Vida, muerte y resurrección de la ciudad sepultada por el Vesubio

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Todavía a mediados del siglo XVIII la arqueología no tenía mucha experiencia con trabajos de tal magnitud, y aunque sobre la marcha se cometieron errores fue posible develar gran cantidad de datos sobre la ciudad.

“Contemplar las calles, las casas e incluso a sus habitantes inmortalizados como estatuas de yeso, entrar en sus tabernas y en sus templos, observar sus preferencias políticas escritas en sus paredes o recorrer sus murallas entre otras miles de experiencias (…)”, apunta la autora en la introducción.

Y continúa: “Su descubrimiento ha inspirado a novelistas, poetas, pintores músicos o cineastas, y ha hecho correr no ríos, sino mares de tinta entre especialistas, diletantes y viajeros”.

El libro, publicado por El Ateneo, que incluye fotografías en color, tiene una primera parte “dedicada a la reconstrucción de la historia de la ciudad basándose en el estudio de los datos recuperados por la arqueología”.

Según la historiadora, este itinerario permite realizar “un recorrido diacrónico desde la génesis de Pompeya hasta su desaparición, así como un acercamiento a su vida cotidiana”.

Aunque hay vestigios griegos en sus orígenes en el siglo I d.C. Pompeya era una ciudad romana que basaba buena parte de su economía en la actividad comercial.

“No era una de las ciudades más importantes del imperio, era una ciudad de provincias que se había integrado plenamente como los demás, en el aparato administrativo romano”, resume la historiadora.

Y relata que por los textos literarios y la arqueología se sabe que “en las tierras que rodeaban la ciudad campana (se han detectado más de ciento cuarenta villas rústicas en el entorno y unas cuantas intramuros) se cultivaban cereales, verduras, hortalizas, legumbres, frutas, ajos y cebollas, además de vides y olivos”.

El vino pompeyano era conocido en casi todo el imperio y se convirtió en el producto que más riqueza trajo a la ciudad, distribuido a través del puerto, mientras que otro producto famoso era el garum, una salsa fabricada con vísceras de pescado -la más consumida en la antigua Roma- que se fermentaba en grandes piletas con sal expuestas al sol durante unos dos meses.

Otros negocios lucrativos revelados por los restos arqueológicos fue el ejercido por banqueros y prestamistas, algunos se dedicaban al mercado inmobiliario, en especial al alquiler de apartamentos.

Todas las casas importantes estaban decoradas con mosaicos en el pavimento y frescos en las paredes, que describían en detalle la vida cotidiana de sus habitantes, tanto de los terratenientes o los esclavos.

Un dato curioso es la profusión de imágenes eróticas y figuras de falos a lo largo de la ciudad, donde había prostitución, pero no era tan importante como pensaron al principio los investigadores. 

En el foro había un mercado de abastos adonde los pompeyanos acudían a comprar carne y pescado, aparte de los vendedores ambulantes y los carros que arrastraban pesadas mercancías. Y en las calles había tiendas y talleres, tabernas y bares.

Estos apuntes, desarrollados con minuciosidad por Romero Recio,  ofrecen una visión certera de la ciudad, de cómo eran las casas y cómo vivían sus habitantes, cuáles eran sus dioses, en qué ocupaban sus horas de ocio, y la forma de hacer política en esos tiempos.

La segunda parte del libro está dirigida al impacto que produjo la noticia del descubrimiento de Pompeya en todo el mundo y el aceleramiento “del proceso de formalización de la arqueología como disciplina científica, así como el avance de los estudios sobre el mundo antiguo (especialmente en historia de Roma), pero también fue un revulsivo en otros ámbitos”, señala Romero Recio.

Calificada como ciudad mitificada, ciudad destapada, ciudad muerta, ciudad sepultada, ciudad arruinada, fotografía de la antiguedad, ciudad entregada al sueño, entre otros múltiples calificativos, Pompeya es también la ciudad mítica, creada por la imaginación de aquellos que la visitaron o supieron de su existencia.

“Esa inspiración -considera la autora- ha sido en muchas ocasiones tan profunda que ha traspasado los límites de la realidad y de la propia historia. La Pompeya de la novela de Bulwer-Lytton -que popularizó a la ciudad en el mundo entero- fue muchísimo mejor conocida que la que estudió a fondo un arqueólogo como Fiorelli”.

Mirella Romero Recio es profesora titular de Historia Antigua en la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense, donde se doctoró en 1999, ha ampliado sus estudios en distintos centros de investigación del Reino Unido, Francia e Italia. Es autora del libro “Historias antiguas. Libros sobre la antiguedad en la España del siglo XVIII”.

“Desde que el mundo es mundo siempre ha habido desgracias y catástrofes, pero pocas que hayan cautivado a la humanidad como la sucedida en esa ciudad. No se me ocurre ninguna otra que haya suscitado tanto interés”, escribió Goethe en su “Viaje a Italia”, después de pasar por Pompeya.