Espectáculo lamentable en el Parlamento andaluz durante la intervención de Teresa Rodríguez

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Parece que entre los requisitos para llegar a diputado no está contemplado el de la educación ni el de la madurez intelectual. Aunque quizá solo sea que al final “decir la verdad es revolucionario”, al menos en cuanto a que se consigue revolucionar a los que vivían muy cómodos con el intercambio de cromos.

Debe haber sido muy molesto para tanto y tanta sinvergüenza que una diputada materialice en el templo de la hipocresía el resultado de sus decisiones. Eso de llevar a un Parlamento personas de carne y hueso, con sus nombres y problemas concretos, mata la cómoda ilusión de convertirlos en cifras y palabras. Hacer pasar la prueba de la mirada, la “verecundia”, a los que viven en un mundo paralelo ajeno a sus decisiones, es una putada muy gorda que debiera convertirse en norma.

Gran planteamiento, mejor exposición, y extraordinario test para tanto vividor y vividora. Muy bien, Teresa.