El Camino de Santiago, una tradición de origen incierto

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Existe un acontecimiento en la historia de España que ya desde sus comienzos tuvo una gran trascendencia para los fieles católicos de toda Europa. Se trata del Camino de Santiago, el que conduce, desde diferentes puntos de Europa, a la ciudad de Santiago de Compostela, la que junto a Jerusalén y Roma conforman las tres ciudades santas para la cristiandad. Como se lee en alguna de las muchas guías turísticas que invitan a recorrerlo, por él han transitado personas de toda índole y condición: peregrinos de buena fe, condenados por la justicia o la iglesia, juglares, vagabundos, aventureros, prófugos, bandidos y un largo etc… Así de variopinta es esta tradición y así lo son también las circunstancias que dieron lugar a una costumbre que se ha expandido desde España a todo el mundo cristiano.

Millones de peregrinos de toda Europa se ponen en marcha cada año para llegar al lugar donde presuntamente está enterrado el apóstol Santiago. Sin embargo no todo aquel que realiza este viaje lo emprende precisamente con intenciones pías, si no más bien por una indeterminada búsqueda interna, y como no, también porque la ruta implica un desafío de índole deportiva. Sin embargo sea cual sea la motivación que mueve a los peregrinos a emprender este viaje, seguramente se sorprenderán al saber que probablemente no peregrinan al sepulcro en el que yace un discípulo de Jesús, sino más bien posiblemente donde reposan los restos del primer hereje ejecutado por la Iglesia por practicar una fe disidente de los cánones oficiales de la misma.

Estimado lector, no se escandalice, sepa que a lo largo de la historia no es en absoluto extraño que muchas tradiciones religiosas antiguas, fuertemente implantadas, tengan una base histórica de dudosa fiabilidad. Se trata de tradiciones de carácter religioso que la posteridad con el paso del tiempo y una repetitiva e irreflexiva práctica, las ha convertido en lo que son hoy.

El fallecido escritor y periodista Luis Carandell escribió lo siguiente: En el Camino de Santiago la historia se mezcla con la leyenda y en ocasiones no se sabe dónde empieza una y acaba otra. No está demostrado históricamente que Santiago el Mayor hijo del Zebedeo predicara en España, aunque algunas fuentes así lo afirman. La tradición dice que María, la madre de Jesús, quien aún vivía en Nazaret, se le apareció a Santiago dos veces, una en Zaragoza, a orillas del Ebro y sobre un pilar portado por ángeles, y la otra cuando llegó a la playa de Muxía, en la Costa da Morte, navegando en una barca de piedra que aún puede verse varada sobre la arena.

Por su parte el escritor e historiador Fernando Sánchez Dragó, examinó exhaustivamente lo que él llamó “la historia mágica del Camino de Santiago”, e investigó cómo y por qué en la Edad Media y prácticamente de la nada surgió la leyenda de que el apóstol Santiago terminó sus días en España, donde fue enterrado. Sánchez Dragó rememora la leyenda según la cual san Jacobo llegó decapitado y en una barca al norte de España, un detalle en extremo significativo que muestra sorprendentes similitudes con la suerte que corrió otro español, Prisciliano, decapitado en la ciudad alemana de Tréveris en el año 385 debido a sus ideas paganas, quien también fue trasladado con posterioridad en barco hasta España.

Para entender los motivos que motivaron este posible cambio de cuerpos sin cabeza, habría que recordar que Prisciliano, siendo obispo de Ávila, representaba un cristianismo como el de los orígenes, libre de los dogmas de la Iglesia, una institución que se consolidaba con fuerza. Prisciliano enseñaba sobre la posibilidad de encarnar repetidas veces en la Tierra y en diferentes cuerpos, también aconsejaba alimentarse de forma vegetariana y sostenía que el Espíritu de Dios también se encuentra en la naturaleza, lo que hasta el día de hoy la Iglesia rechaza demonizándolo con la definición de panteísmo. Prisciliano fue por tanto el primer hereje ejecutado por la iglesia debido a sus creencias. Con toda razón Sánchez Dragó lanza incluso la pregunta de sí a este honesto místico no se le debería considerar como el español más grande de la historia.

José Vicente Cobo
Del programa: El Camino de Santiago
www.radio-santec.com

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