¿Los toros sufrirán menos si las corridas son de interés cultural?

0

La Iniciativa Legislativa Popular (ILP), acudió al Congreso con 650.000 firmas con las que intentarán avalar las corridas de toros como bien de interés cultural. El Partido Popular, un partido de corte católico-cristiano, intentará por todos los medios sacar adelante su propuesta a favor de la barbarie, pero en contra de la vida animal, en contra de la cultura en el más amplio sentido de la palabra y en contra de un sentir popular en todo el territorio español, que supera con creces la cifra de firmas recogidas.

 

Lo cierto es que no se sabe con seguridad si se trata de una leyenda del catolicismo o una simple creencia popular, la que afirma que los animales no pueden pensar, por lo tanto no tienen alma. Su falta de raciocinio, tal como afirmó el doctor de la Iglesia san Agustín, lo destina para ser animal de matanza supeditado a nuestro provecho, lo que ha desembocado en que la Tierra se haya convertido en un autentico matadero.

La postura intelectual de san Agustín, venerado como doctor y santo, marcó el llamado occidente cristiano y condenó a los animales a una vida llena de dolor, sufrimiento y muerte, puesto que el animal desprovisto ya de alma, quedaba sin compasión alguna a merced del hombre. Pero miles de millones de animales víctimas de tortura, denuncian y acusan a la institución Iglesia y a sus padres y doctores, de ser los responsables de su miseria. De hecho la enseñanza de “san” Agustín nada tiene que ver ni con Cristo ni con el cristianismo, pues desde hace más de 3000 años Dios dio a través de Moisés, el Mandamiento “No matarás”, con el que toda opinión posterior queda desbaratada y sin argumento.

A pesar de ello, tan sólo en nuestro país, no solo son sacrificados millones de animales a diario para servir de alimento al insaciable ser humano, sino que destinamos buen número de ellos a servir de entretenimiento en nuestras fiestas populares. Una diversión, claro está, para aquellas personas que han perdido la capacidad de sentir el dolor ajeno, pero que supone un infierno para aquel que ha de ser lanceado, acribillado, desangrado y torturado delante de miles de personas que le verán morir.

Una mirada al mundo, con sus crecientes catástrofes, que adquieren dimensiones cada vez mayores, nos demuestra que nosotros, la humanidad, los reyes de la cadena alimenticia efectivamente lo hemos hecho todo mal en el trato con la naturaleza y con nuestras criaturas hermanas. La factura de la naturaleza ya nos ha sido presentada y el recibo va llegando aquí y allá. Sin embargo allí donde la naturaleza exige pagos por las deudas acumuladas, se escucha siempre la llamada: ¿Por qué permite Dios algo así? Pero Dios no deja que sus hijos se deslicen sin más hacia las dificultades creadas por ellos mismos. Por los actos en contra de la ley de la vida, los seres humanos se han ido apartando cada vez más de El, que es quien puede guiar a través de la conciencia y de finas sensaciones a Sus hijos humanos. Pero aunque no pueda alcanzar a cada uno, dado que las personas han acallado y matado su conciencia, Él no permite que Sus hijos humanos sucumban sin avisos ni advertencias ante el efecto de la ley de Siembra y cosecha. Una misericordia que apenas podemos entender.

La mayoría de personas que defienden los festejos taurinos se consideran cristianos, pero ignoran la ley de causa y efecto, también lo qué dijo Jesús de Nazaret, el más grande pacifista de la historia de la humanidad: «Lo que hagáis a la más pequeña de mis criaturas eso me hacéis a Mí». (Mateo 25, 40)

Vida Universal
www.vida-universal.es