Son los humanos una plaga?

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Ayer escuche en la Televisión la noticia de que ya somos más de siete mil millones de habitantes en este planeta. Sí. Siete mil millones. Una barbaridad. China e India son los países que poseen las tasas más altas de población y el primero de ellos, pretende aumentar su población mediante la reforma de la ley de un hijo por pareja.

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Cuando una especie, sea cual sea, ve aumentada su población, poco a poco va agotando sus recursos, hasta que éstos se agotan y la naturaleza restablece el orden natural de las cosas y de las especies.

¿Acaso no somos nosotros una plaga se decía? ¿No está el planeta superpoblado? ¿Reconocéis que estamos agotando nuestros recursos?

La naturaleza es sabia, y de algún modo, tiene que cambiarnos, nuestra manera de pensar, el capitalismo nos lleva cada vez a más, más consumo, más obsesión por la riqueza, más talas de árboles etc etc…lo que quiero decir es que nosotros somos una especie más de las que habita en este mundo.

Somos demasiados y el planeta no da más de sí. Pese a los avances cosechados en la producción de alimentos, el ritmo de reproducción humana es asombroso.

El periodista estadounidense Alan Weisman está obsesionado con los peligros que comporta la explosión demográfica. En 2011 la población humana ascendía a los 7.000 millones de personas, una cifra que pronto quedará anticuada. De seguir esta progresión, a finales de este siglo la Tierra será un espacio en que se hacinen 10.900 millones de individuos.

No en vano, cada cuatro días el censo mundial crece en un millón de personas. «El 40% de la Tierra se usa para alimentar a solo una especie que está borrando a todas las demás especies», asegura Weisman, que ha recorrido 21 países para escribir su exhaustiva investigación, que lleva por título ‘La cuenta atrás’ (Debate).

En ella, Weisman aboga por la dispensación sin cortapisas de anticonceptivos y el libre acceso de las todas las mujeres de mundo a la escuela. Bastaría con que cada mujer tuviera dos hijos para que se redujera a la mitad la población mundial y el suelo que pisamos no estallase así en mil pedazos. Si no se controla la natalidad, la crisis alimentaria está garantizada.

Para Alan Weisman la humanidad se comporta como una plaga de langostas.

En su último libro se plantea cómo habría que hacer para recuperar el planeta. Y dice que es urgente bajar la cantidad de población.

Su planteo es más radical que el de la película Soy leyenda basada en la novela de ciencia ficción de Richard Matheson, que imagina las peripecias del último ser humano vivo en la tierra. Alan Weisman partió de una pregunta más drástica. ¿Cómo sería el mundo si la humanidad se extinguiera ya mismo, de manera absoluta? El resultado, su libro Un mundo sin nosotros, trepó de manera acelerada en la lista de best sellers en los Estados Unidos el año pasado y ya se tradujo a treinta idiomas.

¿Cuánto durarían, sin el hombre, las ciudades, los puentes, los rascacielos? ¿Volverían los grandes animales prehistóricos, como el mamut o el tigre dientes de sable, a poblar la tierra? ¿Se recuperaría la naturaleza al desaparecer su mayor depredador? Weisman combina escenarios futuros e interrogantes sobre la evolución humana, entrevistas con científicos capaces de recomendar que se almacene el conocimiento en los polos ante la inminente extinción del hombre y viajes a sitios recónditos que son como laboratorios de anticipación.

Reproduzco aquí algunas preguntas que le hicieron:
-Su libro mira a un posible futuro. ¿Estamos cerca de que desaparezca el ser humano?

-Mi escenario es el menos posible. Hay una posibilidad real pero remota de que desaparezcamos la semana próxima. Es tan preocupante lo que está pasando con la ecología que la gente no quiere leerlo. Yo los mato a todos de repente y así acabo con el temor. Pero por la magia de la literatura pueden ver algo de cómo va a ser el futuro.

-¿Cómo se le ocurrió dar vuelta la tradicional pregunta por el medio ambiente?

-La idea surgió de un artículo mío sobre Chernobyl, cinco años después del desastre, donde narraba cómo la naturaleza avanzaba sobre las casas abandonadas, incluso en una zona tan contaminada. La naturaleza puede volver, en el libro quise dejar la imagen de una naturaleza restaurada.

-¿Al desaparecer la humanidad el mundo volvería a ser como en la época prehistórica?

-Sería parecido y distinto, porque ya hemos extinguido algunas especies cuyos genes no van a volver. Pero ha habido varias extinciones en la historia. Hace 250 millones de años se acabó el 95% de las especies del mundo. Hubo una erupción volcánica que duró un millón de años y un asteroide chocó con lo que hoy es la Antártida. Sin embargo, nuevas especies ocuparon los nichos que dejaron libres las antiguas, y llegamos hasta los dinosaurios.

-Usted plantea soluciones drásticas al problema de la destrucción del medio ambiente. Recomienda la política de “un solo hijo” como los chinos. ¿No es polémica su propuesta?

-No. Evito poner soluciones y sugerencias en todo el libro, excepto al final. Enfrento al lector con hecho tras hecho, dejo que saque sus conclusiones. Al final doy un hecho más: que cada cuatro días hay un millón más de personas en la tierra. Y expongo este tema del control de población, que tuve que restringir por cuestiones políticas, por reparos de izquierda y de derecha. La derecha ataca el control de población por razones vinculadas al aborto y la religión. La izquierda, porque los países pobres opinaban que los países ricos trataban de controlarlos a través del control de la natalidad. Estados Unidos hizo muchos experimentos en Puerto Rico, esterilizando a las mujeres, experimentando con medicamentos.

-Entonces está de acuerdo en que es polémica su propuesta.

-Sí, pero esto que comento no está en el libro. Me he entrevistado con cantidades de ecólogos, que saben que en la historia de la biología, cada vez que una especie crece más allá de los recursos de los que depende, cae su población.

-¿Es correcto pensar que la especie humana se comporta como una plaga?

-Posiblemente. Tomemos el ejemplo de una plaga de langostas: llegan a una zona agrícola, acaban con toda la comida y luego se mueren de hambre. Esa es la situación. Tuvimos la sensación, en el siglo XX, de que habíamos superado ese problema, pero lo postergamos. La medicina después de Pasteur hizo sobrevivir gran cantidad de gente. En segundo lugar, supimos cómo cultivar más y se pensó que esto acabaría con el hambre. Pero nuestra población se duplicó y se volvió a duplicar. ¿Cómo expandimos nuestra alimentación? Acabando con el medio ambiente, acabando con los bosques, para sembrar. Funcionó, pero terminamos con el habitat que necesitan muchos animales de los que dependemos. Y hemos forzado la tierra químicamente. Estamos llegando hasta el límite.

-¿Hay una salida?

-Siempre encuentro gente imaginativa, gente creativa que no quiere dejar que muramos todos. Si todos intentaran, como intentaron los chinos, tener un hijo por familia volveríamos en un siglo a la población del siglo XIX. Eso dejaría espacio para otras especies. Y va a pasar porque o nos controlamos nosotros o la naturaleza nos va a controlar de manera terrible.