¡FELIZ NAVIDAD! Dedicado a mis antiguos alumnos del colegio San José de Campillos (Málaga)

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¡ FELIZ NAVIDAD ¡
(Dedicado a mis antiguos alumnos del colegio San José, de Campillos)

Me vais a permitir, como introducción, una pequeña anécdota personal, algo humorística, y que ocurrió, hace más de ochenta años, por estas fiestas.
En mi partida de nacimiento consta la fecha en que nací: 27 de diciembre. Pero según mi madre, q.e.p.d., fue el 25 de diciembre. Me lo repetía, año tras año, recordando los villancicos, las panderetas y zambombas que sonaban más que ninguno de los días de Navidad. Me contaba, con cierta ironía y despecho, que mi padre y los testigos llegaron al Juzgado “ algo” bebidos, consecuencia de las fiestas y del feliz acontecimiento. Y dieron como fecha de mi “ natividad” el mismo día que” pudieron” llegar : el 27 de diciembre, y así quedó en el Registro Civil. Con lo que me “ robaron” el poder presumir de “ mellizo “ del Niño Jesús. Pero me alegro de esa confusión porque ¡ vaya “ mellizo” con lo nada importante de mi vida y pobre ejemplo!135338_182094815146222_5781471_o
Nada importante, como podéis apreciar, ni mi “ natividad” ni las circunstancias de ella. Total, amor de madre, el morapio navideño, “ aquí, los compadres”,” copa, recopa ,,exaltación de la amistad, insulto al clero, desacato a la autoridad “ y…me hubiera gustado saber si terminó la celebración de mi anacrónico nacimiento como esos clásicos grados de la borrachera.
Bueno, si me habéis perdonado el abuso de vuestra paciencia con esta chochez mía, podéis seguir. Porque, lo primero y principal que yo quería, es desearos, como nunca lo he deseado, ¡FELIZ NAVIDAD!.
Me gustaría poder reuniros a todos, absolutamente a todos, los que habéis pasado por mis clases y, ¿por qué no decirlo?, por mi corazón, y daros un enorme, amplio y “ cariñoso” abrazo. Con los miles de recuerdos y anécdotas, unas alegres, otras dolorosas, de esos treinta años que estuve en el colegio.email_1982-1984 177
Viví mi juventud, mi madurez y hasta los sesenta años, junto a vosotros, como vosotros vivisteis vuestra niñez, adolescencia y primera juventud, junto a mí, en ese colegio. Una experiencia única, un aventura inolvidable que nos unió y marcó para toda la vida como una prueba de fuego que aquilató nuestro espíritu con valores humanos y religiosos auténticos, para la lucha y los desafíos que nos acechaban, sobre todo a vosotros, en la sociedad dura y competitiva que vivimos hoy.
Voy a felicitar a las tres clases de alumnos que tuve. En Latín, Filosofía y, sobre todo, en Religión.
1º.- FELIZ NAVIDAD!, desde el sentido cristiano que la justifica y da sentido a la alegría con que se celebra, para aquellos que, a pesar de las pruebas y lucha que supone, hoy, ser cristiano de verdad, habéis conseguido mantener la fe, como católicos” practicantes”. De lo que me alegro infinito, como vuestro profesor que fui de Religión. Doble felicitación.
2º.- FELIZ NAVIDAD!, con no menos deseo, a los que os di otras asignaturas y no sé si teníais o no fe, ni sé, hoy, lo mismo. En el primer caso, os repito lo mismo que a los primeros. En el segundo, os deseo, también desde mi fe y mi afecto cordial, porque no recuerdo, y no miento, de tantos años de clase con ellos, más que respeto, obediencia, afecto y aprovechamiento de las clases. Quizás se me escape alguna rarísima excepción. Os deseo, claro que sí ¡FELIZ NAVIDAD!
3º.- A los que, en el duro camino que os haya tocado vivir, habéis perdido la fe, yo os pido, en nombre del interés y del amor que puse en vuestra enseñanza y educación, que. al menos, no perdáis, por favor, la esperanza, ni dejéis que nada ni nadie os robe la bondad de vuestro corazón ni vuestra buena voluntad con las que podáis celebrar, a vuestro modo, la Navidad, porque para vosotros, especialmente se dijo: “¡Paz a los hombres de buena voluntad ¡”
¡FELIZ NAVIDAD y AÑO NUEVO para vuestra vida, todavía joven, o relativamente joven, con vuestros hijos y familia que habéis formado y a los que me gustaría contarles, personalmente, lo admirables que fuisteis. Os desea este joven de 83 años a quien, en parte, contagiasteis las ilusiones y fuerza de vuestra juventud, al admirar cómo llevabais y superasteis una de las pruebas más exigentes que se le puede pedir a un niño o a un joven.