Cómo combatir la soledad

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Si los chinos están a la vanguardia en múltiples cuestiones, eso no quiere decir que estén inmunizados contra una sensación que cada día provoca más estragos: la soledad; pero a diferencia de la estanflación anímica de Occidente, existen algunas soluciones para la cantidad de solitarios que han producido las grandes ciudades, el hogar uniparental y el individualismo de los maonomics, que alcanza hasta a las mascotas y a los osos en cautiverio.

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Si los chinos están a la vanguardia en múltiples cuestiones, eso no quiere decir que estén inmunizados contra una sensación que cada día provoca más estragos: la soledad; pero a diferencia de la estanflación anímica de Occidente, existen algunas soluciones para la cantidad de solitarios que han producido las grandes ciudades, el hogar uniparental y el individualismo de los maonomics, que alcanza hasta a las mascotas y a los osos en  cautiverio.

El portal británico Metro considera que esa soledad de masa es uno de los precios que China debe pagar para participar de pleno en el turbocapitalismo, esa máquina de triturar los lazos sociales y quebrar las reglas tácitas de convivencia comunitaria en un país que no tiene un ideograma para la palabra yo.

Entre las actividades de socialización promovidas por el gobierno está el paseo de la lechuga: los fines de semana, participan, de a cientos, con una lechuga atada cual un perro, los solitarios que así se dan una excusa para conversar y conocer a otros solitarios, quizá con la esperanza de abandonar esa condición.

La movida, por lo general, es agitada por pospúberes. Lui Ja Chen tiene 17 años. Dice: Siento que puedo transferir mis pensamientos negativos acerca de mí mismo a la lechuga; dar un paseo con ella y regresar a casa sintiéndome mejor acerca de mí mismo. La sombra de la depresión planea como el cuervo de Edgar Allan Poe sobre la sociedad china.

Lin Biao sostiene algo parecido: Si veo a alguien en la misma condición mía, es fácil empezar una conversación. Las lechugas son mejores que los perros ya que no ladran y no empiezan peleas con otras verduras. Ni siquiera necesitan alimentación y no dejan lío en el pavimento.

Pero no son sólo los humanos quienes se ven acechados por el riesgo. En el zoo de Pekín, hace muy pocos días, la compañía de un televisor logró sacar a un oso panda de una depresión grave, que se desató cuando lo separaron de su partenaire. El oso panda es una especie en extinción, mucho más sometida a la sociabilidad humana.

El psiquiatra Wen Chao aclara un poco las cosas: “La idea es simple -dijo. Te sentís tan solitario y simple como una lechuga, entonces comenzás a actuar como una y te haces amigo de ella. Y aceptando esto ya comienza el cambio.