Tocar

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Sus brazos se alargaban con ansiedad, las palmas de las manos mirando al cielo. La soledad era tan inmensa, que no parecía existir nada más. En la niebla fría y densa sólo veía sombras y oía voces. Flotaba en un mundo gris y triste.

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De pronto un pincel pintó un sol en el cielo. Sus rayos se desparramaron por todo el paisaje y la luz inundó aquel universo. Un suspiro le hizo recobrar el aliento. Sintió como la vida volvía a su cuerpo y sus pulmones se llenaban de aire. El calor volvió a su corazón y una sonrisa se dibujó en sus labios. Se despertó al sentir una mano acariciar su espalda.

 ¿Imaginas un mundo en el que estuviera prohibido tocarse? Nuestra piel está llena de pequeñas terminaciones nerviosas, ansiosas de recibir estímulos. La brisa del mar en un día de verano nos proporciona mucho placer. Pero es mayor el sentimiento de alivio cuando en un momento triste de tu vida un amigo apoya su mano en tu hombro.

 Nuestro organismo responde al tacto de forma inmediata produciendo hormonas beneficiosas para nuestro organismo.

El instinto de los seres vivos nos hace reaccionar llevando las manos a la parte de nuestro cuerpo dolorida. Sin pensar, frotamos la piel tras un golpe, un pinchazo o cualquier estímulo doloroso o molesto. El masaje calma el dolor y también tonifica. Un ejemplo de tonificación lo tenemos cuando se nos duerme un brazo o una pierna y lo frotamos con fuerza para hacer que la sangre circule. Los animales lamen la zona dolorida con su lengua, ya que ellos no utilizan sus manos de la misma forma que nosotros.

 El bebé necesita el contacto físico con su madre para crecer sano. Abrazar a los hijos y enseñarles a ser cariñosos les aporta seguridad y autoestima.

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 Los animales de compañía realizan una terapia importante cuando juegan con los niños, o simplemente se tumban sobre los pies o junto al cuerpo de cualquier persona, mucho más si es alguien que sufre de soledad.

 ¿Imaginas un mundo en el que estuviera prohibido tocarse? Nuestra educación, durante años, nos ha enseñado a protegernos del contacto de otros seres humanos. Nos ha  impuesto un límite para tocar.

 Pero todos los animales, incluido el ser humano, saben por propio instinto, dónde están los límites en cualquier relación. Mis dos gatos se miran y rodean el espacio el uno del otro, para no invadirlo. Y juegan y se abrazan y acarician cuando los dos lo desean, sin haber sido entrenados para ello.

 Aquel hombre volvió a sumergirse en el sueño y de nuevo sintió el frío de la soledad. Se sentía débil, asustado… Decidió dar un paso más allá de los límites impuestos por los controladores del mundo, que no querían que los hombres descubrieran sus poderes naturales. Flotando en la nada, estiró de nuevo sus brazos con ansiedad, pero esta vez intentando utilizar sus manos para agarrarse a algo que le salvara de esa confusión. Decidió traspasar unas barreras ajenas a su naturaleza, que siempre habían estado allí, rodeando su espacio.

 El descubrimiento de otros seres como él, que también luchaban por sobrevivir le hizo comprender que no había razón para estar solo.

 Primero se unieron las manos, después un abrazo le recordó que había nacido para amar. Ya nunca volvería a sentirse solo, ni débil, ni asustado, porque era poseedor del gran secreto.

 Paloma del Amo

Terapeuta en The-AtriuM

Centro Cultural y de Bienestar