El latido de la vida, por Eugenia Carrión

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La reciente aprobación del Anteproyecto de ley del aborto ha suscitado muchas críticas. La futura “Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada” despenaliza el aborto en dos supuestos, si hay riesgo para la vida de la mujer o grave perjuicio para su salud física o psíquica, y si el embarazo se produce como consecuencia de una violación. El caso de anomalía fetal se incluye como posible causa de aborto solo si entraña grave peligro para la salud psíquica de la mujer. El comportamiento de ella no se enjuiciará en ningún caso, aunque sí la de los médicos que se lo practiquen. Para los que defienden el aborto, supone un retroceso en los derechos de la mujer para interrumpir un embarazo que no desea, con respecto a la ley de 5 de julio de 2010 que aprobó el aborto libre en las primeras 14 semanas de gestación, y para los que defienden el derecho a nacer del concebido tampoco es aceptable porque demandan mayor protección del nasciturus. Los primeros opinan que el embrión se gesta en el seno de la mujer, que es la única que puede decidir sobre su cuerpo y piensan que obligarla a tener un hijo que no desea va en contra de los principios más elementales de su libertad. Los que están en contra del aborto aducen que desde la concepción se desarrolla una vida humana y aunque dependa de la mujer para alimentarse y madurar, tiene derecho a ser protegida, más aún por tratarse de un ser que no puede defenderse a sí mismo. Existe una colisión de derechos y una cuestión ética que enfrenta a la opinión pública. Algunos señalan que lo crucial es dilucidar en qué instante comienza a ser un ser humano y si se considerara antes de nacer, en qué mes, semana o día podría fijarse que comienza a ser sujeto de derechos, o si lo es ya desde el mismo momento de su concepción como reconoce el Código Civil al hijo que nace tras la muerte de su padre respetando su derecho a la herencia. El aborto por sí mismo no es un bien deseado por nadie que tenga los mínimos principios éticos, pero en ciertos casos se elige por considerarse un mal menor. Hasta qué punto es comprensible y excusable depende de lo que consideremos que prevalece, si el valor de la vida del concebido o el derecho de la mujer a decidir su maternidad. Comprendo a las que en otras circunstancias habrían sido madres felices, y me consta de muchas para las que fue muy doloroso decidir que el aborto era la mejor solución, que fueron verdaderas situaciones de pesadilla. Estando embarazada de unos tres meses me infecté de un virus parecido a la varicela, el médico que me atendió en Urgencias me dijo que era muy probable que afectara al embrión causándole atrofia de las extremidades, anomalías en la piel, ceguera y otras malformaciones como en la rubeola, y me aconsejó que abortar era la mejor opción. Mis ilusiones se desvanecieron en un instante, si ya de por sí es complicado vivir estando sano, un niño con minusvalías lo iba a tener todavía más difícil, más sufrimiento añadido. Días más tarde mi ginecólogo me informó que para conocer el estado del feto tendría que practicar una amniocentesis, y añadió: “Pero ¿tú abortarías? Porque esta prueba entraña ciertos riesgos”. Por mis convicciones religiosas creo que la vida es sagrada y merece el máximo respeto, y apenas unos minutos antes había escuchado su corazón latir con fuerza como gritando por sobrevivir, y contesté que no. Comprendo a las mujeres que han pasado por esta u otras circunstancias tan difíciles, pero cuando veo a mi segunda hija tan llena de vida siento la certeza de que tomé la mejor de las decisiones.
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Nací en Málaga el 27 de enero de 1965, tengo tres hijos y trabajo como profesora de Religión en el colegio Novaschool Añoreta en rincón de la Victoria, Málaga. Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Religiosas. Participo en el periódico Paréntesis y ahora en el periódico digital Malagaldía. Algunos de mis relatos y microrrelatos se han publicado en libros como Las vueltas del aire, Déjame que te cuente, Un grieta en la jaula, La costa quedó atrás, Memoria de la pasada tormenta, Fuego interior, Estampados, cuentos de la crisis y Relatos Voltea, entre otros. Soy autora del libro de microrrelatos La Margarita Dijo Sí y La Vida Es Rosa. Actualmente estoy publicando por capítulos la novela Diario de una mujer cansada en distintos medios vía internet, y participo en el próximo libro de microrrelatos “Desahuciados” que publicará editorial Traspiés. Creo en Dios y en la bondad del ser humano.