español.

Los resultados están muy repartidos y ello hace que sea necesario el consenso, que se tengan que trabajar los acuerdos y, ojalá, que esto signifique que en este momento de cambio las miradas sean de alto vuelo y de compromiso con las necesidades de la población, buscando lo que une y respetando la diversidad.

Por otra parte, se ve cómo en las grandes ciudades -en general- se producen antes los cambios y cómo las localidades más pequeñas –con pocas excepciones- el voto es más conservador.

Los grandes referencias son Madrid y Barcelona. En ambas ciudades, son mujeres las que han girado el signo del voto, mujeres comprometidas, valientes y con gran carisma. Son mujeres que han sido votadas por personas de izquierdas y de derechas, mujeres que han generado confianza por su trayectoria y su discurso tranquilo, honesto e ilusionante.

Al Ayuntamiento de Barcelona ha ganado por mayoría Ada Colau, que comenzó a hacerse popular por la denuncia de los desahucios –siendo afectada directamente por ellos- y que se atrevió a decirles a la cara a sus señorías, los bienpensantes diputados del Congreso Nacional, que eran criminales porque estaban jugando con la vida de la gente.

Y en Madrid, la ya jubilada jueza Manuela Carmena ha quedado segunda y ha conseguido el respeto de propios y extraños por su trayectoria de compromiso profundo con la democracia, por su discurso tranquilo y cercano y por bajarse a la calle, no teniendo miedo al encuentro directo con los ciudadanos, a quienes ha escuchado y ha invitado a hacerse responsables de su propio destino.

Tanto en el caso de Colau como de Carmena, han sido votadas por su honestidad por personas de derechas e izquierdas. Se han superado de algún modo los bandos.

Decíamos que pierde la mayoría absoluta, prácticamente en todos los ámbitos, el Partido Popular, hoy en el poder a nivel nacional, lo que puede anunciar una tendencia a la caída del partido de Rajoy, en un año en el que están por llegar las elecciones generales.

Es curioso, en todo caso, como pese a la cantidad de casos de corrupción e imputados en causas judiciales de este partido, todavía hay varios millones de personas que han seguido votándolo. Este fenómeno, que se repite en tantos países, es un tema a estudiar en profundidad.

Pero hay otros grandes perdedores también. Si el Partido Popular ha perdido la mayoría, en el caso del Partido Socialista –con la excepción de Andalucía- se ha producido la debacle. Claro, que también tienen sus casos de corrupción y han tenido mucha responsabilidad en la crisis de este país y en decisiones, como la que les llevó a modificar, con el acuerdo del PP, el artículo 135 de la Constitución Española, por el cual se prioriza devolver la deuda (aunque haya sido contraída por los bancos, por ejemplo) antes que dar respuesta a las necesidades de la población. Es decir, prefirieron beneficiar a las grandes compañías y los bancos a cambio de recortar en sanidad, educación, ayudas a la dependencia, etc. lo que ha llevado a muchas personas a suicidarse o enfermarse y a vivir en la precariedad y la pobreza… Y ahora aquello les está pasando factura.

En cualquier caso, hoy se ha vivido un día emocionante y de renovada ilusión entre millones de personas.

El panorama político de este país está cambiando. Esperemos que sea el comienzo de un gran cambio que traiga la honradez a la política y la capacidad de consenso y que el centro de la misma sean los ciudadanos.